Amauta Un sal amarillento y nauseabundo se esparcla en el horizonte. Los cuatro estiraran los cuellos para rnirar desde la calle por una ventana. Era una ventana provinciana, casi sin vidrios. insumisa enemiga del viento. Los cua» tro volvieron a mirar. Las gentes se preguntaban que co sa eran los cuatro. Si eran hombres, nadie tenía seguridad de que lo fuesen. Tenían apenas, los vestidos y las fac. ciones. Nadie sabia tampoco sus edades. No se contaba siquiera un viejo que los hubiera visto nacer: Las apariencias nos pintaban edades diversas. Mientol Las gentes no se preguntaban nada. Los únicos que se lo preguntaban todo eran los cuatro. A despecho del sol, ellos quisieron mirar de nuevo.
Pero por tercera vez se encontraron cara a cara con el sol.
El segundo quiso cargársela en el pecho, mientras los otros tres miraban; pero fue en vano. No tuvieron más remedio que cargarlo en las espaldas simultáneamente. y entonces mirar. Dentro estaba el quinto, sentadº ante su mesa entre viejas papelates que relela y entre viejas libros que chapatcaba. Aquellos eran sus cartas, sus amadas epistolas escritas a amadas epistolares.
Era su única forma de amor, ante mujeres que nunca había vista. que con conocerla habrían tenido bastante y demasiado. Sus libros eran un tomo de obras completas de Petrarca y La Divina Comedia del Dante. Relegados habia un Manual del Perfumista, una Colección del Cancionero de Lima con anotaciones. Le obsesionaba grande mente la figura inmortal. aunque vaga. decla él de Laura.
Pero las páginas de Petrarca como las de la Divina Comedia, le eran, casi del todo, incomprensibles. Ycavilaba y su cavilacidn terminaba en sueña. Se dominaba, al fin, y pro seguta sus infructuosas incursiones por los maestros ita lianas. Mirarán las cuatro y se confrontaran las caras. El crepúsculo los invitóal pasea. Se encaminaron pasa a paso a la taberna.
Era indudablemente dla de inspiración del quinto. Días de inspiración eran aquellas que seguían a noches de juer ga, a noches alcohólicas. Regresuba del club y no se acos taba, ni siquiera dormia un momento. Aprovechaba todos los partos de su imaginación calenturienta. Al fin del día se encontraba con unhacinamiento inusitado de producciones.
Entonces y sólo entonces se echaba a dormir apacible mente. Ysu sueño duraba todo el dia siguiente. Al fin y al cabo era ecana mico: ese día no comía. Un consuela le daba Edison: el hombre que trabaja intelectualmente na necesita comermucha ni dormir. En la del sueño se le apanta. Dormir era para e. un placer. De este modo practi caba a Nietzche sin haberlo leido. Dla de inspiración era aquel. Dias famosos para ¿l.
Fruto de ellos eran dos volúmenes que no encontraba donde editar. Pero había una causa más poderosa: no sabía que.
titulos ponerles. El quinto profesaba un odio a muerte a todo la que fuera títulos. Llamar a mi obra por la que es deola basta. Pero no encontraba la que era su obraSoñaba editarla en la imprenta El Puma. Todo arreelada, menos el dinero, menos los titulos. Otra cosa menos. Me acuerdo ahora que le faltaba el talento. Yse me habia olvidado esto, porque los cuatro decian que el talento era poca casa. Minima cosa. El penSaba lº contrario. Por eso no era amigo de ellas. Encantraba su negación. Era lo más que podía encontrar. Eso les pasa a los grandes hombres. La eterna incomprensw de los imbéciles Imbéciles eran las cuatro. Pero el seguía siendo amigo de ellos, apesar de todo. Apesar de que reían de el; apesar de que la espiaban por la ventana; apesar de que lo dejaban en paz; apesar de que lo respetaban co Ino alimbe eil mayor; apesar de todo. Encantraba su ne gación. u a ML w:wnssh vga Pon ESTUARDO NUñ :z 15 El quinto se preguntaba muchas veces porqué para lle gar a la capital habia que caminar veinticuatro horas a mala, durmiendo en una taberna. Bien podría cerrarse los ajos por un minuto, desear ardientemenie estar en Lima y al abrirlos encontrarse en la plazuela de Cocharcas. por donde entra Piérola. en su Colección del Cancionero ha bla encontrado una copla que le daba el dato. Pero pensar a desear era muy poca. Era menester querer; El ¡nismo praberbio lo decia; Pensó que esforzándose con toda su voluntad podia hallarse en Lima. Pero ni pensando ni queriendo vislumbra pronto conseguir su propósito.
No se explicaba parque. Porqué era necesario que viviera en una ciudad provinciana. Porqué en Lima se desdeñaba al provinciana. Porqué no podria imprimir sus libros. Porqué no había nacido rico. Porqué Dios había puesto de impresor a un viejo maldita que le rechazaba sus obras. Porqué. Se sintió atormentado por tantas porqué. Las cuatro por su parte eran incapaces de hacerlo. Cuán. da mucho se habrian reido a carcajadas. No. Con los cua tro bien se podria conversar de otras cosas. De otras cosas más prácticas.
Era el coleccionista de crepúsculos. Tenia casi un centenar de descripciones de crepúsculo diferentes. Todos diferentes. Tuvo el buen cuidado de eliminarlos iguales. Pero no se contentaba con ésto. Su labor verdadertz era la de coleccionista de descripciones de distintos autores. Y, ante todo, de investigar si un mismo autor tenia varias. Si tuviera la Biblioteca Nacional a su disposición! Las crepúsculos son un libro abierto para los hombres.
Amaneció un dia más temprana que nunca. Era un dia extraño y no como las plomizas de costumbre. El quinto es taba tan habituado a ellas que enseguida le llama la atención Pero no enseguida de que amaneciera el día, sino en seguida de que abriera sus ventanas, a las 10. Como de costumbre pensó muchas cosas. Un día como este tenia secretas muy grandes. Es como un baúl que nos mandan de fuera. la abrimos y se nos aparecen una cantidad insospechada de no vedades. Sacamas contenidamente cosa por casa, porque bien quisieramos volcarla y verlo todo de una vez. Pero como iba a volver el dia, preferible era armarse de pacien cia y ir viendo todo gradualmente. Sacar cosa por casa del baul. Que una sorpresa venga tras otra y que tras esta venga una nueva. El baul era muy grande a el se le antajaba el día muy largo y asi como habla sorpresas habria muchas casas comunes. Conforme se acercaba al fonda sus esfuerzos eran mayores. Sentía dolor en los riñones ¡Que estaria en el fondo? El ya se lo imaginaba. Le interesaba conocer el estado en que lo encontraría. El baul era tan grande que por momentos pensaba encontrar el fondo pero a su vista surgían casas nuevas, algunas nunca vistas. Eran las cuatro de la tarde) más casas y mas cosas. De pronto sintió una cosa blanda, húmeda.
elastica, y más abajo¿ el fondo: Habia encontrado el. crepúsculo. ESTUARDO Nuñez cº o