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Amauta. POE, PHEGURSOR DE EINSTEIN FOR HUGO PESO: Vous na trouvares ici aueun dos paralálu ¡pa un a coutum da fair entro Benson, Fraud, Einstein al art. Cath moda padanta pasura. Jun Cocteau, PICASSO.
El ormidable tema de la relatividad no debe perder toda su atracción sobre el inquieto espiritu de nuestra generación por el solo hecho de estar mas o menos de moda en las revistas cientí. lieu y en los salones mundanos. Los problemas que en cada épo ea Indian el espiritu de la humanidad, surgen, como sus propias soluciones, al imperio de necesidades actuales y en inmediata pre cedencia del cumplimiento de la finalidad a que están destinados en el desarrollo incesante del conocimiento humano.
Muy exiguo es el número de quienes pueden cooperar activamentHn el sentido experimental y en el sentido critico al desenvolvimiento de las teorias einsteinianas de la relatividad.
Mucho más numerosos son los que trabajan pacientemente sobre sus pautas y. suministran, con su trabajo colectivo, un material que con frecuencia es utilizado por los primeros, casi siempre incons cientemente, y transformado en conclusiones de mayor alcance. Los conceptos de la relatividad particular y gener fueron inventados por Einstein, pero inventados en el significado ati.
mológico del invenire latino: sea hallados. descubiertos. Cómo pudo Einstein, en un dado momento histórico, asirios, extraer los de la masa intrincada de los sistemas filosóficos y de los rigidos esquemas fisico matemáticos oficiales. Hasta qué punto, su descubrimiento se fundó sobre el conocimiento de los trabajos de quienes antes que él hablan tratado penosa y confusamente de recorrer el mismo sendero. Cuál es el valor cuantitativo y cualitativo que le pertenece personalmente? Responder a esta pregunAta seria resolver el problema del genio, de la creación (1) artística, de la inspiración. poética, etc. De todos modos, creo que no será. totalmente inútil buscar en la obra de los hombres que lo precedieron cronológicamente, La generación del 80 cumplió su tarea con toda la dignidad que le correspondía y, como prueba de su virtud comprensiva del problema histórico, ahí están las palabras del doctor Gonnet, pr0 logando la primera edición de El Nuevo Derecho. Cuánto podrian aprender en ellas los jovencitos que en 1927 proceden ya. como. viejosíinsensibles e inertes, como si hubiera cesado en sus corazones toda la allyenoia de sangre arterial; y los actuales profesores universitarios sobrecogidos de temor y de angustia ante una re alidad temeraria llena de sorpresas como podrían estar las mo¿ mias faraónicas si fuesen vueltas a la vida y sacadas. la luz. La Revolución Rusa, interpretada. como, una puerta que se abre ante la esperanza si se quiere. la utºpía de una socie dad u 1e;iorl atrajo la atención sin prejuicios y la simpatía generosa y un poco quijotesca de Alfredo Palacios, del mismo modo y por las mismas causas que antes atrajera a José Ingenieros. Pero pueden estar tranquilos los pusilánimes reaccionarios: eso no signi! lea de ninguna manera la pretensión de trasplantar en nuestra tierra americana el régimen bolchevique, explicado yj justificado en todos sus aspectos dentro de una rigurosa secuencia histórica en la vida rusa y fruto de la psicología peculiar de aquel pueblo orien tal solidarista y mistico.
Nuestra actitud porque la compartimos con diferencia de matices los hombres de la nueva generación no la determina un absurdo prurito de imitar ni un obsecado sectarismo, que la incomprensión o la mala fe adversaria nos imputan. Queremos para América la realización de sus propios destinos y recojemos la luz, venga de donde viniere, para alumbrar el horizonte de nuestro propio escenario y contemplar las perspectivas en el desarrollo de nuestra propia escena circunscripta por la personalidad conti nental de una nueva raza y de nna nueva cultura. El que lleva su farol a la espalda dica Rabindranath Tagora no proyecta delante más que su sombra. Carbo Singlsaa nnnnlm tivas afirmaciones.
aquellas afirmaciones que pueden hacerlos figurar con mayor o menor derecho entre sus precursoras intelectuales.
