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LA HUMANIDAD 1 que vive nal y ficticio, rellenos de vanidades, de odies, de desconfianzas y de ambiciones absurdas. cuando evidenciamos que en pleno siglo XX bay todavía gentes que perecen de hambre y de frío, mujeres desamparadas y afligidas que van a la cárcel por haber robado un pan para alimentar a sus pequeños, y niños abandonados y llorosos que vagan sia hogar, a la ventura, solicitados por todas las tentaciones del crimen. cuando palpamos el montón de miseria, de lodo, de lágrimas y de injusticia que ha amontonado en torno muéstro el egoís.
mo colectivo, es imposible contener un grito de indignación y dejar de formular una protesta.
No, no. La sociedad no estará bien organizada mientras haya gentes que sufran, que carezcan de lo indispensable y vendan su vigor por un mendrugo; la sociedad no estará bien organizada mientras existan todas las trabas que hoy impiden el libre desenvolvimierto del ser humano. mientras la mujer sea una esclara y el obrero nna bestia de labor; la sociedad no estará bien organizada mientras junto a la miseria de los unos se alee la abundancia de los otros. la sociedad no estará bien organizada mientras unos sufran para que otros gocen, mientras que unos ay man para que otros se atosiguen de manjares. mientras las gent: 65tén divididas en dos clases. una que vive para consumir y otra para producir: una para divertirse y otra para trabajar; una que no crea nada y de todo y una que lo crea todo y no disfruta de nada.
Cada época trae una mentalidad, que es el produeto compuesto, la resultante prevista de las realize ciones alcanzadas y de las aspiraciones nuevas. Entre lo consumado, entre lo que todos aceptan, y lo hipotético, lo que algunos se imaginan, se forma una zona nettral de ideas, alimentadas por las concesiones de los retardatarios, y las timideces o las habilidades de los amigos de la evolución. No es la reacción ni es la evi:Inción. Es el punto de equilibrio momentáneo de la balanza social. Es la media luz, el lugar de entente que dice el límite de lo que la resistencia puede abandonar y de lo que el ataqne puede pretenler. Esta zona en litigio va cambimdo de dereelia a izquierda, a medida que la civilización yana terreno y la ciencia se difunde.
La del siglo XVI no es la misma que la del siglo XVIII Tratemos de saber cuál es la de hoy.
Nadie negará que hay un conjunto de ideas, de aspiraciones, de hábitos y de certidumbre que difundiу das en los libros, en la vida privada, en las convers::ciones y en las conciencias, acaban por formar lo que pudríamos llamar la atmósfera del siglo nadie negará que lo que hoy respiramos es el deseo de solidaridad y de justicia.
Hace cincuenta años, nadie hubiera creído posibles muchas leyes de protección obrera, niuchas de las medidas de solidaridad social que han votado algunos parlamentos de Europa. Las ideas del siglo se imponen cada día con mayor vigor, como la resultante obligada, como la síntesis final de nuestras agitaciones y uuestras luchas. La sosiedad presente, por prisionera que sea de su egoísmo, por atada que esté a sus prevenciones, tiene que ir aceptando los ángulos más salientes de la doctrina nueva.
Pero. qué es la doctrina nueva. Cuáles son las ideas del siglo. Cómo se definen las perspectivas de la época. Ya hemos dejado atrás la caridad, y todos los de.
rivados y paliativos imaginados para prolongar un estado de cosas a tolas luces injusto. Nuestra generación, enamorada de la exactitud, hija de la ciencia admiradora del método, no puede resignarse a repetir abstracciones y a seguir jugando con las palabras. Los lirismos y las frases multiculores pudieron ser eficaces en una época de transición, en un período de incertiduinbre, cuando apenas se dibujaban las grandes líneas de la mentalidad de hoy.
En tiempos pasados, y especialmente en Roma y durante la Edad Media, un mercader o un fabricante, aunque cubriese el mar con sus buques o tuviera a su servicio miles de operarios, no tenía acceso a la gobernación del país ni podía alternar con los patricios y ar stócratas, ni sentarse en las asambleas deliberantes.
