Violence

San José, 24 de Enero de 1953 ADELANTE El incidente de Figueres con los Inspectores de Trabajo pone de manifiesto su actitud antiobrera.
Don José Figueres, que sabe res. Aunque el reportaje de Figue trabajo por el simple hecho de que combinar la demagogia para ca res a La Prensa Libre había sido éste se había apersonado para que zar votos populares con actitudes amplio y concreto, éste contesto se pagara el salario de ley a un que benefician a su clientela elec al emplazamiento retractándose, empleado de la carnicería. La brutoral reaccionaria y burguesa, vi diciendo, prácticamente, que lo di tal agresión dió lugar a que el Misitó la semana pasada el Ministe cho no era lo que él había querido nisterio ordenara la acusación con rio del Trabajo para presentar, decir. El inspector Jaen, en buen tra el carnicero de marras. Por lo según él mismo declaró a La Pren artículo, exhibbe la actitud ambi visto, la visita del señor Figueres sa Libre, queja contra algunos ins gua de Figueres, demuestra su fal al Ministerio de Trabajo tuvo por pectores de trabajo que, en su con ta de sinceridad y desenmascara móvil principal intervenir en favor cepto, dañan u obstruyen la pro su política antiobrera disimulada de su dirigente en San Marcos y ducción con sus intervenciones en con poses demagógicas.
en contra, claro está, del inspeclas empresas.
Vamos a agregar algunos puntor agredido. Para Figueres es con Un grupo de inspectores de tra tos sobre las ies a propósito de es denable la conducta de un inspecbajo, en actitud plausible, se apre te incidente de Figueres con los tor que cumple con su deber y no suró a emplazar a don Pepe, pi inspectores de trabajo. El fondo lo es, la de un patrón reaccionario diéndole que concretara sus car del asunto reside en que, uno de gue se niega a someterse a las legos, especialmente en cuanto se los dirigentes figueristas de San yes y que apela a la violencia a refería actuaciones dañinas Marcos de Tarrazú, dueño de carfalta de razones.
la producción de algunos inspecto nicería, agredió a un inspector de San José Pekin.
Viene de la página permitiera, sin más enredos, convertirse en turistas por esos aires del mundo.
Un señor solemne, bigotes canos, bien vestido, pedía que le llamaran al jefe: Es amigo mío. Somos ulatistas. Llámelo. me hará algún quiebre. Cuánto tiene que pagar usted? le pregun taba la empleada. Una barbaridad! Yo qué sé! Llámeme al jefe! explicaba la causa de su atraso. Ese 10 por ciento de Pepe enreda a todo el mundo. mí me fregó este año.
Vuelve a ver a todos, e insiste. Es una lata! Una verdadera lata!
Se limpia el sudor de la frente con el pañuelo blanco del bolsillo del saco, y ya casi de mal humor vuelve a pedir que le llamen a su amigo.
La empleada sonriéndose un poco se metió a llamar a su jefe. Volvió diciendo que no estaba, que andaba tomando café en la esquina, y a Eduardo y a mí nos dió una fórmula para que la llenáramos. En ella hicimos constar, casi triunfalmente viendo aquellos apuros ajenos, la verdad de nuestro estado: no teníamos rentas ni camas en qué caer muertos. Un segundo después, pasando sobre los a tribulados propietarios, a quienes compadecimos gentilmente, salíamos a la calie.
En Seguridad Pública me cobraron 15 colones y me pusieron un sello en el pasaporte con algunos timbres fiscales. Eduardo le dijeron que se esperara un rato. Eduardo tenia pendiente una acusación por haber traído a Costa Rica la película docu, mental e irrefutable del uso de bacterias por el General Ridgway en las aldeas del norte de Corea, a.
cusación nítida que el señor embajador norteamericano no quiere por nada del mundo que vean los costarricenses. Pensé que a causa del juicio le iban a negar la salida a Eduardo. Pero después de la espera tal vez un telefonazo, a ocultas de los Men, a un funcionario tico que no es tonto le pusieron los sellos y las estampillas en el pasaporte.
Ahora, a Salubridad por la vacuna. Me arremangué y aguardé el pinchazo. La empleada, que me conocía como un escritor que apenas se gana la comida garrapateando cuartillas, me preguntó, un tanto extrañada, para dónde iba. Panamá? Pero no. Quizás a San Carlos, donde hay fiebre amarilla? Son ahora tan caros los viajes. Se podía saber a dónde iba?
Yo, con negligencia, lentamente, le repuse que a China atravesando toda Europa. Me contestó con el pinchazo a todo meter.
Pero ya estaba inmunizado contra una de las pestes el cólera que los aviadores norteamericanos están dejando caer en el Lejano Oriente, con lo que el gobierno de Costa Rica, cómplice de esa salvajada, saboteaba, en cierto modo, el esfuerzo de guerra de los trusts norteamericanos. Yo, inmunizado por don Otilio Ulate, podía ahora afrontar las pestes de Mr. Truman, siguiendo ya sin temor hacia el Lejano Oriente. Falta de coordinación entre los aliados. comento Eduardo Mora, riéndose de mi razonamiento.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.