AMAUTA Admitida la prioridad del debate del problenia del indio y de la cuestión agraria sobre cualquier debate relativo al mecanismo del régimen más que a la estructura del Estado, resulta absolutamente imposible considerar la cuestión del regionalismo o, mas rrecisamente, de la des centralización administrativa, desde puntos de vista. no Subordinados a la necesidad de solucionar de manera radi dicaly orgánica los dos primeros problemas. Una des centralización, que no se dirija hacia esta meta, no merece ya ser ni siquiera discutida. bien, la descentralización en si misma, la descentralización como reforma simplemente politica y adminis trativa, no significaría ningún progreso en el camino de la solución del problema del indio y del problema de la tierra. que, en el fondo, se reducen a un único problema.
Por el contrario, la descentralización, actuada sin otro pro pósito que el de otorgar a las regiones o a los departamentos una autonomia mas o menos amplia, aumentaría el poder del gamonalismo contra una solución inspirada en el interés de las masas indigenas. Para adquirir esta convicción, basta preguntarse qué casta, qué categoría, qué clase se opo ne a la redención del indio. La respuesta no puede ser sino una y categórica: el gamonalismo, el feudalismo, el caciquismo. Por consiguiente. cómo dudar de que una administración regional de gamonales y de caciques, cuan to más autónoma tanto mas sabotaría y rechazaria toda efectiva reinvindicación indigena. No caben ilusiones. Los grupos, las capas sanas de las ciudadesno conseguirfan prevalecer jamás contra el gamonalismo en la administración regional. La experiencia de mas de un siglo es suficiente para sabera qué atenerse respecto a la posibilidad de que, en un futuro cercano, llegue a funcionar en el Perú un sistema democrático que asegure, formalmente al menos, la satisfacción del princi pio jacobino de la oberanía popular. Las masas rurales, las comunidades indígenas, en toda caso, se mantendrían extrañas al sufragio y a sus resultados. Y, en. consecuencia, aunque no fuera sino porque los ausentes no tienen nunca razón les absents ont toujours tort los organismos ylos poderes que se crearian ºelectivamente. pero sin su voto, no podrian ni sabrian hacerles nunca justicia. Quién tiene la ingenuidad de imaginarse a las regiones, dentro de su lºcalidad económica y política presente regidas por el sufragio universal?
Tanto el sistema de concejos departamentales del presidente Manuel Pardo como la república federal preco nizada en los manifiestos de Augusto Durand y otros aser tores de la federación, no han representado ni podian representar otra cosa que una aspiración del gamonalismo.
Las concejos departamentales. en la práctica, transferfan alos caciques del departamento una suma de funciones que detenta el poder central. La república federal, aproximadamente, habría tenido la misma función y la misma eficacia Tienen plena razón las regiones, las provincias, cuando condenan el centralismo, sus métodos y sus instituciones. Tienen plena razón cuando denuncian una orga nización que concentra en la capital la administración de la república. Pero no tienen razón absolutamente cuando, engañadas por un miraje, creen que la descentralización bastaría para resolver sus problemas esenciales. El gamo nalismo dentro de la república central y unitaria, es el aliado y el agente de la capital en las regiones y en las provincias. De todos los defectos, de todos los vicios del régimen central, el gamonalismo es solidario y respon sable. Por ende, si la descentralización no sirve sino para colocar, directamente, bajo el dominio de los gamonales, la administración regional y el régimen local. la sustitución de un sistema por otro no aporta ni promete el re. medio de ningún mal profundo. Luis Valcárcel me escribe que está en el empe ño de demostrar la supervivencia del lnkario sin el Inka.
He abi un estudio mucho mas trascendente que el de los superados temas de la vieja política. He ahí también un. tema que confirma la aserción de que las preocupaciones 27 de nuestra época no son superficial y exclusivamente políticas sino, principalmente, económicas sociales. El empeño de Valcárcel toca en lo vivo de a cuestión del indio y de la tierra. Busca la solución nó en el game.
nal sino en el ayllu. lll LA REOlON EN LA REPUBLICA Llegamos a uno de los problemas sustantivos del regionalismo: la difinición de las regiones. Me parece que nuestros regionalistas de antiguo tipo no se lo han planteado nunca seria y realisticamente, ómisión que acusa el abstractismo y la superficialidad de su tesis. Ningún regionalista inteligente pretenderá que las regiones están demarcadas por nuestra organizacion politica, esto es que las regiones son los departamentos. El departamento es un término politico que no designa una realidad y menos aún una unidad económica e histórica. El departa mento, sobre todo, es una convención que no corresponde sino a una necesidad o un criterio funcional del centra. lismo. no concibo un regionalismo que condene abstractamente el régimen centralista sin objetar concretamente su peculiar división territorial. El regionalismo se traduce lógicamente en federalismo. Se precisa. en todo caso, en una fórmula concreta de descentralización. Un regionalismo que se contente con la autonºmia mumcrpal no es un regionalismo propiamente dicho. Como es cnbe Herriot, en el capítulo que en su libro Crear dedica la la reforma administrativa, el regionalismo superponea.
departamento y a la comuna un órgano nuevo: la región Pero este órgano no es nuevo sino como órgano político y administrativo. Una región no nace del Estatuto politico de un Estado. Su biologia es mas complicada. La región tiene generalmente raices mas antiguas que la nación misma. Para reinvindicar un poco de au. tonomfa de ésta. necesita precisamente existir, como re gión. En Francia nadie puede contestar el derecho de la Provenza, de la Alsacia Lorena, de la Bretaña, etc. a sentirse y llamarse regiones. No hablemos de España donde la unidad nacional es menos sólida ni de Italia donde es menos vieja. En España y en Italia las regiones se diferencian netamente por la tradición, el carácter, la gente y. hasta la lengua. El Perú según la geografia física, se divide en tres regiones: la costa, la sierra y la montaña. En el Perú lo único que se halla bien definido es la naturaleza. esta división no es solo fisica. rasciende a toda nuestra rea lidad social y económica. La montaña, sociológica y eco nómicamente carece aún de significación. Puede decirse que la montaña, o mejor dicho la floresta, es un dominio colonial del Estado Peruano. Pero la costa y la sierra, en tanto. son efectivamente las dos regiones en que se distingue y separa, como el territorio, la población. 1) La sierra es indigena; la costa es española o mestiza. como se prefiera calificarla ya que las palabras indigena y española adquieren en este caso una acepción muy amplia. Repito aqui lo que escribi en un articulo sobre un libro de Valcárcel: La dualidad de la historia y del alma peruanas, en nuestra época, se precisa como un conflicto entre la forma histórica que se elabora en la co ta y el sentimiento indígena que sobrevive en la sierra hondamente enraizado en la naturaleza. El Perú actual es una formación costeña. La actual peruanidad se ha sedimenta. do en la tierra baja. Ni el español ni el criollo supieron ni pudieron conquistar los Andes. En los Andes, el español no fué nunca sino un pionnier o un misionero. El criollo lo es también hasta que el ambiente andino extingue en el al conquistadory crea, poco apoco, un indigena.
La raza y la lengua indigenas, desalojadas dela cos. ta por la gente y la lengua españolas, aparecen hurañamente refugiadas en la sierra. por consiguiente en la sie rra se conciertan todos los factores de una regionalidad. ma su we.