Me parece que fué dado a Edgard Poe entrever con cierta lu cidez y expresar en forma demasiado explícitamente análoga, al.
gunas de las verdades paradógícas en apariencia impuestas por Einstein a la consideración respetuosa de los do ctos.
Anticipo que mi intención es establecer simples aproximado nes entre los asertos que confrontaré de lºs obras, dejando a otros.
más competentes la labor de precisar, con exacta medida, el valor de estas aproximaciones, desde los puntos de vista físico y metafisico.
Las discusiones más vivas se encendieron cuando Poe, el de junio de 1848, leyó ante la Society Library de New York, su Eureka. que con buen derecho fué definido como un poema cos mogónico en prosa.
La seguridad con la cual exponía el pensamiento de los pen adores contemporáneos, para criticarlo al mismo tiempo que el de los mayores. filóeofos antiguos; la originalidad de su argumentación intuitiva. anti lógica. la audacia de sus aserciones; la vertiginosa altura a la cual arrastraba el pensamiento de quien po dia seguirlo; no son mas que pruebas de la independencia de sus ideas y de la libertad de que gozaba en sus potentes vuelos hacia las sublimidades inaccesibles de la verdad absoluta. recuerdan a la mente, con las debidas proporciones, el revuelo sensacional suscitado por Alberto Einstein en el público, así como los mamen tos de exaltación y rapto de que parecían presas los hombres de ciencia de Paris, cuando por primera vez les dirigió la palabra en el pequeño anfiteatro del Colegio de Francia.
Hacia la mitad del siglo pasado se practicaba todavia como un rito, en las universidades, la veneración de los axiomas auclideanos, intangibles después Xde la santificación que les otorgó con su a priori (1781) aquel filósofo que a justo titulo fué definido como un burgués honesto y ordenado. Cuando Federico Gauss ascendía, con osadía iconoclasta, el Brocken, el Hebe Hagen y el Inselberg, con el objeto irreverentisimo de triturar con toda la implacabilidad del rigor experimental el teorema euclideano de la suma de los ángulos del triángulo, la compacta escuadra de los filósofos puros le anunciaba, desdeñosamente que ningún resul tado numérico podria probar la validez o invalidez de la geometria euclideana. Y, en efecto, al descender Gauss con la cabeza baja, meditando en la intangibilidad de los fatidicos 180 grados, toda la tropa de fanáticos que lo había esperado pronta pívidamente a cerrar los ojos a la luz comenzó a danzar en las faldas del Brockon una sarabanda delirante que unicamente debian interrumpir la!
proyectos de los experimentos de Michelson y los experimenta crucis de mayo de 1919. he aqui que Poe, en vivaz polémica con Hill, se lanza a la quijotesca investigación del más absoluto entre todos los axiomn conocidos, con el solo objeto de demostrar su inconsistencia, de. clarando además que descartaba como obstáculos demasiados fúciles axiomas de una certeza tan contrastable como los que se pueden encontrar en Euclides. Pero la briosa seguridad de Poe desprovista de austeridad oficial no habria obtenido sino una sonrisa de benévola conde! cencia del remoto espiritu del padre Girolamo Saccherl, de lu!
propios contemporáneos Lobachewski y Bolyai y de la cohorte pºlterior de otros hombres de ciencia nó euclideanos. comenzandº por Helmholtz y Riemann para llegar a Lorentz, Planck y Einstein.
Mucho más atenta habrá podido tornarse, sin embargo, ll consideración de éstos, al oir que Poe rechaza con desdén el liº guiente axioma: dos contradicciones no pueden ser eoalamporínumanh verdaderas. nó considerando suficiente el hecho de que dos aserciones contradictorias sean contemporanoaa para afimll que solo una de esas pueda ser verdadera. Precisamente, Einstein toma como ejemplo dos aserciones clásicamente contradictorias pl afirmar que puedan ser cont. mporinsuaaah verdaderas. Einstºil!
considera a Tolomeo y Copérnico con igual derecho en sus remºEl desprecio de Poe por la simultaneidad como