16 consigna era. no contrariarla, y si bien su instrucción no fué descuidada enteramente, ésta limitose a cosas de catecismo y libros. religiosos, quedando lo relativo a. ética y moral lastimosamente olvidado. Mientras tanto los tios, ratos complacientes y a ratos rega ñones creian cumplir su delicada misión satisfaciendo todas las exi gencias de su sobrina y pasándole al padre religiosamente unas cuentas que jamás reparaba; llevándola de tarde en tarde a la co. media y a oir algún sermón. obligándola a asistir al rosario noc turno; haciéndola aprender, más teórica que prácticamente, las re glas del bordado y de la repostería, y exhibiénd oia, entrada ya en la pubertad, no sin humos de protección, como una curiosidad pro vinciana digna de figurar en los etiqueteros días de recibimiento.
Maria de la Luz no tuvo en aquella época ningún efecto efu sivo o sincero, fuera del de su criada, la cual, por instinto, había logrado llegar hasta su corazón. Más bien lo que despertó, a me. dida que iba creciendo,. fué una envidia sorda en sus dos primas, unas señoritinas ocho o diez años mayores que ella, medias entecas y clor6tieas y algo enhiestas y frías, como aves de museo La belleza y lozanía de esta flor de trópico las ofendía y cxaltaba hasta el deseo de hacerlas sentir deseos homicidas. De buena gana la habrian abogado o despedido; pero el odio pesaba en ellas menos que los beneficios que recibían por su causa. Contentáronse las primas con tratarla fríamente, con excluir la de sus paseos y tertulias y destruir todas las tentativas de noviazgo hechas en torno de ella y toda sospecha de amoríos. Una. vida asi, de contrariedad. asechanza, de asedio constante, exaltole su temperamento nervioso, agriándole el carácter, abogando tempranamente sus expansiones e inclinándola al disimulo, a la vez que le templaba la voluntad. Aprendió asi bastarse. si misma, a tener iniciativas y seguirla: según su inspiración y a desconfiar de la sinceridad y desinterés de las gentes. quién sabe adonde habría llegado Maria de la Luz, bajo la disciplina de este tutelaje frío y espantosamente seco, si a su pnd re no se le hubiese ocurrido en una hora de hastío y añoreinza.
tomar al suelo patrio, y a sus tutores, devolverla, bajo el pretexto de un temor tal vez no sentido. Pero el más impresionado y trasformado por la influencia de esta mujer fué José Manuel. Su inteligencia creció de golpe, como a la mágica voz de un ensalmo. La obscuridad del pobre mundo en que viviera sumido desde que nació, comenzó a desvanecerse y a dejarse entrever horizontes de luz y de vida ignorados por él hasta entonces. Tuvo la intuición repentina del sentido de la digni dad, el cual fué ensanchándosele hasta hacerle comprender toda la vileza y degradación en que vivia. Se vió realmente como era: un hombre como todos los demás. como todos esos que iban y venian libremente sobre la tierra, dueños de su voluntad y su destino. principió a meditar sobre los agravios de la suerte y los crueles de: signios de la justicia humana y divina. En su cerebro de mestizo, de semiprimitivo, el pensamiento libró rudos combates contra el pequeño mundo de sus ideas embrionarias, remachadas en él por la mano de los siglos y sostenidas por el prejuicio y la. sordidez del ¡blanco. de esa lucha, apenas si llegó a sacar triunfante el sen timiento de su yá, vacilante, débil, quebradizo, pero sentimiento al. tin. su corazón empezó a sentir la necesidad del acoplamiento espiritual, que solo por intuición había descubierto ser más fuerte y digno que aquellos otros de que había gozado hasta entonces por causa del sórdido interés de los amos. Amar como los blancos, eligiendo y excluyendo a voluntad, era también una ley de los negros.