Su único derecho de ciudadanía era el deber de pagar los impuestos cuya cuantía no le estaba permitido fljar, como más tarde ocurrió al instituírse los estados gene rales.
Los únicos capacitados para el gobierno eran los nobles, los clérigos y los militares. El comerciante que proveía a las necesidades materiales del mundo, carecía de representación social. Cabe decir que la clase que hoy llamamos burguesa, sólo adelantó en un siglo su emancipación a la clasa proletaria, cuyos derechos civiles y políticos, aunque no los económicos, han acabado por reconocer y consagrar legalmente todas las naciones civilizadas.
En Inglaterra, el año 1360, reinando Eduardo III, se decretó que si un obrero se negara a trabajar por un salario tasado por las autoridades de la localidad, se condenara a prisión y se le marcara con un hierro candente en la frente.
Estaban prohibidas en absoluto las reuniones y asociaciones de obreros, y cuando a juicio del patrono o por mejor decir del dueño, algún obrero se mostraba remise en el trabajo, se le marcaba a fuego en la meji.
lla y se le reducía con toda su familia a esclavitud durante dos años, cor la agravante de marcarlos de nuevo en la mejilla y reducirlos a esclavitud de por vida si se fugaban, forzándolos a trabajar encadenados sin mas alimento que pan y agua. los hijos se les obligaba a seguir el ofiriu de sus padres, y en resumen, no cabe imaginar peor condición que la sufrida por los obreros ingleses darunte los siglos melioevales.
En tiempos de la reina Isabel, hacia el año 1562, todos los artesanos y obreros manuales tenían jornada forzosa desde las cinco de la mañanr hasta las ocho de la noche en los meses de marzo a septiembre, y entre sol y sol en los meses de octubre a febrero, sin más descanso que el indispensable para almorzar y comer.
Cuando la burguesía se emancipó de la regla nentacióu oficial y fué dueña de arreglar sus necesidades independientemente del Estado, sólo miró a sus intereses, sin tene en cuenta que el obrero era factor esencial de la producción, y los patronos fijaron los salarios a su arbitrio y establecieron a su talante las condiciones del trabajo, sin que los obreros pudieran oponer ningún reparo. No tardaron los patronos en asociarse para imponer mejor su dictadura. y entonces advirtieron los obreros las ventajas de la asociación, conveucidos de que individualmente nada les sería posible lograr. Las liberta les políticas conquista las por el esfuerzo de la burguesía en la creencia de que sólo. ella iban a serle provechosas, favorecieron igualmente por ley de la evolución humana a los proletarios, que desde entonces pudieron asociarse también como ya se habían asociado los patronos. Así adquirieron los obreros la fuerza de que disgregados carecían, y se entabló la porfi da lucha entre el capital y el trabajo.
y Obedeciendo a los impulsos de la barguesía, son pocos los individuos, o por mejor decir, son raros los que hacen resistencia a la violencia injusta. y esos son combatidos por las autoridades ya judiciales, ya politi cas y ya, por último, la fuerza, esto es las bayonetas. es porque nuestro grado de civilización todavía no nos permite que al pueblo se le diga lo que si le dijo al pueblo francés. Vas a solemnizar el catorce le julio, el glorioso aniversario de vuestra gran revolución. Vas a bailar en las calles de París y en todas las ciuda les y pueblos de Francia y vas a adornar vuestras habitaciones con estandartes e iluminaciones de linternas re.
necianas. La memoria inefable de tu scberbia revolución, es el problema que queda por resolver en las na: ciones sucumbidas bajo el yugo del despotismo. Ese problema es el que cumple resolver al obrerismo, y es preciso no desmayar un sólo instante, sino que debemos, en nuestra organización, estar firmes como el pueblo francés sobre la tiranía del despotismo.
Viva la reivindicación social. Viva la unión obrera. Cali, junio de 1925.
Pedro del Bosque. Biblioteca Nacional de Colombia