4. mismos, es vuestra sangre. Bunin, Balmontl Nada impor, ta que vosotros lo repudiéis! Vendrá un dia en que esta criatura, crecida, os reconocerá en si misma!
Pero, por el momento, entre vosotros y ella, hay un foso de sangre, un abismo. Ella y vosotros os negáis.
Vosotros no queréis ver ni conocer nada de este orden nuevo. No lo podéis tampoco en el medio en que os lia béis encer rado.
Me preguntáis lo que yo conozco y por qué. medios Ciertamente, nada sé por los periódicos. Que sean de un campo o de otro, sus informaciones están viciadas por el espiritu de partido. vosotros sabéis que yo no pertenezco a ningún partido. Mas ¿ignoráis vosotros que entre Rusia y el resto del mundo existe ahora un ir y venir ininterrumpido de visitantes e investigadores? Aunque mi pequeña casa se encuentre tan apartada, no trascurre un mes sin que pasen por ella los unos y los otros, estos testigos que no he buscado. Son franceses, son ingleses, son alemanes, son americanos, de todas las razas, de todas las opiniones, profesores, escritores, médicos, etc. Las dos terceras par tes no tienen ninguna ternura, no tienen más ternura que yo, por las ideas comunistas. Han podido equivocarse o ser engañados como todo hombre. Pero son sinceros y sin parti pris. Algunos, además, son altos y, penetran tes espiritus; se llaman Duhamel, Durtain, Eastman, Nearing, Guido Miglioli, Haya de la Torre. Por libremente que juzguen y critiquen, no hay ninguno que no haya sido impresionado por numerosos rasgos de reconstrucción originaly de vigoroso renovamiento. Yo escucho.
acopio, comparo y peso. Hago poco caso en general de las.
impresiones de los viajeros presurosos que no han podido asir, ala carrera, sino la máscara dela calle. Me muestro más atento a los especialistas de una profesión que están habituados a leer el sentido de los signosz economistas, hombres de ciencia. médicos, educadores, etc esa franc masonería de cada oficio. que se comprende en medias palabras de un pais a otro. Hay más, tengo por testigos Batmont, Bunin, a vuestros compatriotas que han permánecido allá (y en este número a más de uno que os admira. lgnoráis que en Leningracl y en Moscú, no faltan sabios rusos que, aunque de ºpiniones no bolcheviques, conocidas y confesadas. continúan trabajando en los hospitales, en los laboratorios y e si por acaso algunos vienen al Occidente en misiones cientificas rehusari quedarse y ¡regresan a Rusia, diciendo que en ninguna parte podrian trabajar mejor? En esta mis ma revista (1) los recientes articulos de Luc Durtain, de aguda mirada de sabio yartista. a quien no se engaña en su oficio, es podrán enterar algo que sabiamos ya por. nuestros amigos rusos de la fiebre generosa de trabajo que inflama a los estudiantes, a los profesores. a la ciencia rusos y el apoyo que encuentran sus investigaciones en el Estado Soviético mientras que la Francia deja morir a sus sabios enlas buhardillas (2. lgnoráis que la ciencia es en Rusia el nuevo data, como lo era entre nosotros en el tiempo de esperanzas ilimitadas tundadas en ella por los equipos de Marcelino Berthelot. No sucede lo mismo, lo sé, con otros órdenes del pensamiento filosófico y religioso, con nuestros colegas de la literatura (aunque a despecho de todas las trabas, hayan surgido brillantes escuelas de jóvenes escritores y. aunque se publiquey se lea en Rusia más que nunca, más de lo que se publica y se lée en Francia (3. is. Europe. revista mensual! Director: Alberto Cremieux. Jefes e Redaccrón: René Arcos y León Bazalgette. Editions Rieder.
PARIS. Place Saint Sulpíce Ver las visitas de Durtain al instituto de Física y Biologia de Moscú. al Comisariado del Pueblo de Salud Pública e Higiene, sus ena trevistas con el profesor Semachsko yel profesor La zareff. Enr ope. 15 de diciembre de 1927. lbid. Recibo frecuentemente de Rusia novelas, obras de talen. to, b1en presentadas, bren editadas en estos días ultimos un remarcable libro de Miguel Pnschvin, con prefacio de Gorki. Se respira en él un optmnsmo vrgoroso. Es evidente que estos escritores rusos no hacen iigura de márnres. Scott Am ufe. Yo sé y digo, como vosotros, que sobre los escritos.
en Rusia la vergiienza de la censura pesa siempre. La he combatido siempre, no una vez sino diez. Si tís al número del 15 de octubre de esta revista, encontraréis con una carta al Libertaire. una carta a Lunat, charsky, en la cual defiendo, sin compromisos, la libre discusión, la santa libertad del espiritu contra todos sus os remiopresores, rojos, blancos, negros (no distingo entre los colores de las mordazas)i.
