28 si nb de una nacionalidad. El Perú costeño, heredero de España y de la conquista, domina desde Lima al Peri: seruano; pero no es demográfica y espiritualmente asaz fuer te para absorverlo. La unidad peruana está por hacer; y no se presenta como un problema de articulación y convivencia, dentro de los confines de un Estado único, de varios antiguos pequeños estados o ciudades libres. En el Perú el problema de la unidad es mucho mas hondo, por que no hay aqui que resolver una pluralidad de tradicio nes locales o regionales sino una dualidad de raza, de lengua y de sentimiento, nacida de la invasión y conquista del.
Perú autóctono por una raza extranjera que no ha conse guido fusionarse con la raza indigena ni eliminarla ni ab sorverla. El sentimiento regionalista, en las ciudades o circunscripciones donde es más profundo, donde no traduce solo un simple descontento de una parte del gamonalismo. se alimenta evidente, aunqueinconscientemente, de ese contraste entre la costa y la sierra. El regionalismo cuando responde a estos impulsos, más que un conflicto entre la capital y las provincias, denuncia el conflicto entre el Pc rú costeño y español y el Perú serrano. indígena.
Pero, definidas así las regionalidades, o mejor di cho, las regiones, no se avanza nada en el examen concreto de la descentralización. Por el contrario, se pierde de vista esta meta, para mirar a una mucho mayor. La sie4 rra y la Costa, geográfica y sociológicamente son dos re giones; pero no pueden serlo politica yadministrativamerlte. Las distancias inter andinas son mayores que las dis tancias entre la sierra y la costa. El movimiento espontá neo de la economía peruana trabaja por la comunicación trasandina. Solicita la preferencia de las vías de penetra ción sobre las vias longitudinales. El desarrollo de los cen. tros productores de la sierra depende de la salida al mar. todo programa positi. o de descentralización tiene que inspirarse,»principalmente, en las necesidades en las direcciones de la economía nacional. El fin histórico de una descentralización no es secesionista sino, por el contrario, unionista. Se descentraliza no para separar y dividir alas regrones sino para asegurar y perfeccionar su unidad den tro de una convivencia mas orgánica y menos coercitiva.
Regionalismo no quiere decir separatismo.
Estas constataciones conducen, por tanto, a la con clusión de que el carácter impreciso y nebuloso del regio nalrsmo peruano y de sus reinvmdicaciones no es sino una consecuencia de la falta de regiones, bien definidas. Uno de los hechos que más vigorosamente sostienen y amparan esta tesis me parece el hecho de que el regionalismo no sea en ninguna parte tan sincera y profunda.
mente sentido como en el Sur y, mas precisamente, en los departamentos del Cuzco, Arequipa, Puno y Apurimac.
Estos departamentos constituyen la mas definida y orgáni ca de nuestras regiones. Entre estos departamentos el intercambio y la vinculación mantienen viva una vieja unidad: la heredada de los tiempos de la civilización incaica. En el sur la región reposa solidamente en la piedra histórica. Los Andes son sus bastiones.
El sur es fundamentalmente serrano. En el sur, la costa se estrecha. Es una exigua y angosta faja de tierra, en la cual el Perú costeño y mestizo no ha podido asen. tarse fuertemente. Los Andes avanzan hacia el mar con virtiendo la costa en una estrecha cornisa. Por consiguiente, las ciudades no se han formado en la costa sino en la sierra. En la costa. del sur no hay sino puertos y caletas.
El sur ha podido conservarse serrano, si nó indígena, a pesar de la con uista, del virreinato y de la república. Hacia e norte, la costa se ensancha. Deviene, econó mica y demográficamente, dominante. Trujillo, Chiclayo, Piura son ciudades de espíritu y tonalidad españolas. El tráfico entre estas ciudades y Lima es fácil y frecuente. Pero lo que más las aproxima a. la capitales la identidad de tradición y de sentimiento.
En un mapa del Perú, mejor que en cualquier confusa o abstracta teoría, se encuentra asi explicado el regio nalismo peruano. MAUTA. El régimen centralista divide el territorio naciorial en departamentos; pero acepta o emplea, a veces, una división mas general; la que agrupa los departamentos en tres grupos: Norte, Centro y Sur. La Confederación Perú Bolivia na de Santa Cruz seccionó el Perú en dos mitades. No es, en el fondo, mas arbitraria y artificial que esa demarcación la de la república centralista. Bajo la etiqueta de Norte, Sur y Centro se reune departamentosoprovincías que no tienen entre si ningún contacto. El término región apare ce aplicado demasiado convencionalmente. Ni el Estado ni los partidos han podido nunca, sin embargo, definir de otro modo las regiones peruanas.
El partido demócrata, a cuyo federalismo teórico ya me he referido, aplicó su principio federalista en su régimen inte rior, colocando su comité, central sobre tres comités regionales, el del norte el del centro y el del sur. Del federalismo de este partido se podria decir que fué. un federalismo de uso interno) la reforma constitucional de 1919. al instituir los congresos regionales, sancionó»
la misma división. Pero esta demarcación como la de los departamentos, corresponde caracteristica y exclusivamente aun cri terio centralista. Es una opinión o una tesis centralista.
Los regionalistas no pueden adoptarla sin que su regio nalismo aparezca apoyado en premisas y conceptos peculiares de la mentalidad metropolitana. Todas las tentativas de descentralización han adolecido, precisamente, de este vicio original. IV.
oescmmuzactóu cermmusra Las formas de descentralización ensayadas en la his toria de la república han adolecido del vicio original de representar una concepción y un diseño absolutamente centralistas. Los partidos y los caudillos han adoptado varias veces, por oportunismo, la tesis de la descentralización.
Pero, cuando han intentado aplicarla, no han sabido ni han podido moverse fuera de la práctica centralista.
Esta gravitación centralista se explica perfectamente.
Las aspiraciones regionalistas no constituían un programa conc reto, no proponían un método definitivo dedescentra lización. o autonomía, a consecuencia de traducir, en vez de una reinvidicación popular, un sentimiento feudalista. Los gamonales no. se preocupan sino de acrecentar su poder feu dal. El regionalismo era incapaz de elaborar una fórmula propia. No acertaba, en el mejor de los casos, a otra cosa que a balbucear la palabra federación. Por consiguiente. la fórmula de descentralización resultaba un producto típico de la capital. La capital no ha defendido nunca con mucho ardi miento ni con mucha elocuencia, en el terreno teórico, el régimen centralista; pero, en el campo práctico, ha sabido.
y ha podido conservar intactos sus privilegios. Teórica mente no ha tenido demasiada dificultad para hacer. algunas concesiones a la idea de la descentralización adminis trativa. Pero las soluciones buscadas a este problema han estado vaciadas siempre en los moldes del criterio y del interés centralistas. Como el primer ensayo efectivo de descentralización se clasifica el experimento de los concejos departamentales instituldos por la ley de municipalidades de 1873. Elex perimento federalista de Santa Cruz, demasiado breve, queda fuera de este estudio, más que por su fugacidad, por. su caracter de concepción supranacional impuesta por un estadista cuyo ideal era, fundamentalmente, la unión del Perú y Bolivia. Los concejos departamentales de 1873 acusaban no solo en su factura sino en su inspiración, su espíritu cen tralista. El modelo de la nueva institución había sido bus cado en Francia, esto es en la nación del centralismo ultranza.
Nuestros legisladores pretendieron adaptar al Perú. como reforma descentralizadora, un sistema del estatuto de