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POR MARIA wu ss. En la plazoleta de la hacienda varios peones sentados sobre el duro suelo terroso tomaban un poco de fresco. Más lejos, doña Baltasara, una india vieja. rodeada de otros trabajadores cholos.
delgados y rennegridos. freia picarones en un gran perol de cobre. La pasta se inilaba con un leve ruido sonoro borz, borz, borz que repercutia extrañamente en la placidez de la noche.
La vieja acabó de freir toda una perolada. Avidamente los peones extendían las manos y unas cuantas monedas.
tita como le decían todos los servia calmosamente, con toda la calma de sus sesenta años, virtiendo sobre los dorados globos un poco de miel de caña. Los cholos comían contentos, olvidados de todos los sinsabores del día, de la rudeza de su vida, del trabajo que los esperaba. el día siguiente, a la madrugada. Doña Baltita, dijo uno de ellos. qué ha oído Ud. decir del regreso del señor don Felipe. El regreso del niño Felipe? Pronto se viene; a estas horas ya debe haber salido de las Europas. Usted estará bien contenta. verdad. misia Baltita. Cómo no voy a estar contenta. Si el niño Felipe es corno mi hijo! Yo lo he criado; él ha secado estos pechos. La voz: de la india temblaba de emoción y con el dorso de la mano se secó lºs ojos.
Sacudiendo la cabeza observó otro cholo. Seguramente que el señor don Felipe será mejor patrón que sus hermanos don Carlos y don Alfonso. Mejor patrón! No hay patrón bueno; ninguno tiene conSideración con el trabajo del pobre. Uno trabaja para que ellos lmgorden y se diviertan. Ya ven a don Felipe; tantos años ausente paseando y gozando.
Doña Baltita miró, indignada, al que asi hablaba un mestizo flaco de mirada triste y con un gesto de amargura en la boca. Cállese hombre! Los patrones nunca son malos; son los que nos dan nuestro pan. toda el alma sumisa y humilde de la vieja vibraba en sus Dllnbras. El hombre no contestó; se encogió de hombros. La Baltasarn siguió echando. la, paila la liquida masa amarilla.
Ahora los hombres hablaban, entre ellos, del regreso de aquel qUe la anciana llamaba el niño Felipe. Sus comentarios se des envolvíau sin acritud, pero también sin benevolencia. Y, riendo, dijo uno de ellos. Cuando llegue don Felipe se encontrará conque la señorita Isabel está apalabrada con el señor don Carlos. Doña Bal. La Baltasara volvió a su cuarto ubicado. no en la rancheria de los peones sino en la casa habitación de la hacienda. Cuarto pequeño de mujer con ciertos hábitos de orden y de limpieza; doña Baltita había adquirido estos hábitos en los treinta y cinco años de servicio prestados a los dueños de El Naranjal. la cabecera de la cama junto con las imágenes de San José, de la Dolorosa y del Señor de la Caña, había el retrato de un jox en. rostro inteligente y simpático; el retrato de ese Felipe, que ella había nutrido con su leche.
La Ba tita, después de rezar sus oraciones, miró largamente esa fotografia. en el corazón de la vieja se agolparon los recuerdas; se vió joven y robusta, con el chiquillo prendido de su dulce y tibio licor. Después el mismo chiquillo queriendo caminar y ella vigilando y cuidando sus primeros pasos. Toda su vida es taba dedicada a ese niño. su propio hijo lo criaba una hermana ahora un hombre de treinta y dos años. Felipe llegará muy pronto! La Baltita sintió el alma inun dada de alegria. Juntando las manos, murmuró con ingenuo fer vor, ante la imagen del Señor de la Caña. Giacias, Taitita, que me dejas Ver a mi hijo, antes de morir; Felipe Morales regresaba a su tierra después de una ausencia de diez años. poco de muerto su padre. propietario de El Naranjal. donde había hecho una regular fortuna, sembrando arroz y caña de azúcar Felipe se habia ido a Europa. Al frente de la hacienda. llamada El Naranjal por su inmensa huerta llena de naranjos. quedaron sus hermanos Carlos y Alfonso, mo.
zos trabajadores, tesoneros y deseosos de aumentar aún más la herencia paterna. Felipe como mucho de los jóvenes peruanos estaba poseído del mal de Europa. Un poco literato, otro tanto dibujante, sentía la atracción de París, donde triunfar decia in genuamente. el mozo se marchó a París con unos cuantos dibujos inspirados por las revistas europeas, unos cuantos poemas. la manera de Reverdy y de Guillaume Apollinaire, muchas ilusiones y muy buen dinero peruano que, claro, lo hizo triunfar inme diatamente. Per o Morales que era inteligente eso de los versos y de los dibujos eran fantasías de juventud. advirtió la sonrisa burlona que se escondía tras de los aplausos prodigados. su arte.
Tuvo el tino de retirarse a tiempo. Ya no se le vió más por los cafés de Montparnasse, ni en los talleres de los rlpina. Se puso a viajar; conoció, Italia, España, Alemania, Austria e Inglaterra. f. W;RR u ak ow ms. vrr »Qu seno, bebiendo a largos tragos que lo atoraban un poco el mM mx laka