contrato individual. No son los individuos aislados ios que alquilan su trabajo a un propietario o contratista; son mancomunadamente todos los hombres útiles de la parcia lidad.
LA comunican er. LATIFUNDIO La defensa de la comunidad indígena no reposa en. principios abstractos de justicia ni en sentimentales. consi mente incapaz de progreso técnico. 17)
deraciones tradicionalistas, sino en razones concretas y prácticas de orden económico y social. La propiedad comunal no representa en el Perú una economía primitiva a la que haya reemplazado gradualmente una economía progresiva fundada en la propiedad individual. Nó; las comunidades han sido despejadas de sus tierras en proconstitucionalvecho del latifundio feudal o semi feudal, En la costa, el latifundio ha evolucionado, dnde el punto de vista de los cultivos, de la rutina feudal a la aparecido como explotación comunista de la tierra.
técnica capitalista, mientras la comunidad indígena ha desPero en la sierra, el latifundio ha conservado íntegramente su capitalista.
carácter feudal, oponiendo una resistencia mucho mayor.
que la comunidad al desenvolvimiento de la economía La comunidad. en efecto, cuando se ha ar tículado, por el paso de un ferrocarril, con el sistema comercial y las vias de transporte centrales, ha llegadoa transformarse espontáneamente, en una cooperativa. Castro Pozo, que como jefe de la sección de asuntos indí genas del Ministerio de Fomento acopió abundantes datos. sobre la vida de las comunidades, señala y destaca el sugestivo caso de la parcialidad de Muquiyauyo, de la cual dice que presenta los caracteres de las cooperativas de producción, consumo y crédito. Dueño de una magni fica instalación planta eléctrica en las orillas del Mantaro, por medio de la cual proporciona luz y fuerza mo triz, para pequeñas industrias en los distritos de Jauja, Concepción, Mito, Muqui, Sincos, Huarípampa y Muquiyauyo, se ha transformado en la institución comunal por excelencia; en la que no se han relajado las costumbres. indígenas, y antes bien han aprovechado de ellas para lle. var a cabo la obra de la empresa; han sabido disponer. del dinero que disponían empleándolo en la adquisición de las grandes maquinarias y ahorrando el valor de la.
mano de obra que la parcialidad ha ejecutado, lo mismo. que si se tratara de la construcción de un edificio comunal. por mingas en las que hasta las mujeres han sido elementos útiles en el acarreo de los materiales de construc ción. 19. La comparación de la comunidad y el latifundio. como empresa de producción agrícola, es desfavorable para el latifundio. Dentro del régimen capitalista, la gran pro u piedad sustituye y desaloja a la pequeña propiedad ragrí cola por su aptitud para intensificar la producción mediante el empleo de una técnica avanzada de cultivo. La inx dustrlalización de la agricultura, trae aparejada la concentración de la propiedad agraria. La gran propiedad apa. rece entonces justificada por el interés de la producción. identificado, teóricamente por lo menos, con el interés te los mismos de las comunidades.
de la sociedad. Pero el latifundio no tiene el mismo efecto, ni responde, por consiguiente, a una necesidad. Salvo los casos de las haciendas de caña. económica.
que se dedican a la produccrón de aguardiente con des. tinoalaintoxicaciónyembrutecimiento delcampesino indíge. na, los cultivos de los latifundios serranos, son generalmen las cifras de la producción no difieren; La falta de estadística agrícola no permite establecer con exactitud las diferencias parciales; pero todos los datos disponibles autorizan a sostener que los rendimientos de los cultivos de las comunidades, no son, en su promedio, inferiores a los cultivos de los latifundios. La única estadística de producción de. l:e:imuu vAmaula la sierra, la del trigo, sufraga esta conclusión. Castro Pozo, resumiendo los datos de esta estadística en 1917l8, escribe lo siguiente. La cosecha resultó, término inc dio, en 450 y 580 kilos por cada hectárea para la propiedad comunal e individual, respectivamente. Si se tiene en cuenta que las mejores tierras de producción han pasado a poder de los terratenientes, pues la lucha por aque¿ llas en los departamentos del Sur ha llegado hasta el. tremo de eliminar al poseedor indígena por la vwlencra o masacrándolo, y que la ignorancia del comunero lo lleva de preferencia a ocultarlos datos exactos relativos al monto de la cosecha, disminuyéndola por temor de nue vos impuestos o exacciones de parte de las autoridades políticas subalternas o recaudadores de éstos, se colegirá fácilmente que la diferencia en la producción por hectá rea a favor del bien de la propiedad individual no es exacta y que razonablemente, se la debe dar por no enstente. por cuanto los medios de producción y de cultivo. en una y otras propiedades, son idénticos. 20. En la Rusia feu dal del siglo pasado, el latifundio tenia rendimientos mayores que los de la pequeña propiedad. Las cifras en hectólitros y por hectárea eran las siguientes: para el centeno: ll. contra 4; para el trigo: ll contra l; para la avena: 15. contra 12. 7; para la cebada: 11. contra 10. 5; para las patatas: 92. contra 72. 21. El latifundio de la sierra peruana resulta; pues, por. debajo del excecrado latifundio de la Rusia zarista co, mo factor de producción. La comunidad. en cambio, de una parte acusa capacidad efectiva de desarrollo y transformación y de otra parte se presenta como un sistema de producción que mantiemzíximo rendimiento como trabajador. Castro Pozo hace una observación muy justa cuando escribe que la comu nidad indígena conserva dos grandes principios económi cos sociales que hasta el presente ni la ciencia sacialo gíea ni el empirismo de los grandes industrialistas Izan podido resolver satisfactoriamente: el contrato múltiple del trabajo y la realizacián de éste con menor desgaste fisiológico y en un ambiente de agradabílidad, emulaeion y compañerismo. 22. Disolviendo o relajando la comunidad. el régimen del latifundio feudal. no sólo ha atacado una institución económica sino también, y sobre todo, una institución social que defiende la tradición indígena, que conserva la función dela familia campesina y que traduce ese sentimiento jurídico popular al que tan alto valor asignan Proudhon y Sorel. 23. Xi EL REGIMEN De rRamjo. seavmumsney SALARIADO El régimen ¡de trabajo está determinado principalmen te, en la agricultura, por el régimen de propiedad. No es posible, por tanto, sorprenderse de que en la misma medida en que sobrevive en el Perú el latifundio feudal, sobreviva también, bajo diversas formas y con distintos nombres, la servidumbre. La diferencia entre la agricultura de la costa y la agricultura de la sierra, aparece menor en lo que concierne al trabajo que en lo que respecta a la técnica. La agricultura de la costa ha evolucionado con más o menos prontitud hacia una técnica capitalista en el cultivo del suelo y la transformación y comercio de los productos: Pero, en cambio, se ha mantenido demasiado estacionaria en su criterio y conducta respecto al trabajo.
Acerca del trabajador, el latifundio colonial no ha renunciado a sus hábitos feudales sino cuando las circunstan cias se lo han exigido de modo perentorio.
Este fenómeno se explica, no sólo por hecho de haber conservado la propiedad de la tierra los antiguos señores feudales, que han adoptado. como intermediarios del capital extranjero, la práctica, más nó el espíritu del a ww e u. s¿ixus e;n muay mm ;m»uúuvfpesmk ms ade. ne vivos en el indio los estímulos morales necesarios para su