Violence

APUNTES APUNTES 397 naberse resuelto a dirigir la sociedad sin caad para ello. En su conducta política se a la estructura del alma nueva de la manera.
cruda y contundente; pero la clave está en rmetismo intelectual. El hombre medio se entra con «ideas dentro de sí, pero carece función de idear. Ni sospecha siquiera cuál elemento sutilísimo en que las ideas viven.
fe opinar, pero no quiere aceptar las connes y el supuesto de todo opinar. De aquí sus ideas no sean efectivamente sino apecon palabras, como las romanzas musi les.
ener una idea es creer que se poseen las es de ella, y es, por tanto, creer que existe razón, un orbe de verdades inteligibles.
opinar, es una y misma cosa con apelar instancia, supeditarse a ella, aceptar su C6su sentencia, creer, por tanto, que la forma for de la convivencia es el diálogo en que scuten las razones de nuestras ideas. Pero mbre masa se sentiría perdido si aceptase cusión, e instintivamente repudia la oblide acatar esa instancia suprema que se fuera de él. Por eso, lo «nuevo»
a «acabar con las discusiones, y se detoda forma de convivencia que por sí misnplique acatamiento de normas objetivas, la conversación hasta el Parlamento, papor la ciencia. Esto quiere decir que se ia a la convivencia de cultura, que es una convivencia bajo normas, y se retrocede a una convivencia bárbara. Se suprimen todos los trámites normales y se va directamente a la imposición de lo que se desea. El hermetismo del alma, que, como hemos visto antes, empuja a la masa para que intervenga en toda la vida pública, la lleva también, inexorablemente, a un procedimiento único de intervención: la acción directa.
El día que se reconstruya la génesis de nuestro tiempo, se advertirá que las primeras notas de su peculiar melodía sonaron en aquellos grupos sindicalistas y realistas franceses de hacia 1900, inventores de la manera y la palabra «acción directa. Perpetuamente el hombre ha acudido a la violencia: unas veces este recurso era simplemente un crimen y no nos interesa. Pero otras era la violencia el medio a que ocurría el que había agotado antes todos los demás para defender la razón y la justicia que creía tener.
Será muy lamentable que la condición humana lleve una y otra vez a esta forma de violencia, pero es innegable que ella significa el mayor homenaje a la razón y a la justicia. Como que no es tal violencia otra cosa que la razón exasperada. La fuerza era, en efecto, la última ratio.
Un poco estúpidamente ha solido entenderse con ironía esta expresión, que declara muy bien el previo rendimiento de la fuerza a las normas racionales. La civilización no es otra cosa que el ensayo de reducir la fuerza a última ratio.
es en