Pero, entre paréntesis, no es a nosotros, Balmont. quienes se descubre la existencia de la censura. Personal mente, ella no solo me ha amordazado en mi país, sino difamado sin acordar a mis amigos los medios de de. fenderme. estad tranquilos, si por el momento se ha despedido, regresará a Occidente. La Rusia Soviética no tiene su monopolio. Esta pretensión lastimaria el amor propio quisquilloso del Duce que vigila el silencio de ltalia.
Dejemos este vano debate. En la hora presente, la libertad. del espiritu está. en todas partes amenazada; y quien puede, la secuestra. En las luchas que se preparan, en Europa como en Estados Unidos, estamos bien seguros los intelec.
tuales libres de recibir los primeros golpes! Vno nos sorprendernos de que nuestros colegas de Rusia hagan su experiencia. Defendiéndolos, tenemos que deshabituarnos de la ilusión egocentrista de que nuestros solos intereses son los de toda la humanidad. En vuestra Rusia, las nueve décimas partes se componen de campesinos y pueblo obrero. vosotros habéis mostrado, vos mismo, Bunin (y antes que vosotros, muchos escritores rusos) el pantano estagnante de esta masa humana, la bruma opaca y fétida que la recubria, la miseria del cuerpo y del pensamiento, lamuerte lenta, el amortajamiento, el Lasciate ogni esperanza! sin que vuestratriste compasión les ofreciera la menor puerta de salud. Bien, vosotros debéis saber ahora lo que ha salido del pantano. Leed La Aldea Soviética de Guido Miglioli(5. He ahí.
el testimonio documentado de un hombre a quien nada dísp0j a a la simpatía por el espiritu ruso y comunista. Miglioll es un diputado italiano, católico, liberal, a las antípodas del comunismo. Pero, campesino, familiarizado desde la infancia con los problemas de la economia agraria, ha ido a eStudiar en el terreno al campesino ruso, ha hecho dos v1aje5.
ha pasado un año en Rusia europea y ha recorrido sus principales regiones. El resultado de su encuesta está ahí bajo vuestros ojos. Discutidlo con él! Si es cierto, corno Miglioli havisto, que se ha formado este nuevo. tiPº de campesino que ha sacudido la inercia secular, que ha roto las rutinas, que sabe aprovechar de las enseñanzas de la ciencia y despierta con él la tierra adºrmecida. si es cierto que han surgido estas formas nuevas de organización rural, animada por una vigorosa vºluntad común, iluminada por una, conciencia segura de sus energias este alumbramiento bien vale las. mlserias que por él han debido pagar la burguesía y 105 intelectuales, momentáneamente sacrificados. lo que Miglioli ha visto, no ha sido el solo en descubrirlo; Nº. Otra verguenza, y peor aún, más degradante, que no pensamos en disimular, que nos inspira como a vosotros una repugnancia sin limites es la delacióu. Este innoble veneno, que insidia las almas de u 13 nación, y al cual muchas almas en Rusia sehan habituado, lo denuncw mos con desprecio. Pero a la Revolución Rusa no le pertenece tampocº su invención. Grasaba ya en Rusia en los tiempos del zarismo: de el 05 ha venido esa monstruosa organización de policia secreta con sus agentes internacionales de espionaje y corrupción; mucho antes de 1914, 19 hemos conocido aquí mismo en Francia, y los efectos de su desmorallzación en la coloma de refugiados rusos. Pero nosotros mismos, los franceses. no hemos visto hacer nºfblico llamamiento a la santa Delación. esta plaga purulenta no ha rotdo la médula de las famosas Repúblicas griegas yromana que, desde hl ce diez siglos, son ofrecidas peligrosamente. nuestra admiración servil. de viejosescolares. Cautericemos esta llama con hierro candente.
Pero cautericémosla en aquellos que la envuelven en hipocresía y retórica. lo mismo que en aquellos que la exhiben al sol. odos los ES tados apestan. Editado por la Librairie du Travail, Parts. 1927.