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34 LIBERACION ¡Nada más vacio de sentido que la cultura a secas, que el arte puro, que la ciencia abstracta!
Ahora bien, como es lógico, los intelectuales son los instrumentos por medio de los cuales se realiza ese proceso. Aunque ellos mismos estén en una situación cada vez más aguda y directa de inferioridad y dependencia económica en relación con los capitalistas, son, sin embargo, hijos mimados del régimen comparativamente con las otras capas de las clases desposeídas. Sólo espíritus superficiales podrán negar que los honores, las distinciones y los relativos privilegios de que disfrutan los intelectuales son parte de la remuneración que se les da en cambio de sus servicios técnicos, científicos e intelectuales de toda especie que, al obrar en función de auxiliares y puntales del sistema, crean sólidos lazos entre éste y aquéllos, por cuya razón la intelectualidad se denomina con toda propiedad intelectualidad burguesa.
Comprendido lo anterior, nada de raro tiene que los intelectuales como grupo se identifiquen con el régimen en que viven, ya que por él y para él son. Nada extraño es que algunos de ellos rompan lanzas contra la teoría que ha sido llamada ciencia de la revolución socialista. utilizando sofismas tales como el de que el marxismo no es científico porque es materialista y máscaras como el reconocimiento verbal de la justicia de las reivindicaciones socialistas. Desde el punto de vista de una honradez común y vulgarmente entendida el fenómeno se justifica por completo. Entre los intelectuales burgueses que abogan por la perpetuación del actual sistema social pueden caber todas las especies; desde los que conforme con nuestro expresivo folklore podríamos llamar chambistas. hasta los que de acuerdo con la ética burguesa se califican como personas honestas, es decir, aquellos que no desean el advenimiento de la sociedad socialista porque en ella no podrían conservar su prestigio intelectual y su posición de maestros, vinculados con tradiciones y prejuicios seculares. Si a estos señores se les dijera que su actitud implica la defensa de un sueldo o de cosa parecida, se sentirían razón ofendidos, pues realmente cuidan algo más, a saber: sus glorias intelectuales, sus prestigios científicos, sus títulos universitarios, que aunque intrínsecamente sean pequeños y hasta poco valiosos, para ellos pueden parecer inmensos y caros, a causa de que la magnitud de todos los galardones está en razón de la estatura de quien los ostenta.
Pero sea de ello lo que fuere, el caso es que el antimarxismo obedece en el fondo, directa o indirectamente, al determinismo económico que impera en todos los fenómenos sociales, comprobándose así una vez más el materialismo histórico.
numerosos descubrimientos, entre otros los que demuestran desde un ángulo estrictamente histórico que ni las religiones ni el lenguaje aparecieron en el mundo junto con is especie humana, sino hasta que ésta hubo alcanzado cierto desarrollo, cayendo asi por su base la creencia de que la idea de divinidad forma parte de la naturaleza misma del hombre y otros muchos mitos que por ahora no mencionaré.
En cuanto a que la ciencia pueda ser abstracta, pura, entendida tal pureza por su desvinculación actual de la realidad social, difícilmente se podría haber dicho mayor falsedad y éste es, dentro del terreno de las actividades intelectuales, el meollo de las irreductibles contradicciones entre el marxismo y el idealismo, pues aquél tiene de la ciencia en todas sus manifestaciones y ramas un concepto dinámico, activo, trascendental; en tanto que el idealismo la concibe como algo contemplativo, conventual, encerrado en la tranquilidad estupefaciente del gabinete: ciencia inútil, fría, intrascedente, fósil, que oculta su supuesta vacuidad social bajo la diferenciación de la ciencia en pura, abstracta y aplicada, práctica, sin ver que la primera existe, progresa, se desarrolla precisamente porque existe la segunda, a causa de lo cual el marxismo no reconoce tal diferenciación sino desde un punto de vista puraniente metodológico, sosteniendo que es falsa, desde el momento en que quiere descender hasta la naturaleza misma de la cosa. Vano ropaje pseudoaristocrático confeccionado por los atormentados y anquilosados cerebros de los ideologos de la burguesía, que tratan de esconder su contrarrevolucionarismo a los ojos de la juventud y de todo cuanto de verdaderamente noble allenta la humanidad: Pero no es eso sólo. Ningún hombre ni actividad humana alguna pueden sustracrae a la dinámica de las fuerzas y leyes sociales. Asi la ciencia, que es una de esas actividades, desempeña su papel y cumple su misión dentro del mecanismo social.
Enfocadas desde el ángulo de la más amplia perspectiva histórica, las conquistas científicas tienen un valor que consumado cierto ciclo histórico beneficiará a ia humanicad entera. Este resultado final no puede ser escamoteado por nada ni por nadie. Mas para ello es necesaria la liquidación de las clases. Mentras eso no se realice, la ciencia ha sido, es y será usufructuada por las clases que poseyendo los medios de producción y de cambio ejercen zu hegemonia en la sociedad. Por su parte, las clases desposeídas únicamente alcanzan verdaderas migajas en comparación con los beneficios que de los adelantos científicos reciben los poseedores.
y es más aún. La ciencia misma lleva el sello de la clase social que la usufructaa, convirtiéndose en instrumento de dominio en manos de las poseedoras de la riqueza sin que escape ninguna de sus ramas. Hasta las disciplinas en apariencia ajenas a esta ley sucumben a ella. Las diversas corrientes espiritualistas que hacen esperar al hombre un mejor más allá. por ejemplo, dan como resultado práctico la pasividad y el sometimiento de quienes de buena fe creen en ellas. En determinadas etapas históricas, la función natural de la ciencia es desvirtuada por completo. ACtualmente, sin ir más lejos, tenemos en casi todo el mundo una ciencia monstruosa que febrilmente prepara eficaces instrumentos de exterminio para la próxima guerra. Con el arte sucede algo parecido. Mientras los técnicos construyen y perieccionar cañones, tanques, aeroplanos, gases, los literatos, los poetas, los filósofos provocan en las masas un estado de espiritu propicio a la matanza.
Por eso, a causa del papel social que desempeñan, las culturas y las ciencias se adjetivan con el nombre de las clases que ejercen su hegemonía en la sociedad.
La cultura de la época de la burguesía es cultura burguesa porque está al servicio de cada clase; la cultura de la sociedad sin clases será cultura socialista porque estará al servicio de las masas; y aun las artes, las ciencias y el pensamiento que dentro de la actual sociedad pugnan por la implantación del socialismo son ya socialistas, a pesar de que la totalidad de sus elementos constitutivos la saquen de la propia cultura burguesa, pues lo que se toma ante todo en cuenta es su carácter funcional con Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.