Su corazón se la había descubierto primero vagamente. en esa no che que encerrado comuna mujer supo ésta, llena de pudor y rebeldia, contenerle y dominarle con solo un mirada y una frase. La; frase la escuchó como un mandato y la mirada le mató de un gol pe su pujante rijosidad, sumiéndole en la suave caricia de la con templación. haciéndole respetar por primera vez el cuerpo de una esclava entregada a su albedrío. tuvo que respetarla porque al go, que él no podia explicarse, le decia que ese cuerpo, así indefen so y débil, tenia una fuerza que él no podia quebrantar, y esa era la del querer o no querer, es decir, la de la voluntad. Con la llegada de Maria Luz, esa ley fué revelada ya más cla ramente. La distancia infinita que a ambos separaba, por lo mis mo que él la tenía por insalvable, engendró en su mente el senti miento de la idealidad del amor imposible, de la delectación del. amor secreto, de otra esclavitud más fuerte todavía que la del hom bre por el hombre; pero no odiosa ni humillante ni envilecedor a como ésta sino, por el contrario, ennoblecedora y dulcisima. Com. Amauta Altiplano ara uso e turistas Las palabras son estaciones en este altiplano mío.
Dos chozas en el poniente fuman pipas de srlenc10 mientras el viento arrastra pájaros y trmos.
Con la nieve de los Andes se hacen Polos cercanos en cuyas ciudades frágiles sueñan las llamas romántrcas. Llamas de ojos minerales.
Yoiengo una alma triste de pastor aimara. como poncho morado, y una llama en cuyo cuerpo danzan las albas elásticas.
Altiplano inmensurable como un. recuerdo, capaz por si solo de llenar la geografia; piel de culebra que han secado los inviernos, que ocupan en tu memoria las cuatro estaciones del año.
Altiplano rayado de caminos y de tristeza como la palma de mi mano.
Superavión siniestro en los alcoholes dela Revolución: en el charango brumoso de los hilos del telégrafo cuelga el indio su infortunio desairado de pájaros, y en tus ruidos nigrománticos hay un tambor chiriguano.
De la paja brava emergen.
con una luna enla rueca de un horizonte azulado pastoras de wicuñas hurañas y de nubes. que desnudan los crepúsculos y bondean relámpagos incautos.
En Tihwana cu las lluvias cantan con los monolitos.
Monolitos que inauguran actitudes antiguas donde el tiempo afila sus taladros cuando el agua se oscurece en el fondo de los lagos.
La soledad avanza sobrelas piedras muertas: llena la tarde de longitudes, aclimata ecos fantásticos el frio enciende sus látigos blancos.
OSCAR CERRUTO prendió que entre el amor y la mujer habia algo más que el contacto material de los cuerpos, choque fugaz, que, al desaparecer, solo deja resabios de tristeza. El recuerdo de estas uniones pasajeras y bestiales le avergonzó. Cierto que esas uniones no eran obra de su voluntad, de su elección, de la poseída siquiera, sino del acatamiento de órdenes dic y tadas por un bajo interés y de las que el no venía a ser más que un simple instrumento de reproducción, tal como el hechor de una ye. guada. hasta en medio de esas uniones seguía siendo esclavo.
El ingreso a la habitación nefanda se le permitía solo en la noche, a la cual entraba y salía con puntualidad humillante, con prohibición de escarceos eróticos, de pláticas inútiles, que pudieran retudar la yogada, o despertar en la hembra sentimientos de afecto fidelidad hacia su poseedor que echaran a perder el fruto concebido. al primer indicio de preñez, la separación brutal, inexorable, muchas veces para siempre, de las que apenas le. quedaba el recuerdo de alguna frase dulce o el sabor de algún beso rabioso, dado en un instante de inconsciente anhelo de liberación. el fruto de estas uniones sólo venia a ser un guarismo más en el capital del amo. El derecho de la paternidad estaba supeditado por ese otro, odi050 y ultrajante, de la accesión. Se engendraba para el amo de la hembra esclava, no para esta ni para el engendrador. Los.
derechos de la paternidad quedaban ahogados, muertos con el, nucimiento del hijo, sin poder desarrollar ninguno de los sentimientos dignificadores del deber y la responsabilidad y menos los del.
amor.
De todas estas cosas José Manuel no podia percatarse claramente. Su mediana instrucción no le permitía ahondar enfellas. Fué necesario que una luz, venida de lejos y traida en el rostro de una mujer, le abriera los ojos del alma y le hiciera ver los tesoros sea su envoltura. a Maria Luz le tocó hacer este milagro. y bellezas que pueden salir de ella, por muy negra y humilde que