69 Amauta sumidos, de burguesíataíque no han, éd. ific ado ni sustentado un burgó de estilo generoso. o. de capitalistaeque. quedan en nuestros pobres. en nuestros inofensivos gamo nales. esta sería aquella parte máscula de la acción de Mariátegui, si no fuera la del intelectual especificamente limeño que sabe superarse en beneficio della nacionalidad. vv socava, con piqueta bravia, el colonialisrrto de la Capital, acusándolo gravemente, mientras insinúa el destino del Kosko de ser en un nuevo pe. iodo de nuestra historia la capital de un Perú orgánico. El. cual. gunos intelectuales costeños sostiene que el Perú no es el Pe ni de ese estrecho balcón de la Costa. donde se adunó la población criol. a. o an tindígena. sino el Ande, mitológico y cruzado de eaminos, donde, son posibles. con expresión nacional, la multitud y la tragedia, de suerte que nuestros problemas resultan siempre com o sintomatología pro blemas del Ande. porque el Ande es lo sustantivo del Perú. lo básico.
He aquí cómo aparece ahora solemne y llena de austeridad la actitud de este hombre eraz y consecuente hasta el sacrificio cómo en su obra y en la de algunos compañeros de su generación. insurge una Li. ma que está lejos de importar limeñismo. outrance, porque es. casual mente, rebelión de la conciencia del país contra la perennidad de lo que Alberto Sánchez llama el penicholianio. De esta manera hubo una conmovedora belleza proletaria en la multitud de obreros sindicalizadoe que llevó su ataud en hombros a través de las calles de la virreynal ciudad. donde. hace apenas más de un siglo. un ajetreo de calesas era síntoma de que una nueva desvezguenza se había perpetrado contra el honor de doncella: de valim. iento o de damas con más sevicia para el negro y el indio que receto en el amor de ellos. Pero. con fatalismo in dígena. no extraño a una interpretación materialista del fatum, debemos creer en la utilidad de esta muerte, porque es destino del hombre que vivió para la angustia paridora y creadora de la justicia popular. sufrir en la pobreza de morir por ella para renace. en sus contempo¿
ráneos en la forma de una Eogarada de esperanza. u. La vida tiene instinto de flecha! decía José Carlos. Estaba en lo justo. Un hombre flecha ha sido este lioml 5re de amanecer. Las palabras en sus gruas tuvieron el valor de los hechos que no pudo realizar. y adquieren. por ello; la gracia pascual yºgerminativa de un coito; porqug. inmóvil, se multiplicó; inválido. superó al deportista innocuo; canijo, era de una belleza de triunfador. y hasta su propia carreta de mutilado se impregnaba de una filosofía de acción. Cuando le armtraban por las calles de Lima, me referia Malanca. uv presencia prestaba iluso fervor dinámico. las multitudes que veían en él al héroe y al sacerdote. Tenía una gar a presta a la acometida honda. definitoria, que morosameñte gustaba de aguzar en el mollej6n de Sorel, contra el prurito de los militanbes que suponen el triunfo de la ¡evolución como un problema ortopédico. Hay que tener la» honrnt de: radical de reconocer que en el cuerpo mise rrixim de José Carlos le.
cobijó la más generosa capacidad indoamericana para el preludio bee thoveniano y la esperanza popular. Importa decir que en su valentía y en eii amargura ha nacido una nueva conciencia para el Perú. No exede. por tanto. afirmar. quesobre el sepulcro del compañero no cae encia de, la4muerte. aino florece el Po rven irl.