5. LA dHU AMAUTA. VAnochecta un espléndido dia de Agosto, cuando un ni ño de doce años, más o menos, seguia un camino tortuoso y estrecha que de una de los lugares más comunes de sem.
brío, conduce a Chiauián. Caminaba cargado de un cuero de res enrollado sobre la espalda; peso excesivo para su. edad y falta de costumbre. Su carga, al tropezar en los cercos de piedra y en las pencas, le hacia bambolear y golpearse a cada paso en los guijarros. Esta incomodidad, después de algun trecho demarcha, lo llena de despecho y llerando de rabia se sentó en el suelo.
Las sombras de la noche se extendían grdvidas de un cansancio estival. Circulaba un aire cargado del relente de las cosechas, de estab. os, de manadas. Luego un rumor ca si cadenciosb de mujidos, de grillos, de ladridos persistentes, de llamadas cambiadas entre gentes de las dehesas cer conos, y, como un sonido de queja lejano, el monótono chos uído del rio en el fondo de la quebrada cimbreante. Alejo tenia la cabeza congestionada con todas las impresiones del dia, todas nuevas. coloridas, inusitadas.
Solo hacía dos dias que había llegado a su pueblo natal, y estaba admirado de todo. Se había criado en pue blecillo cercano. en casa de unos propietarios. parientes suyos. Habla vivido alli en la más absoluta clau sura, extraño, ajeno y alejado de todo lo que estaba fuera de las puertas de la casa. Despues de la muerte extraña y terrible del que hasta entonces tuviera por padre, se encontro pocos dias después, ante otro hombre que le decía ser su verdadero padre y que el otro no habia sido más que un adoptante. cuando le dijo ue marchado. a su pueblo, a Chibuizin, a su casa, la idea de ver otras cosas despertó su entusiasmo. estaba alli. Aquel día su espíritu aterido por la humedad de la clausura, se habla saciado de sol. de aire libre, de alegria. Nunca había saboreado más completa y más lar ga felicidad. Antes de la salida del sol, abandonó la casa de su padre en compañia de los campesinos que iban a la tarea del TRIOU TAKAY. con el cuero de res enrollado a la espalda y el basto al hombro. Sus ojos de niño recluso no acababan de saciarse contemplando las caprichosos accidentes de la tierra. Desde la meseta donde habían llegado, al mismo tiempo que el sol se extendía dorado y riente, contemplaba los tapices tendidos sobre el flanco de los cerros.
Caprichosos dibujos de hierbas silvestres. confundidas en ma rañas espesas; musgos y tornillos extendidos sobre las rocas; campos de maíz en plena recolección, donde resaltan los fus tanes rojos y amarillos de las mujeres y los pantalones ne gros de cordellate de los hombres; manchas movientes de ove jas y vacas en los rastrojos; los trigales rubios reverberando al sol; la cinta blanca y retorcida del camino; más abajo el rio aullante y sitibando, y todavía más al fondo, caseríos con sus tejados rojos y el vecino pueblo de Huasta, como un gran juguete de niño cuidadosamente colocado sobre el esca lón de un cerro como sobre la rodilla de una abuela complaciente.
Después de haberld visto todo, Alejo se empeñó en carre ras de alegria loca a través de todo el trigal; gustaba del ro. ce de las espigas por su cara; quizo tomar la guadaña y segar. Como no le consintieron tomo un bastón y golpeó un buen roto las espigas sobre el cuero de res, pero también se fatigó. Luego tuvo que conformarse solo con mirar la tarea de los campesinos y delas mujeres. Los hombres golpeaban. las mujeres, unas segaban, otras preparaban las gavittas y venteaban el trigo.
Alejo miraba esta tarea como una fiesta. En sus pupi. los ingenuos se reflejaban los hombres de rostro cetrino y. atezado y las mujeres de cara resignado, caderas amplias y senos grdwdos, como las figuras de un cuadro rural, inmovzlzzadas en un gesto de tranquila alegria bajo la plenitud del sol. Cuánta diferencia entre esta y todo lo que habia visto en su niñez recluida en casa de su otro adre. AVEDE ºGUNGA pon EUGENIO GARRO 13 la hora del JIPASH INTI (en que el soltramonla. Ale jo no sentia esa vaga tristeza, esa monótona ¡nelanco a que va cubriendo la sierra a medida que avanzan las sombras.
