28 u º o POR ESTUARDO Muñ H. El novelista tomaba aire. bocanadas sentado en una banca bública. Tenis. entre ceja y ceja un lunar negro con muchos pelos y dos personajes de su presunta próxima novela. Pero el aire, bien que los necesitaba: la única Después, no le daba más pensamientos.
diferencia entre ambos personajes era su sexo distinto.
nada De pronto en la lejanía, cerca del mar, apareció un punto netgro que él interpretó como quiso. Poco a poco se perfiló un pajarraco negro. con la insistencia de un zancudo.
Aprecio el peligro y se encerró herméticamente en su departamento. no sin que el pajarraco hubiera querido introducirse. la mañana sig uiente apenas traspuso el umbral de su puer. ta. lo vió de nuevo aparecer. Mas ahora, cuando menos lo esperaba, arrojó un rollo de papel y desapareció. La curiosidad sobrecogió al novelista, lo alcanzó y por una punta coligió que fueraun manuscrito. Cortó rápidamente las amarras y se dispuso a leer lo. Efectivamente era un manuscrito pero que tenía. muchos metros de largo. Era, indudablemente, una gran novela. Pero no acabó de desenvolverlo. Antes de llegar al extremo. saltó del papel un pájaro plomi lo de gran pico y destrozó la cabeza del novelista.
Así los pájaros se vengaron de la imputación calumniosa que los malos novelistas les hacen de arrojarles manuscritos de las novelas y cuentos más ruinea. La casa. de las penas tenia la eterna maldición de estar desocu pada. siempre la desdicha de conocer apenas a sus inquilinos. Inquilinos estables, muy buena paga que para la casa no pasa ban de ser forasteros de hotel, que vienen para partir y que no han acabado de dormir una noche cuando ya están arreglando las maletas para partir temprano. La prisa de estos inquilinos no era la de alcanzar el tren, sino la de que las penas los alcanzaran. Dejaban todo antes que. dormir una noche más. la casa de nuevo quedaba desocupada.
Un inquilino llegó un día. Traía pocos muebles, pero, dentro. de lo poco, un gran reloj alto, de pedestal. que daba unas horas muv graves. El forastero tenia su delirio en oirlo dar las horas con la buena fé y la ilusión con que se oye una ortofónica. Tan. Tan. Tan.
Después el gran péndulo se encargaba de contar los minutos de la melancolía de su dueño, de haberse quedado solo en el mundo, sin un pariente. Solo con su reloj. El reloj comprendía su situación: era regalón. veces negli zía un poco en su labor: se hacia esperar unos minutos para dar la hora, seguro de no tener reconveución. Otras, activaba su co»
metido y sorprendía a su dueño con sus campanadas adelantadas.
Eran medios para no hacerse tedioso.
El forastero se hospedó con su reloj en la casa de las penas. Le advirtieron y no hizo caso.
Pero antes de que amaneciese el dia siguiente escapaba desp pavorido del pueblo. Lo, había abandonado todo. incluso su reloj. nadie se alarmó en el pueblo. Un temblor, que el profesor Bendanl se había olvidado de predecir, sacudió al pueblo esa mañana. casas de las penas. Todo quedó en escombros. En mediode todo, los habitantes se felicitaron: desaparecía la casa de las penas.
No tardaron en pasar cerca de ella las cuadrillas de salvamen4 to que venian al pueblo. se detuvieron creyendo que habria algún sepultado entre los escombros. Pero no procedieron a la laber. El corazón de la casa todavia palpitaba. Tic tac. tic tac. todos vi. ieron a escuchar el tic tac. todos comentaban. pero nadie se atrevía a levantar los escombros.
Principió. volar amenazantemente a su alrededor. LA CHICHA ESPETABA CARETASI DE L G ¡A destruyó, entre otras, la. De pronto, la campana del reloj principió. dar la hora. Fue ron doca campanadas más graves y más sonoras que nunca y que estremecieron los escombros.
Cuando sonó la. última campanada, los moradores del pueblo. y la cuadrilla de auxilio se encontraban, en su huida. cinco kl lómetros de la casa de las penas.
Hay Bancos que están perpétuamente visibles al público. De noche encienden todas sus luces y sus empleados dicen que para ahuyentar a los ladrones. Cuánta luz gastan los Bancos! Muchos quiebran por pagar su consumo enorme. pobrecito: los que están sin luz. Los trasnochadores ebrios que regresan tarde a sus casas, se asustan de los Bancos encendidos a esa hora. Creen que es la casa y que dentro espera la esposa encolerizada.
Era tarde para la gente del pueblo que se acuesta muy temprano. La Agencia del Banco, como siempre, tenía encendidas todas sus luces. Pasó un transeúnte y las luces como siempre lo. atrajeron a mirar adentro. Pero no vió luz solamente. Habia también unos hombres que daban vueltas como autómatas. Ladronealil! la gente se agolpó a las puertas y a las ventanas de reja y con vidrios. Veian robar. Primera vez que lo veían con tranqui lidad y con maestría. Era un espectáculo magnífico, una demov tración pública de robo sin temor a la sanción social. La policía los reconoció: no eran ladrones profesionales. Antecedentes ninguno, cuando les preguntaron qué pretendían dentro de la oficina, contestaronz. Robar luz. o, D ÍJ enredó una marinera entre mis piernas.
a noche se amontonaba ante la puerta las mujeres desovillaban curvas. esguinces y trayectorias alucinantes los arpisias desglosaban una pericia bien rcnumerada con pesetas de alcohol la jarana peruana en grandes polvaredas de entusiasmo nos impulsaba a todas las direcciones que marcaban los senos.
un palmoteo desesperado se arrastraba por los pasillos de la sombra limpiaba el suelo de pisadas alli hervía la sangre. acompasados silbidos de aluminio golpeaban los i o era la fiesta campesina, HUMILDE y BORRACHA de los cholos peruanos.
se retira, casi desde el umbral del alba. van las voces trasnochadas. CON TACONES DE JEBE EN LAS PISADAS. NICANORA. DELAFUENTE.