7 En balde se habla de humanismo en las cátedras de filosofía y ser in estériles t3das las efusiones kantianas que afirman, en teoria, una libertad metafísica, limitada al claustro inviolable de la.
conciencia, si no se comienza por rectificar con claridad y firmeza el preconcepto juridico secular, mantenido por el liberalismo del siglo XIX aun en medio de la sonora declamación libertaria pura mente sentimental.
Para establecer el verdadero carácter de lav libertad del indi viduo, es indispensable realizar la previa discriminaciñu de los as pectos females y objetivos que esa libertad reviste, depurándola de todas las mezclas extrañas a su naturaleza, como son los derechos de índole patrimonial, que se refieren a los bienes o cosas.
El sistema jurídico del siglo XIX es contradictorio y frecuen temente anula. el valor teórico de las declaraciones, reduciéndolas a simples fórmulas de aspiración idealista. Ejemplo: la inalienabilidad e inviolabilidad absolutas de los derechos del hombre; las cuales, por extremosas y absurdas, resultan imposibles y contraproducentes, como lo prueba luego la necesidad de acordar y hasta de subordinar la mayor parte de tales derechos al interés social, que sólo se concilia con la verdadera libertad, es decir, con aquellos derechos individuales que asegu nn, en la medida que corresponde, el logro de los legítimos fines del individuo.
No es dificil rastrear, entre la frondosidad doctrinaria del liberalismo jurídico en trance de caducidad inminente, la tenta tiva de una separación fundamental entre los verdaderos derechos iddividuales y los que se refieren al patrimonio. Basta para ello.
recordar que, no obstante la insistencia con que se declara inviolable la propiedad privada, cuida el Estado de reservarse la facultad de expropiar, con propósitos de utilidad pública, lo que vale tanto como negarle prácticamente al derecho de propiedad el carácter esencial de un verdadero derecho del individuo, inherente a su condición de persona, tal como lo quiere el derecho natural que sirvió de fundamento filosófico al sistema.
En efecto, no sería posible expropiar el objeto o contenido de los verdaderos derechos individuales que integran la libertad personal, porque sólo son expropiables los bienes y de ningún modo la facultad de hacer que esos verdaderos derechos acuerda, La. limitación constitucional o legal que fija la medida de los derechos individuales en hombre del interés de la sociedad cuando llegan producirse conflicto entre ella y el individuo, no se parece en nada a una expropiación, sino que se convierte en el encauzamiento obligado y necesario de energías particulares, haciéndolas concurrentes cada vez que tiendan a ser divergentes y antiv sociales. Cuando se consagre definitivamente la caracterización de los verdaderos derechos individuales constitutivos de la libertad personal, se desvaneceráu todas las dudas acerca de la extensión del Habeas Corpus y nadie se lo ocurrirá aplicar esta preciosa garantia en favor de los bienes o de sus propietarios, poseedores o usufructuarios. El procesº de Gai nonaiiárno partir de nuestro práximo número reanudaremos la publicación de nuestro Boletín de Defensa Indígena. Las pro testas y denuncias que componen el ma teria! conque contamos, por ahora, para esta sección corresponden a fechas atrosadas, de suerte que requieren confirmación por parte de los interesados.
Amauta pensanonfc e La ¿n, a zn EL, ESFUE RZO. por RAFAELBARRET. La vida es un arma. Dónde herir, sobre que obstáculo crispar nuestros músculos, de qué cumbre colgar nuestros deseos. Será me or gastamos de un golpe y morir la muerte ardiente de la bala aplastada contra el. muro, o envejecer en el camino sm termmo y sobrev1v1r a la e5peranza? Las fuerzas que el destino olvidó un ins tante en nuestras manos, son fuerzas de tempestad. Pa¡ra el que tiene los ojos abiertos y el oído en guardia, para el que se ha incorporado una vez sobre la carne, la realidad es angustia. Gemidos de aganza. clamores de triunfo se oyen en la noc ze. Nuestras pasiones, como una jauría impaciente, olfalean el peligro y la glpr a. Nos adr vinamos dueños de lo imposible, y nuestro espíritu ávido se desgarro. Poner el pié en la playa virgen, agitar lo Imaravillo.
so que duerme. sentir el soplo de. lo desconocido,. el es tremecimiento de una forma nu eva: he aqui lo necesario.
Mas vale la horrible que la yo. Mas vale deformaroue repetir. An! es destruir que tomar. Vengan los monstruos si son jóvenes. El mal es lo que vamos de¡ando a nues. tras espaldas. La belleza es el misterio que nace. ese hecho sublime, el advenimiento de lo que jamás existió, debe verificarse en las profu nd1dades de nucstro ser;Dro ses de un minuto, qué nos importan los martmos de la ¡amada, qué importa el decenlace negro, si podemos cºntestar a la naturaleza. No me creaste un vaso!
Es preciso que el hombre se mire, y se dig3: oy una herramienta. Traigamos a nuestra alma el sentimien to familiar del trabajo silencioso, y admiremos en ella la hermosura del mundo. Somos un medio, si, pero el fin es grande. Somos chispas fugitivas de. una luminosa ho guera. La majestad del Universo brilla sobre nosotros, y vuelve sagrado nuestro esfuerzo humilde. Por poco que seamos, lo seremos todo si nos entregamos por entero.
Hemos salido de las sombras para abrdzarnos en llama; hemos aparecido para distribuir nuestra sustancia y ennablerer las rosas. Nuestra misión es sembrar los pedazos de nuestro cuerpo y de nuestra inteligencia; abrir nuestras entrañas para que nuestro genio y nuestra sangre circulen por la tierra. Existimos en cuanto nos damos negamos es desvanreernos ignominiosam ente. Somos una promesa; el vehículo de intenciones msondables. VIVI, mos por nuestros frutos; elúnico crimen esla esterilidad.
Nuestro csiuerm se enlaza a los innuinerablcs esfuerzos del espacio y del tiempo. y se identifica con el es. fuerzo universal. Nuestro grito resuena por los ámbitos sin límite. Al movernos hacemos temblar a los astros.
Ni un átomo, ni una ide: se pierde en la eternidad.
Somos hermanos, de las piedras. de nuestra choza, de los árboles sensibles y de los insectos veloces. Somos hermanos hasta de los imbéciles y de los criminales, ensayos sin éxito. hijos iracasadós de la madre común. Somos hermanos hasta de la fatalídad que nos aplasta. Al luchar y al vencer colaboramos en la obra cnorme, y tam bién colaboramos al ser vencidos. El dolor y el. amour lamiento son también útiles. Bajo la guerra interminable y feroz canta una inmensa armonía. Lentamente se prolongan nuestros nervios, uniéndonos a lo ignoto. Lenta; mente nuestra razón extiende sus leyes a regiones remo tas. Lentamente la ciencia integra los fenómenos en una unidad superior, cuya intuición es esencialmente religio sa. porque no es la religión lo que la ciencia destruye, sino las religiones. Extraños pensamientos cruzan las mentes. Sobre la humanidad se cierne un sueño confuso y grandioso. EL horizonte está cargada de tinieblas, y en nuestro corazón sonríe la uuroro. i i.