lº. Amauta UNAH NOCHE TERRIBLE 71 pon M¡ou. zºscn uzuko CAPITULO (1)
Boris lvanovich Kototeyev vivió así hasta los 37 a ños. Muy probablemente vivirá todavía largo tiempo. Es un hombre sanisimo, robusto, de ancha osamenta. Si Boris lvanovich cojea ligeramente, en modo apenas percePtible, es porque, bajo. el régimen zarista, se laceró el pié. Pero el pie no le habia impedido vivir. Vivía siemPfe Igualmente y bien. Todo era adecuado a sus tuer zas. no tenia duda acerca de nada. Nó; tenia solamente una duda, la duda sobre la inquebrantable firmeza de la vida. Esto había empezado en Boris lvanovich en los años de la juventud. V, como el autor lo ha dicho ya, precisamente en la época del acontecimiento amoroso.
La novela algo infortunada con la corista habia for zado a Boris lvanovich a reflexionar sobre su vida. en un pequeño círculo de compañeros, alguna vez, Boris vanovich comenzaba a hablar un poco nebulosa y desordenadamente de esta duda. Todo es extraño, señores, decía Boris lvanovich. Por ejemplo, yo he tenido, como Uds. saben, una novela con Lisetta, con la corista. Permítame señores que les pregunte por qué esto ha sucedido precisamente con Bibikova Lisetta y no con Marietta Jegorova.
Habitualmente, ante esta pregunta. los interlocutores comenzaban a reirse de Kotofeyev, hacían chasquear la lengua. y concluian interesándose por los detalles de la novela y tentando de saber si no había habido tambien al. guna cosa con Marietta.
Entonces Kototeyev se mortificaba. gesticulaba para que lo dejaran en paz y callaba, pensando cómo en la vida todo es casual, poco claro e instable.
Y, verdaderamente. oh lector, cómo todo es casual en nuestra vida! Es casual nuestro nacimiento, es casual la existencia, compuesta de circunstancias estúpidas y casuales, y la muerte es casual. Todo esto hace pensar deveras que no haya sobre la tierra ninguna ley rígida. porqué los hombres no quieren confesarlo. por ué los h9mbres atribuyen fines extraordinarios a la Humanidad?
Sm embargo lo piensan. si lo confesaran. sería acaso mejor para todos? asi, no se hace sino tonterías. Verdaderamente. cuál rigida ley puede existir, cuando todo Cambia bajo nuestros ojos, todo. vacila, comenzando por las cosas más grandes hasta las mas mezquinas reflexiones humanas? Muchas generaciones y hasta pueblos en te ros han estado educados en la tesis de que el amor ethtd y de que, pongamos, el Zar es un fenómeno inexplic able. ahora un filosofuelo cualquiera, con una ligereza extraordinaria, de un solo rasgo de pluma, demuestra lo contrario. bien la ciencia. Aquí ya todo parecia terriblemente persuasiva y justo, pero mirad atrás todo es falso todo cambia con el tiempo. El autor es un hombre sm cultura superior que se la pasa dificilmente conla cronologia y con los nombres propios y por esto no se mete a hacer inútiles demostracione5. Pero tú ¡oh lector! créeme, que cuanto digo es verdadero. Asi es en toda nuestra vida, hasta en nuestra vida bruta tristc hasta el llanto también en ella todo es casual, mstable e inconstante.
En esto. Boris lvanovich seguramente no pensaba, Aunque no fuese estúpido y tuviese una cultura media, no era mentalmente tan desarrollado corrio ciertos litera tos. Sin embargo, en cierto plano mezquino de su existencia cuotidiana, había notado una pérfida trama. aún habla comenzado desde hacia algun tiempo, a temer por la estabilidad de su Destino. Esta duda habla penetrado en su alma en los años de la juventud. Pero una vez, esta duda se convirtió en una flama.
Regresando a su casa por la Avenida Posterior, Boris lvanovich, se dió de manos a boca con una figura oscura.
La figura se paró delante de Boris lvanovich y con voz delgada pidió limosna.
Boris lvanovich, se metió la mano en el bolsillo, sacó algunas monedas y las ofreció al mendicante.
Este se confundió y se cubrió con la mano la garganta como si quisiera excusarse de no tener cuello ni corbata.
Después con la misma voz flaca, dijo que era un expropietario arruinado por sus ideas políticas y que antes tambien. él habia dado alos pobres dinero a manos llenas, pero que ahora, a causa del curso de la nueva vida democrática, se veia obligado a pedir limosna.
Boris lvanovich comenzó a interrogar al mendigo, interesándose por los detalles de su vida pasada. bien, dijo el mendigo lisonjeado por la atención. He sido un propietario terriblemente rico, un rico desprec cupado y ahora, en cambio, como vé usted, me encuentro en la miseria, estoy mal y no tengo qué comer. Todo, buen ciudadano, cambia en la vida a su tiempo.
Después de dar una moneda al mendigo, Boris lvanovich se encaminó lentamente a su casa. No tenia piedad del mendigo, mas una cierta vaga inquietud se apoderaba de su ánimo. Todo en la vida cambia a su tiempo, borbotaba el buen Boris lvanovich regresando a su. casa.
En su casa Boris lvanovich contó a su mujer Lucheria Petrovna, el encuentro que habia tenido, cargando las tintas y agregando algún detalle de su propia invención, como, por ejemplo, que el expropietario, habia arrojado un tiempo el oro a los mendigos y que hasta les había roto las narices con sus pesadas monedas. qué. dijo la mujer Ha vivido antes bien y ahora mal: En esto no hay nada de tan terrible y sorprendente.
No hace falta buscar muy lejos los ejemplos. También nuestro vecino está en las más escuálida miseria. Lucheria Petrovna, contó cómo el exmaestro de caligrafia, ivan Semionovich Kuschakef, se habia quedado sin nada enla vida. tambien él había vivido bien y hasta habia fumado puros.
Kototeycv tomó igualmentea pecho el caso de este maestro. Comenzó a preguntar a su mujer porqué y cómo había caído enla miseria. Se apoderó de él el deseo de ver al desdichado. Lo dominó de improvtso un cálido interés por su vida de miseria. rogó a su mujer, Lucheria Petrovna, irlo mas pronto a buscarlo para conducirlo a la casa y ofrecerle el té. Luego de injuriar a su marido, para no faltar a la regla, y de llamarlo zonzo, Lucheria Petrovna se puso un chal y guia buscar al maestro dominada por una terrible curiosia. El maestro Ivan Semionovich Kuchakev vino casi inmediatamente. Era un viejecito pequeño, un poco canuto y seco, vestido con un largo y consumido stíffelius sin chaleco. La camisa sucia, sin cuello, sobresalía sobre el pecho toda amontonada. el botón de metal. de un amarillo terriblemente pronunciado, se destacaba exajeradamente delante.
La barba grisásea crecía sobre las mejillas del maestro de caligrafia, que no se había afeitado quién sabe cuánto tiempo. como un pequeño césped.
Entró en la estancia, trotándose las manos, mientras acababa de masticar alguna cosa. Saludó reposadamente, pero casi alegre a Kotofeyev. Después se sentó a la mesa y, acercándose el plato con el pan y las pasas, cómen26 a masticar, sonriendo apenas bajo la nariz.