Amauta DE POR ANTBRO. Leyendo. los indianizantos especialmente a los cuentis tas pensarán los que no conocen la vida tahuantinsuyana que en los Andes abundan los don Juan y doña Inés, los Romeos y las Julietaa, las Cleopatra y los Césares. Recordarán las leyendas de Alos machos cabrios y las hazañas de Amor flechador con todos. los requiebros y cuitas consiguientes. Imaginaria quizá los bal. eones románticos de las noches de luna los cabarets color carne en desborde de sensualidad. no otra cosa conducen la tal ta de observación directa del medio y la fácil imaginación de los que escriben sobre indianismb en París, en Buenos Aires, en Madrid, en Lima. base de datos históricos, más o menos acomodados al modo de ser europeo, fantasean hasta la nzajaderia.
sin embargo, es muy otra la realidad.
El indio actual, de las sierras del Perú, es un enigma para el sicólozo occidentalista que trate de sorprender su tempera mento erótico. Es frío, indiferente, inexpresivo en sus relaciones sexuales. Esto en lo que respecta a la manifestación exte rior, que muy bien puede ser aparienciai; pero observando con más cuidado esas relaciones se advierte, aunque imprecisamente. cierta tonalidad amorosa, rara, algo primitiva, esencialmente ins. tintiva, casi animal. La famosa teoria del instinto de la especie Darece cumplirse en el sentido de prolongación automática, di remos mejor biológica, de la raza. El indio concibe seguramente un tipo de amor de dificil comprensión para las mentalidades europeisantes. que concuerda con la proporcionalidad métrica, ingeniada por su raza, en lo somático, y, con su ideal sim bólico de belleza en lo siquico. Esto último se advierte en su concepto de ¡um ce uña (joven hermosa) de sus cuentos y leVendas. Pero esa doble concepción debe ser ingenua, sin refinamiento alguno que haga presumir la lubricidad y sin emotivi dad profunda que lleve hasta la pasión. Las canciones y narra ciones amatorias que tenemos de la época incaica no autorizan Para seguir aplicando los mismos motivos eróticos a los complejos.
sexuales del indio de hoy. La civilización incaica, en su apogeo determinaba, libre y poderosamente, las maneras propias de sus Expansiones vitales; pero, desde que se descentró, se disgregó y fué arrollada por otras civilizaciones y desde que los hombres que la crearon fueron condenados a la servidumbro, y la degeneración, no pudo ya actuar normalmente. Y, por ende, la sicología indivi dual y colectiva se hubo de retraer, deprimir, decaer y hasta de. generar; presentando a la larga una caparazón de defensa contra las miradas escudriñadoras de los dominadores. Dead entonces las variantes de la actividad sicológica del indio se desenVuelven a puerta cerrada. El espíritu de la raza autóctona cuenta los siglos dentro de esa caparazón, que será vulnerado no precis¿¡ll lente por los indianizantes sino por los impulsos o explosiones de su propia sangre.
Da grima leer algunos cuentos andinistas en que se pinta al Protagonista indio flirteando y besando a la manera de Rodolfº Valentino en que se parodia los conflictos emocionales de na Maria de Jorge Isaacs. Cuando es cosa sabida que la boca del indio no desempeña más funciones que las de hablar, comer y Piccbar. y no besar y es también cosa sahida que él no hace uso de piéambulos para la posesión de la hembra. Así, a lo menos, he observado en los pocos indios de la provincia de Parinacbchas (en Ayacucho. No obstante. reemplazan algunas veces el beso con la senil. Consiste la son. en frotar el indio con su mentón. la frente de la. india, empleando el procedi miento de la fuerza.
Algunos pueblos asiáticos también proscriben el beso; pero, como sucede con los niponas, por ejemplo, las prescripciones hi8iénicas y religiosas determinan este modo negativo de proceder.
Más, el indigena, por desconocer los relinamientos eróticos, no Sabe del placer de fusionar cuatro labios.
El léxico y la literatura mismos de nuestros indios son pobres tratándose de las modalidades amorosas. Las palabras castella me estoy ocupando del indio contemporaneo. 29II. INDIO PERALTA Vnas AMOR y CORAZON, verbigracia, no tienen equivalentes, con el mismo significado, en el quechua, z6n) no tiene otra significación que la anatómica. Respecto de la palabra munacui (querer) y de algunas otras sinónimas que consignan los diccionarios quechuas y que han caido en desuso, podemos afirmar que no corresponden a las castellanas en su intención. Los autores de dichos diccionarios no han sabido interpretar el sentido de las palabras quechuas a que nos referi mos: sólo han tratado de encontrar, a toda costa, las equivalentes de los vocablos españoles. Después de todo, el significado de las palabras varía con relación al tiempo, y, no se pierda de vista que La existencia, pues.
de voces apropiadas que testimonien haberse conjurado el sentimien to amor hace pensar ya en la existencia del amor indio. Podria. deducirse tal vez que el indio no ama o ha perdido la costumbre.
de amar. Pero, ya hemos dicho que ama y ama en estilo propio.
En cuanto a la literatura podemos decir que no existe como crea ción sino como herencia. El indio actual no crea una sola canción amatoria. rumia los cantares y leyendas de hace varios siglos a repite las pocas creaciones del neo indio (Llamo neo indio a!
cholo y al blanco nacidos en la sierra y también al indio puro que.
ha entrado en la danza cultural. De aqui que no pueda precisarse la naturaleza o clase de moi en el regnicola. Tan frío como es, no se toma siquiera, en la. ge neralidad de los casos, la molestia de elegir su cara mitad.
En la misma provincia de Parlnacochas be presenciado casos en que el indio cuco. mienda al cara o al que va a ser su podrl. no la tarea de buscarle una novia y casarse. sin más trámite con aquella que aquéllos le consiguen.
Es corriente en muchos pueblos de la sierra que el cura improviso matrimonios des pués de una misa, y en una fiesta, como la.
Navidad, por ejemplo, resultando de tal gui sa los enlaces que los mozos y mozas que van cayendo en manos de los ayudantes del cura llegan a. ser esposos sin haberlo pensado siquiera antes. lo más curioso de estos ma. trimonios, que podemos llamar colectivos, es que los flamantes esposos quedan tan con. tentos quizá resignados. como si hubiesen sido novios. En último análisis diré que el tipo de amor de los indios no ca be dentro de ninguna clasificación, a lo menos de las que conozco.
Podria asegurarse. empero, que se acerca a la forma de amor de los autistas graves (hombres frios, reconcentrados o metidos en si) de que habla Emst Kretscbmer. Pero autistas graves de mentalidad un tanto primitiva y de temperamento erótico reducido a la necesidad biológica de la perpetuación de la raza.
Creo haber generalizado demasiado en mis conclusiones. Por eso, para mejor entendimiento, quisiera conocer las opiniones de publicistas (como Enrique López Albújar, Luis Valcárcel, Uriel. Garcia, etc. al respecto, con el fin primordial de enmendar la fan. tasía de los que explotan los motivos tabuantinsuyanos. Las cues tiones sicológicas, como la que nos ocupamos, son complejisimas; tan complejísimas como el decantado problema indigena. Varími enormemente de una localidad a otra de nuestra sierra. Genera.
lizar estudios al respecto equivale a hablar de paper reta. Las costumbres, necesidades y maneras de vivir de las provincias de un mismo departamento no obedecen al mismo ritmo existencial. No todo es lomesmo. i a¡¿nm Peraiu.
El vocablo soncco (coro