Amauta 9

El Problema de la Tierra en el Perú

Requisitoria contra el gamonalismo o feudalidad

por José Carlos Mariátegui

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El Problema Agrario y el Problema del indio

Quienes desde puntos de vista socialistas estudiamosy definimos el problema del indio, hemos empezado por decl arar absolutamente superados los puntos de vista humanitarios o filantrópicºs, en que, como una prolongación de la apºstólica batalla del padre de Las Casas, se apoyaba la antigua campaña pro indígena. Nuestro primer esfuerzo ha tendidº a establecer su carácter de problema fundamentalmente económico. Hemos insurgido primeramente, contra la tendencia instintiva y defensiva del criollo misti. a reducirlo a un problema exclusivamente administrativo, pedagógico, étnico o moral, para escapar a tºda costa del plano de la economia. Por esto, el más absurdo de los reproches que se nos pueden, dirigir es el de lirismo o literaturismo. Colocando en primer plano, el problema económico social, asumimos la actitud menos lírica y menos literaria posible. No nos contentamos con reivmdicar el derecho del indio a la educación, a la cu tura, al progreso, al amor y al cielo. Comenzamos por rei vmdicar, categóricamente, su derecho a la tierra. Esta reivindicación perfectamente materialista, debería bastar para que nº se nos cºnfundiese con los herederos o repetidores del verbo evangélico del gran fraile español, a quien, de otra parte, tanto materialismo no nos impide admirar. estimar fervorosamente. este problema de la tierra, cuya solidaridad con el Prºblema del indio es demasiado evidente tampoco nos aveiiimos a atenuarlo o adelgazarlo oportunistamente. Todo lº cºntrario. Por mi parte, yo tratº de plantearlo en tér minos absolutamente inequivocos y netos.
El problema agrario se presenta, ante todo, como el Esta liquidación debia haber sidº realizada ya por el régimen demo bur gués formalmente establecido pºr la revolución de la independencia. Perº en el Perú no hemos tenido en cien años de. Publica, una verdadera clase burguesa, una verdadera clase capitalista. La antigua clase feudal, camuflada o disfrazada de burguesía republicana ha conservado sus posiciones. La política de desamortización de la propiedad agraria mieiada por la revolución de. la independencia, comº una º? nsecuencia lógica de su ideología, no condujo al desenvolVimiento de la pequeña propiedad. La vieja clase terratenien t? 0 habia perdido su predºminio. La supervivencia de un 81an de latifundistas produjo, en la práctica, el mantenimiento del latifundio. Sabido es que la desamortización atacó lás bien a la comunidad. el hechº es que durante un SlElo de república, la gran propiedad agraria se ha refor áadº engrandecido a despecho del liberalismo teórico e nuestra Constitución y de las necesidades prácticas del esarrollo de nuestra economía capitalista. Las expresiones de la feudalidad sobreviviente son os. latifundio y servidumbre. Expresiones solidarias y consustanciales, cuyo análisis nos conduce a la conclusión We no se puede liquidar la serwdumbre, que pesa sobre la raza indigena, sin liquidar el latifundio. Planteado así el problema agrario del Perú, no se arma a deformaciones equivocas. Aparece en toda su t? nltud de problema ecºnómicº social y por tanto polleo del dºminio de los hombres que actúan en este Pinº de hechos e ideas. resulta vano todo empeño de ºº!¡lvertir lo. pºr ejemplo, en un problema técnicº agricola dºmmm de los agrónomos. Pºn Jos ºARI OS MAá ATEGU. cultura y la vida indigenas.
féúdalidad Nadie ignora que la solución liberal de este problema sería confºrme a la ideología individualista. el fracciona miento de los latifundios, para crear la pequeña propiedad. Es tan desmesurado el desconocimiento, que se constata a cada paso, entre nosotros, de los principios elemen tales del socialismo, que no será nunca obvio ni ocioso in sistir en que esta fórmula fraccionamiento de los latifundios en favor de la pequeña propiedad no es utºpista. ni herética, ni revolucionaria, ni bolchevique, ni vanguardista, sino ortodoxa, constitucional, democrática, capitalista y bur guesa. que tiene su origen en el ideario liberal en que se inspiran los Estatutos constitucionales de todos los Estados demo burgueses. que en los países de la Euro pa Central y Oriental donde la crisis bélica trajo por tierra las últimas murallas de la feudalidad, con el con senso del capitalismo de Occidente que desde entonces ºpone precisamente a Rusia este bloque de paises anti bol cheviques, en Checo Eslovaquia. Rumania, Polonia, Bul garia, etc. se ha sancionadº leyes agrarias que limitan, en principio, la propiedad de la tierra, al máximun de 500 hectáreas. Congruentemente con mi posición ideºlógica, yo piensº que la hora de ensayar en el Perú el métºdo liberal, la.
fórmula individualista, ha pasado ya. Dejandº aparte las razones doctrinales, considero fundamentalmente este factor incontestable y concreto que dá un carácter peculiar a nuestro problema agrario: la supervivencia de la comunidad y de elementos de socialismo práctico en la agri Pero quienes se mantienen dentro de la dºctrina demoliberal, si buscan deveras una solución. al problema del indio, que redima a éste, ante todo, de su servidumbre, pueden dirigir la mirada a la experiencia checa o rumana, dado que la mexicana, por su inspiración y su proceso, les parece un ejemplo peligroso. Para ellos es aún tiempo de prºpugnar la fórmula liberal. Si lº hicieran, lograrian, al menos, que en el debate del problema agrario provocado por la nueva generación, no estuviese del todº ausente el pensamientº liberal, que, según la histºria escrita, rige la vida del Perú desde la fundación de la República.

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COLONIALISMO=FEUDALISMO

El problema de la tierra esclarece la actitud vanguar distao socialista, ante las supervivencias del Virreinato. El pefricholismo literario no nos interesa sino comº sig no o reflejo del colºnialismo económico. La herencia colonial que queremos liquidar nº es, fundamentalmente, la de tapadas y celosías, sino la del régimen económico feudal, cuyas expresiones son el gamonalismo, el latifundio y la servidumbre. La literatura colºnialista, evocación nºstálgica del Virreinatº y de sus fastos no es para mi sino el mediocre producto de un espiritu engendrado y alimentado por ese régimen. El Virreinato no sobrevive en el perricholismo de algunos trovadores y algunos cronistas. Sobrevive en el feudalismo, en el cual se asienta, sin imponerle todavia su ley, un capitalismo lar vado e incipiente, No renegamos, prºpiamente, la herencia española; renegamos la herencia feudal.
España nos trajo el Medioevo: inquisición, feudalidad, etc. Nos trajo luego, la Contrarreforma: espiritu reaccio nario, método jesuitico, casuismº escolástica. De la mayor parte de estas cosas, nos hemos idº liberando, peno.