No percibía el dejo taciturno de los rumores circulantes de la, tarde, porque su alma estaba para y salta de una casa donde una tristeza sombría habia envuelto su vida. y ahora todo le parecía alegre, desde la mañana hasta la noche. Sin embargo, si hubiera tenido más años y más experiencia para mirar la vida, se hubiera dado cuenta de algo extraño, de algo funesto grabado en el rastro de las gentes. Asi, quizd, mientras todo era pesadez y monotonía, la mirada de Alejo era la única que descubría los impresionantes coloridos de una fiesta.
Después de la tarea de ese dia, habia querido, también, caminar como los campesinos,. con su cuero a la espalda, al.
regresar al pueblo. Poco acostumbrado a caminar en el. campo, se había retrasado con su peso y se había sentodoa llorar de rabia, herido por su impotencia ante los primeros obstáculos que encontraba en su vida libre.
Al ver su retardo volvió en su busca una de los campesinos, Benancio, y acompañado de. llego a su casa.
Esa sombra. de algo funesto que Alejo era incapaz de entrever, se le iba a revelar ahi, aquella misma náclze. En.
el pequeño patio de la casa de su padre. poco después de la comida, encontró una extraña reunida de mujeres, sentadas en el suelo. Sin duda era ridícqu el asunto de que trataban, causa del gesto sombrío de los pobladores de Chiauidn; pero Alejo no estaba aún en edad para descubrir el lado ridiculo de las cosas. ni tampoco las gentes de ese pueblo hablan acabado de despertar de ese ensueño supersticioso de leyendas. Llenos todavía de ese temor pueril de los pueblos recónditos, fácilmente los impresionaba una leyenda y el te mor los sobrecogia hasta lo dndecible.
Viejas y jóvenes. pues el mismo grado de temor las unía a todos en esos momentos, sentadas en el patio, frente al vlvo rescoldo de la cocina, porque el fuego aleja los maleficios del demonio, con voz apagada y pastasa, como si quisieran diluir entre sus labios las sílabas guturales del kechua, para hacerlo más insinuante y misterioso, acurrucadas en sus man tas, hablaban de ese misterio que se cemia como una amena za inexorable sºbre todos. mu HUACCAXTA RIKAYARCCON. han visto llorar dla Luna. decian esas mujeres llenas de pavor, y Alejo con los dedos crispados escuchaba esa sesión espeluznante que to maba a sus ojos las proporciones de seres sobrenaturales.
La Luna habla llorado como sobre una fatalidad cada vez más próxima. Qué acontecimiento les esperaba a todos?
Además, muchos signos de desgracia se habían presentado por todas partes: el trigo de la cosecha de ese año estaba malogrado, algunas espigas no tenían un grano; el maiz estaba comida de gusanos: parecia que la Tierra no queria proporcionar alimento;y lo más extraño, la imágen de la Virgen que habia salido en la procesión de la última fiesta reli giosa habia presentado un semblante tan triste que toda la gente se habla arrojado al suelo llorando e imploranda pie dad. y cuando las notas plañideras de un MISERERE se ele vaban al son de los violines. un burro lascivo en persecusión de su hembra habia pasado cortando el camino a la Vir, gen y atranando con sus rebuznos endemoniados. Despues de un instante de estupor, todos se habian precipitado en una loca báscueda de los malditos. pero en vano se hablan. cansado, nadie sabía pordonde habían desaparecido los ani males. Pero el caso más patente de que amagaba una gran desgracia. era loque pasaba con Juana, la hija de Atanasio Cunca. Tenia dectan siete meses de embarazo. suPAV PA TASH CHICHURAN (I) murmuraban las vie jas con un patético temblor en los labios. Yen una extraña colaboración de detalles se referían el caso. Algunas, incrédulos, decían: Tal vez será algun cholo quién la ha pues to asi. No, no era un. cholo; su padre. el terrible adivino