ves. AMAUTA Si se compara el descrédito en el cual Grosz hace caer al filisteo, con la justificación social y económica de los partidos anti burgueses, justificación vulgar que no puede servira los fines del arte, la obra de Grosz se eleva a un dominio metafísico. El burgués, tal como lo entiende Grosz, equivale al pecador del mito cristiano, símbolos el una y el otro de la imperfección orgánica, personificaciones irres ponsables de los defectos de la creación, productos de una experiencia frustrada de la naturaleza. La eSpecie burguesa representa, pues, un principio hetero norno y relativo, como en la ciudad antigua los esclavos representaban un material humano apenas esbozado con solo un valor de cantidad. si. como lo quieren todas las religiones, el primer y único deber del hombre es la perfección, es decir el genio, el burng es en este caso aquel que no ha tenido el valor de conauistar un rango superior enla humanidad, que no ha sabido apoderarse de algunas parcelas de la sustancia divina, que por el contrario se ha resignado y fosilizado a medio camino.
Perdidas la nocio de lo divino y el recuerdo del carni no que conduce a e l, desvanecidu la visión de las subli mes posibilidades ascensiona! es reservados al hombre y solamente al hombre. el tipo bnrgne s, para no ser pulverizado por el terror y devorado por el abismo de su vacio interno, se dá un peso, se establece en un éxtasis de plomo, juzga ndose medida y modelo de la creación, punto de llegada y fase definitiva del progreso humano. y La antigua idea de ¡lu munidod Iza desaparecido, pues, para siempre en la raza burguesa y con ella todos los atributos del hombre superior, el arte, la religión, el amor y la sabiduria. Ahí donde el Rendez Von. 23 burgue hace la ley, la vida esta disminuido y enzpeaueñecida ydegenera en caos. Grosz delimita la frontera física y metafísica que sepa ra netamente a la humanidad de la burguesía. Los tipos de su sátira, aunque se parezcan al hombre, son en todo diferentes del hombre, en la conciencia y en las vísceras, en la mclmacio yen el gesto. Privados de su identidad, estos bipedos sin plumas, para darse un contenido, están obligados a tomar caracteres agenos, jugando roles que no son los suyos. Es lo más frecuente que jugeuen a los importantes, el hombre que se hace temer, y tonzen con una impotencia arrogante el estilo autoritario. Entonces el cuerpo burgue s, sintesis de todos las negaciones y disonancias en naturaleza, parece no ser más que el simple ape ndice de un vientre pleno de cerveza; los hombros de los oficiales se vuelven demasiado cuadrados y los de los funcionarios demasiado caídos, las mujeres tienen las piernas muy cortas y el paso demasiado largo, los pastores protestantes pierden el tórax. En otras evocaciones, los maniquies burgueses miman la alta sociedad: el gesto estudia do se convierte en. movimiento mecánico; ojos privados de sol traspasan las elefantescas redandeces femeninas, sentados torpemente en un festín; paquidermos, artellenados en las paltronas, fruncen la nariz cosauilieada por las bebidas gu!
seosas: bocas a las cuales no Iza sido otorgado el don del canto, ladran tiinmos al retorno de los Hohenzollern, en tanto que en la calle un mutilado de la guerra manco, ciego y loco. reducido atestado de aparato mecánico tiende al transeunte sus manos artificiales. La intensidad visionario de tales evocaciones hace palidecer.
Hasta los estudios y los bocetos de Grosz son acontecimientos fisono micos. Parece increible que una colección de figuras descarodas pueda formar un orden, una clase social. Estas cabezas burguesus, informes, como restos de trogloditas, Izan sufrido a trnve de las generaciones y degeneraciones, una regresión excesiva y presentan una mal tiplicidad asombrosa de ausencia de caracteres lógicas.
Ninguna de esas cabezas se asemeja a la otra, aunque to dos hayan salido del mismo molde burgués. Pero Grosz sabe descifrar el misterio de la quimera proteica: con una seguridad de línea absoluta, matemática, traza los jeraglificos fisono micos que expresan la fórmula constitutiva del bastardeamienio. Gracias al encantamiento del arte, hace salir a sus víctimas de sus cuevas y las constriñe a mostrarse como son o como querrían ser. Privadas de relaciones ínteriores, e stas se agotan en la definición y tor nan desposeidas en los límbos de lo inexistente.
La sátira de Grosz es un espejo ardiente que refleja, quema ndola, el alma burguesa. ITM. TAVOLATO. VIENE DE LA PAG: 6)
que aceptar precisamente un trabajo de contrastación constante. Este es el único medio de concentrar y polartzur fuerzas, y nosotros no lo ocultamos. nos proponemos precisamente este resultado. Tenemos confianza en nuestra obra. no porla iluminado o taumatúrgico o personal de su inspiracio sino por su caracter de interpretación y coordinación de un sentimiento colectivo y de un ideal Izisto rira.
Una obra finalmente, se ¡algo, por sus elementos posm vos, creadores, esenciales, afirmativos. Este es siemprecl juicio de la historia yde la, opinion. Pertenece al esp 1rttu pequeño burgués de los crztzcos organzeamente zndi vulualistas, secesiouistas y centrifugas, el ¡u! la, 4nnycrtollo y limeño tal vez. de juzgar una obra por sus elementos pusivos, subsidiarias, formales o episo dims. osE os MARIATEGUI.