. i i p escalera. no bbstonie su aspecto insoportablemente triste produce hasta ahora en el autor un estado de ánimo de se rena contemplación. Boris Ivanovich, cada vez que ponía el pie sobre la escalinata, escupía con repugnancia a un lado y meneaba la cabeza mirando la grada rota ytorcida. Quince años antes Boris Ivanovic Kota eyev había puesto por primera vez el pie! en esta escalera y por pri mera vez había traspasado el umbral de esta casa donde había encontrado su suerte. Se había casado con el ama de casa. Lucheria Petrovna Bloquiaa. Se había convertido en el patrón absoluto de toda la propiedad La rueda, el pese bre, el rastrillo yla piedra, todo se había convertido en su. propiedad impresc iptible. Luc teria Petrovna habia mirada con una sonrisa inquieta co rno Boris Ivanovic habia deveni do amo de todo. Yen los momentos de mal iu nor, no se olwdaba jamás de gritar y reprochar a Kotofeyev de seran muerto de hombre, sin arte ni parte, beneficiado poi sus muchas gracias. Boris Ivanovic z, aunque afligido, ca. laba. Le torno carm o a la casa. Le tomo cariño también al zaguán con la piedra. se adhirió a esta vida durante quince años.
Excsten hombres como éste, de los cuales se puede cantar en diez minutos toda la vida, todo el ambiente de su vida desde el primer grito inconciente hasta los u lti.
mos dias. El autor tratará de hacerlo. Se esforzará por narrar muy brevemente, en diez minutos y sin embargº tº todos los detalles necesarios, la vida entera de Boris Ivanovcch Katofeyev. Pero realmente no hay nada que norrar. Esta vida trascurría tranquila. plácido. Si se Ilub1era querido partirla en varios puntos, señalar algunas etapas, se habría podido dividirlo en cinco, seis pequeños periodos.
Héia aqui. Boris Ivanovic z, terminada la escuela profesional, entra en la vida. Músico, toca en la orques ta. Novela con la corista. Matrimonio con la patrona de casa. La revolución. antes de ésta, el incendio del pueblecito. Todo era simple y comprensible. nada suscitaba ti tubeo alguno. sobre todo, cada cosa era extraordinarcamente estable, no casual sino fijada una vez para siem pre. Hasta la revolución que al principio habia tarbado e. ttrernarnente la vida de Boris Ivanovic z, resulto después Simple y clara en su planteamiento sobre algunas ideas determmadas. excelentes y plenamente reales. Solamente. acaso, la aventura amorosa turbaba un tanto el Sistema armonioso de la vida sólida y no casual.
Aquí las cosas eran algo más complicadas. Boris Ivano v1cli Kotofeyev, al principio de su carrera musical había tenido una relación con una corista del teatro municipal Era ésta una joven ordenada, rubiecita, con ojos claros indetermznados. Boris Ivanovich era un joven de 22 años, todavía bastante buen mazo: La única cosa que lo echaba a perder un poco era la mandíbula inferior colgante que le daba. al rostro una expresión triste, extraviada. Pero los tupidos bigotitos alzados enmascaraban suficientemente el desagradable defecto.
No esta perfectamente conocido cdma comenzó este amor. Boris Ivanovich estaba sentado siempre al fondo de la orquesta y en los primeros años, por el miedo de no golpear a tiempo su instrumento, no separaba los ojos del 1rector de orquesta. Ha quedado oscuro cuándo tuvo tiempo de entenderse con la corista. Por lo demás, en esos años Bons gozaba plenamente de la vida, paseaba de noc ze por las extramuros y frecuentaba las fiestas de bucle, donde alguna vez, con una escarapela celeste que le servia de distintivo, revoloteoba como una mariposa por la sala dcrcgzendo las danzas. Es muy probable que la relación se anudase en una de estas fiestas. En todo ca se no le tra10esto fortuna a Boris Ivanovic Al cabo de un mes la rubia lo abandonó, después de haberse burlado venenosamente de su mandíbula colgante.
Boris vanovich un poco marti ¡cado por esta circuns tancia y por una partida tan poco trágico, de la rnujer amada, habia decidido después de una breve meditacio n, 19 0. 1M AX La united Press anuncia los últimos fusilamientos las ciudades civilizadas hacen crujir las horcas las cabezas de los detapitadosb tienen los ojos vueltos hacia Rusia Sacco y Vanzetti trágica rosa de los vientos giran hacía los puntos cardinales de la Revolución los hermanos del bosque se esparcen por el mundo ¿no oís cantar las balalaikas?
Sachka Vegulev poeta, Sacha Yegulev obrero Sacha Vegulev en cada hombre.
dejamos occidentes incendiados y amanecemos en orientes de sangre.
las cabezas de nuestros hermanos nos llaman como campanas dolorosas a agrupamos. arriba ios pobres del mundo, de pié los esclavos sin pan.
BLANCA Luz BRUM DE PARRA DEL RIEGO mudar su vida de don juan provinciano y de temerario amonte por a existencia más tranquila. Precisamente entonces Boris van viclz se había trasladado fuera de la ciudad. alquilando por un precio módico un cuarto bien abrigado. con pensión.
Después se habia casado. Luego se había producido. el incendio. El fuego habia destruído casi la mitad del pueblo. Boris Ivanovic inundado en sudor habia trans portado personalmente fuera de la casa los muebles, los cole zones de pluma y habia puesto todo sobre el césped.
Pero la casa no se habia quemado. olamente los vidrios se habian roto y la pintura. cuarteado. en la mañana siguiente Boris Ivanovic z, alegre, radiante, volvia a depositar dentro todas sus cosas.
Este acontecimiento habia dejado todas sus huellas por mucho tiempo. Durante varios años seguidos, Boris Ivanovic había contado sus emociones del suceso a los conocidos y los vecinos. Pero también esta al fin se había acabado. cerrando los ojos y pensando en el pasado, te aqui todo: el incendio, el matrimonio, la revolución, la mdsica y la escarapela de director de baile, todo se fundla en una sola linea contínua e igual.
Hasta la ane cdota amorosa se habia borrado y transformado en un recuerdo irritante, en una anécdota fastidioso: cómo la corista, le había pedido una bolsa de cuero barnizada y él, Boris Ivanovic 7, ahorrando rublo sobre rublo, había reunido la suma necesaria para comprarla.
Asi había vivido el hombre hasta los tieintaisiete años, hasta el momento en que se habia verificado aquel aconteci miento excepcional en su vida por el cual fué condenada a una multa de veinticinco rubios. Precisamente hasta el incidente por el cual el autor ha corrido el riesgo de gastar con su n¡nno algunos Iza as de papel y de vaciar un pequeño frasquito de tinta. remuxnnA EN EL pnomno NUMERO)