ras propia vida interior, revivimos las escenas del hogar, de la escuela, de la calle, como si las remembranzas de la edad primera pudiesen aliviarnos en el andar accidentado de los años vi.
riles.
La fuerza del sentimiento lugareño se comprende mejor a distancia. Viajando lejos, muy lejos, en ciertas hode meditación llega a convertirse en esa angustia indefinida que llamamos nostalgia. Todo el que la ha sentido, sabe que no es del Estado político, sino del terruño; nadie añora lugares ni personas que nunca ha conocido, ni podría curarse el ánimo nostálgico yendo a vivir en regiones igpotas del propio país. medida que se avanza en edad los recuerdos del terruño se idealizan, olvidándoge todo lo malo, acentuán.
dose todo lo excelente. es común que los hombres, al morir, pidan que vuelvan sus huesos al lugar donde transcurrió su infancia, como si quisieran devolverle toda la savia con que alimentó su personalidad en la hora del amanecer. El amor al terruño se dilata a 172 Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.