AMAUTA situación de los aborígenes bajo una organización hostil. fácil le será suponer las barbaridades que cometen quie nes no quieren sino ganar dinero y a quienes nada les pue de importar la justicia, ni mucho menos ese ser despreciable, el indio. cual el remedio? Demás está decir acá que los agen tes patógenos (latifundismo, fanatismo, rabulismo, corrupte la de funcionarios etc. de la estigm atizante cuestión indigena, se originan por un elemento común: el analfabetismo y retraso social del indio. Por lo tanto el máximo remedio estará en su redención. Redención agrario económica primero, educacional después. Pero la redención del indio es, al menos hasta ahora, obra ciclópea. Acaso se quede. para que la efectué la evolución biológico social, una de cuyas formas, la más inminente, sea tal vez una sangrienta revolución social. De modo que, para nuestro objeto, no hay más que decir sobre esto.
Pero podemos ver los medios próximos con que, hoy por hoy, se debe atenuar los daños del rabulismo en la po blación indigena. Hay que procurar compensar la desven ta josa inferioridad que llevan los indios en el actual meca nismo judiciario. Hay que suprimir, con relación a ellos, tantas disposiciones legales que no les son aplicables; que se tienen por una especie de pose democrática y que. vigentes en un medio heterogéneo, hacen más victimas que favorecidos. Así, por ejemplo, aquel principio de que la igno rancia de la ley no exime de su cumplimiento, aplicado al indígena, analfabeto e incomunicado con la sociedad, resulta una monstruosa injusticia. Igual cosa ocurre con otras normas y prescripciones institucionales, tales como las del Registro de la Propiedad lnmueble. Resulta tan sólo que el indio nunca cumple ni puede cumplir con todo eso, y asi ofrece mil coyuntur as para ser pasto del rabulismo. Hay que eximirlo pues de todas aquellas disposiciones constitucionales y jurídicas que acarrean responsabilidad por omisión o ignorancia. Hay que hacer más. No atribuirle derechos que no puede ejercer; será un beneficio para el indio sacarlo de ese igualitarismo falaz y decorativo que una constitucionalidad importada establece. No faltará opinión (Viene dela página 16)
el del servicio, sin más palabras que las deslizadas erfvoz baja, con llanto entrecortado de la mujer y cuchicheo de la servidumbre, los comensales permenecieron un rato fu mando en la solana, y antes de la medianoche todos se reco gían a sus habitaciones.
El juez no durmió. Acompañado de los curiales, velaba en su alcoba. Al filo de la madrugada, sintíéronse agudos gritos. Procedian de una habitación situada al extremo del corredor. Provistos de hachones, a ella se dirigieron. Forzada la puerta, hallaron a la concubina del muerto presa de un ataque del histerismo. Después de los espasmos y las las contracciones, la mujer gritó. Bien muerto el bandido!
Aquél hombre que yacía sobre la inesa, en la capilla ar diente, aquél hombre inánime, ante cuyo cuerpo nadie osó acercarse ni para rezar una plegaria, ni para depositar una flor, aquel hombre asesinado por la pandilla indigena, había cometido los delitos más horrendos en el curso de su vida. La mujer los reveló todos. Allí, en las habitaciones en el granero, en el molino, bajo el pavimento encubridor, estaban los cuerpos de sus víctimas: hombres, mujeres, ancianos y niños. Enriquecido por la desaparición de los indios propietarios, el malvado, cada vez más poderoso, hacia ineficaz la justicia, y por el asesinato srstemado ensan chaba sus dominios.
Aquel posible juez Maghaud, incapaz de sentir noblemente, mandó prender a la población integra del ay lu del que habían salido los vengadores.
Hombres, mujeres, niños fueron encerrados por largos meses en las cárceles. 33 contraria. La de los que rinden devoción a principios teóricos porque provienen de un Montesquieu otraen el óleo vie 10 mundano. Cuando las contingencias sociológicas, indican el desarrollovariado, para conseguirla indiversa finalidad e just¡cia social. Toda legislación hecha para el Perú civ1hzado, no sirve y más bien es perjudicial para el Perú abo rigen, que sm embargo tiene una céntrica importancia. asi sempre que se tenga que hacer una implantación instutucional o normativa no debe olvidarse que dentro de lo que conceptuamos nacionalidad, hay encerrado un gran pue blo ageno a ésta. Tal debe ser el criterio jurídico para ccntrarrestar el rabulismo. como éste actúa media nte las normas legales, en ellas hay que poner, aunque pe entoriamente, el correctivo pertinente. Además debe es able cerse ¡tidades de tutelaje; pero de tutelaje efectivo. No como el patronato que, con grandes defectos de indo e y campo sición, ha resultado inutil. Por último los medios indicad¡s no darían los esperados efectos si no se contase con la convicción ético social (a lo Lopez Albújar) de abogados yjueces. Con lo dicho, no se ha tenido pues el propósito de ofrecer un plan para eliminar el mal en referencia.
Se ha apuntado algunos medios, más bien para formular el criterio que debe adoptarse; y esro perentoriamente.
Por lo demás, ya se dijo que el rabulismo es una parte del gamonalismo. cuando en el Perú se efective la corriente de saneamiento y renovación social, el pedrón se irá junto con el muro. Viene de la págiaa l2. ne cierta gracia indolente, ue resulta supremamente ele gante. Sus composiciones se estampas de ensueño; en el francés Debussy se realiza momento lo que deseaba el germano Níezstche: un arte para los artistas.
Schubert es el romanticismo alemán de 1800: paseos en los bosques y en las montañas, meditaciones bajo el claro de luna, exaltados declaraciones de amor, líricos juramen tos cambiadas bajo un tilo, en cuya corteza se grabaron dos letras enlazadas. Schubert ¿s la serenata, es la elegía, es la matanza; su Momento musicalº no debió ser interpreta. do a la manera de un friso griego, sino como una estampa de 1830: mujeres con vaporosos trajes, bandds bien alisados y grandes medallones sobre el pecho; hombres de largas patillas, negras y anchos corbatas y pantalones claros; todos, en el salón, alrededor del piano a romantizando, en el jardín, bajoila luz de la lana. PORQUE AMAMOS BEETHOVEN Beethoven, el creador formidable, es el artista que más se acerca al corazón de los hombres. Su obra majestuosa y potente palpita de dolor, de pasión y de ternura; por es vamos a ella buscando un eco de nuestras angustias y de nues tras tristezas. El acento de la obra beethaveniana es único.
Beethoven puso en sus composiciones todo el drama de su vida, todos sus anhelos de amor nunca realizados toda la nobleza y la generosidad de su alma yítambién su maravillosa alegría, su sentimíenlo de la naturaleza y aquella fé que lo hacía exclamar. Oh Dios rnía, mi único refuio. Beethoven, hombre de una sensibilidad extraordinaria.
alma irnpeluosa. atormentada, decia. Porqué escribo?
La que tengo en el corazón tiene que salir, es por esa que escribo. Vas! nadan la Apassionata y el Claro de Luna en resa de Brunswick y Gíiileta Giuccara la Aurora y la Sinfonía Pastoral amo a un árbol más que a un hombre. decía el inmenso artista. la Sonata a Kreutzer, la Romanza en Fa, la seis Melodías a la amada lejana. la Heroica, oda a la revolución la Novena canto grandiosa a la alegría. todas not ellas págilfas que escuchornos, hay, estremeridas emocionados. Porqué amamos a Berthrven? Por el acento humano de su obra vasta como el universo. in5pirada como el verbo de Dias:par su dolor pue es el utesro; por su inquietud; por su pasión, por eso amamoa Beethoven