46 IZQUIERDA IZQUIERDA BIBLIOGRAFIA o mujeres. LOS BESTIAS. por Abel Rodríguez Conoce bien la arquitectura del cuento. Los asuntos que trata son temas de bajo fon.
y apasionado. Nunca es falso ni retorcido.
dos. Los hombres que pinta son, como el titulo de la obra lo anticipa, bestias. Bestias de carga o de alquiler. Varones o con pelos largos o con pelos cortos, pero siempre bestias. Aunque está enterado de las tífica. El hecho de haber palpado las injus.
pon.
ticias sociales no nos autoriza, claro está, a ser injustos. nos autoriza los demás como ellos anticipadamente nos Deiza a perseguir persiguieron a nosotros. Sostenemos que las consecuencias de una obra de imaginación no las debe sacar el autor, sino el lector.
Más efectiva que la indignacion del nove.
lista es la indignación del que lee la no vela Digamos, en resumen, que con este pris mer libro Abel Rodríguez se incorpora de una manera definitiva a nuestra flamante república de las letras. VERSOS DE UNA.
Clara Beter por Un médico argentino decia que había dos clases de enfermedades. Las que se curan y las que no se curan. Las que se curan: se curan solas. las que no se curan: no las cura nadie. Algo parecido ocurre en la literatura. Eso que se llama encontrarse y que es la piedra de toque de todos los valores intelectuales, ofrece, para nosotros las mismas alternativas de la enfermedad.
El que tiene que encontrarse: se encuen tra solo. el que no: no lo encuentra nadie. Se pierde por cuenta propia. La crítica, muchas veces, se empeña en corregir defectos que por lo común o son defectos que el propio autor corrige a través del tiempo o son defectos de nacimiento contra los cuales se estrellan todos los conº sejos. Casi, casi, antes de empezar a tra hajar, estamos por confesar la inutilidad de nuestro trabajo. Porque los consejos que se le pueden dar a un autor, para que le hagan provecho, es menester que el autor se haile en condiciones de recibirlos. sabemos por experiencia que el hombre se haHa en condiciones de recibir consejos, recién, a una edad en que ya no los necesita. Hemos dicho que la experiencia es un fenómeno exclusivamente personal. que la experiencia de los otros es de los otros y solamente a ellos aprovecha. Señalar el error después que se ha cometido, más que función crítica, es una función policial. El que se equivoca, no se equivoca por amor a la mentira, sino porque desconoce la ver dad. El conocimiento de sí mismo no es una operación del prójimo. Nadie sabe lo que pasa en el fondo de cada uno, y si el interesado no trata de despejar el caos, la incógnita permanecerá indefinidamente en las tinieblas. La tarea de encontrarse a si mismo es la más terrible de todas las operaciones.
La crítica debía ser naturalmente preventiva. El autor ganaría más si sometiera su libro a la crítica, antes, que después de imprimirlo. Lo debía leer en público, co mo hacía Tolstoi, en diferentes agrupaciones, de distintas culturas. Tolstoi leia sus novelas del campo a los campesinos y atendía seriamente las objeciones que se le ha.
cian. Pero ya estamos entrando en el terreno de los consejos.
Digamos unas cuantas palabras sobre el libro de Abel Rodríguez. No vamos nosotros a criticarlo. Es un libro bueno. Más bueno todavia, por ser el primero. Se ve que el autor ha luchado durante mucho tiempo consigo mismo antes de parirlo. Probablemente, hizo lo que nosotros apuntamos como excelente medida: lo leyó aquí y allí, corrigió, 1o volvió a leer y lo volvió a cowo Tregir, hasta darle una forma correcta. No tiene, entonces, los defectos comunes a todos los libros primerizos. Generalmente, el de la palabra mama o papa que promuncian al abrir la boca todos los niños.
Este singular vagido, aunque no pasa nunca de ser un gritito. produce, no obstante, un gran alboroto dentro del hogar, y se se le festeja siempre como si fuera un acontecimiento digno de figurar en la his.
toria. Pero, la verdad es que el aconteci.
miento es tan sólo un acontecimiento de familia. Tratándose de un libro: un acontecimiento en la capilla literaria a la cual pertenece el infante. En el primer libro se nota siempre más afán de publicarlo que de producirlo. Por eso, a menudo, aparece precedido con tin retratito vel héroe) o con una prolongancia. donde se relatan las Lazañas del desfacedor de entuertos y desaguisados.
Pero esto no reza, sin duda, para el li bro de Abel Rodriguez. Se advierte que es.
te muchacho estuvo durante mucho tiempo afinando su instrumento antes de ponerse a tocar la primera pieza. No incurrió, entonces, en las aberraciones inherentes a los primeros partos del espíritu. Suponemos que Abel Rodriguez cuenta ya con más de trein ta años. Porque difícilmente, antes de esta edad, puede hacerse cerse nada sólido y orgánico, aunque se registren algunos casos que demuestren lo contrario. Por un Dostoyewski que viola la regla, hay cien Gorki que la confirman. Creemos sinceramente que un autor no debía publicar ningun libro hasta que no cumpliese la mayoría de edad intelectual. sea: los treinta años. Entretanto, se le podría someter a una especie de conscripción en los diarios vespertinos, primero: después, en los diarios matutinos.
El periodismo es la escuela preparatoria de la literatura. Pero, ofrece el peligro de que si no se sale a a tiempo, allí se queda.
LO que es un bien como principio resulta un mal como sistema. El periodismo disciplina a los que recién empiezan, pero a los que acaban los embrutece. Quizá Abel Rodriguez hizo iya la conscripción en algún diario. Y, probablemente, se encuentra ahora en edad de abandonarlo.
Su estilo es limpio y lleno. Por momentos, crudo y valiente. Por momentos, elegante Pensábamos dedicarle un capítulo especial a este libro de versos que firma una prostituta. Pero, circunstancialmente, nos hemos enterado que Clara Beter no es una mujer, sino un varón. La presunta autora que según nos informan mantuvo magistralmente el anónimo hasta la fecha, burlando la buena fe de todas las personas que intervinieron para que su libro se publicara, en euanto se abrió el concurso municipal (primer premio: 000 pesos; segundo 000; tercer premio: 000) rompió la linea de su conducta espiritual y se presentó al certamen con el nombre de un varón, que, probablemente, tampoco ese es el suyo. De cualquier manera que sea, lamentamos que la prostituta haya resultado, al fin, un prostituto.
que piensa con serenidad. La sencillez y naturalidad. Discrepamos con toda esa il lange de jóvenes desorbitados que empieau palabras abstrusas, vulgarmente llamadas palabras sifiliticas. que se crean un léxico embrollado, recargado de esdrújulas y sobreesdrújulas, especie de alambrado de púas donde se ensarta la ino inocencia de los cerebros equilibrados. También discrepamos con esa adjetivación viciosa y cálida que se reparte a la marchanta sobre las cosas y los sujetos sin hallar nunca la calificación ade.
cuada.
Digamos que si un un autor analizara palabra por palabra, todas las palabras que escribe, no escribiría tantas palabras. Ordinariamente, el autor se atiene mas al ruido del término que al significado. Se confunde música con literatura. Nosotros creemos que el que tiene algo que decir lo dice con claridad primero. Después, con la menor cantidad de palabras y con los tér.
minos más usuales y precis del idiom Se nos asegura que de las cuarenta mil palabras del idioma, treinta mil no se usan. se nos asegura, también, que hay muchos escritores que eliminan las diez mil que se usan y escriben con las restantes. El idioma, que es una cosa viva, pasa a ser, de esta manera, una cosa muerta.
El estilo de Cendoya tiene las caracteristicas que a nosotros tanto nos agradan. No es, sin embargo, un estilo limplo como el de Abel Rodríguez. Cendoya todavia necesita despojarse de cierto lastre de adjetivos innecesarios, tributo que hemos rendido to dos a la literatura declamatoria de la generación pretérita, con la cual amasamos los de de ahora nuestras primeras aspiraciones.
Sospechamos que esto lo conseguirá ácilmente, merced a que ya consiguió bastante por ser Desventurados su prinier libro.
No le vamos a aconsejar nada por las razones que apuntamos más arriba. Ade más, se nos ocurre que Cendoya no está en edad de ser aconsejado, ni tampoco nosotros hemos llegado todavía a la edad de dar consejos. La experiencia la suya y no la nuestra le indicará todo lo que nosotros ahora nos guardamos en el tintero.
El que trabaja infatigablemente y administra bien su tiempo, tarde o temprano consigue lo que se propone.
Otra cosa que merece señalarse en el libro de Cendoya es la orientación, cosa que omitimos al ocuparnos rnos del libro de Rodri guez. Por lo regular, los escritores primi ecen de orientación literaria. Me paros carecen jor dicho: de tem temperamento. Porque la falantonio responde siempre a la falta de temperamento rencia de instinto literario. La desorienta ción revela comúnmente una vocación fallida. Esos que empiezan a errar por todos los campos de la literatura terminan por ha.
cerse un ovillo estético en la cabeza, en el to premio. DESVENTURADOS. por Cendoya Juan Cendoya es un muchacho humil.
de. Posee, por lo menos, la sencillez de las personas humildes. Su voz es un poco apagada, pero está llena de mansedumbre y de ternura. Lo más sobresaliente de su libro es la emoción. veces, el llanto. Su estilo es un estilo primitivo. No ofrece las complicaciones horrorosas de los narradores modernos.
Nosotros amamos la sencillez. Creemos que es la virtud cardinal de todo hombre ta de orientaciómento artistico. a la ca