. sentimiento regionalista.
entre conservadores y liberales. la lucha se desplaza del plano exclusivamente politico aun AMAUTA 25 nzmomius mo ºcEnfrnnusr ao Pon Jost 0ARLos MARIA1 :OUI ¿Cómo se plantea, en nuestra época, la cuestión del regionalismo? En algunos departamentos, sobre todo en los del sur, es demasiado evidente la existencia de un vigorosas reivindicaciones. El regionalismo no es en el Pe rú un movimiento, una corriente, un programa. No es sino la expresión vaga de un malestar y de un descontento.
Esto tiene su explicación en nuestra realidad eco nómica y social y en nuestro proceso histórico. La cues tión del regionalismo se plantea, para nosotros, en térmi nos nuevos. No podemos ya conocerla y estudiarla conla ideologia jacobina o radicaloide del siglo XIX.
Me parece que nos pueden orientar en la explora.
ción del tema del regionalismo las siguientes proposiciones: la. La polémica entre federalistas y centralistas, es una polémica superada y anacrónica como la controversia Teórica y prácticamente, plano social y económico. la nueva generación no le preocupa en nuestro régimen lo formal el mecamsmo sino lo sustancial la estructura.
2a. El federalismo no aparece en nuestra historia como una reinvindicació popular. sino más bien como una reivindicación del gamónalismo y de su clientela. No la formulan las masas indígenas. Su proselitismo no desborda los límites de la pequeña burguesía delas antiguas ciudades coloniales; 3a. El centralismo se apoya en el caciquismo y el gamonalismo regionales, dispuestos, intermitentemehte, a sentirseo decirse federalistas. La tendencia federalista re cluta sus adeptos entre los caciques o gamonales en desgra cia ante el poder central.
4a Uno de los vicios de nuestra organización polí tica es, ciertamente, su centralismo. Pero la solución no reside en un federalismo de raiz e inspiración feudales.
Nuestra organización política y económica necesita ser ínte gramente revisada y transformada.
5a. Es dificil definir y demarcar en el Perú regiones existentes históricamente como tales. Los departamen tos descienden de las artificiales intendencias del vrrrema to. No tienen por consiguiente una tradición nl una realidad genuinamente emanadas de la gente y la historia peruanas. La idea federalista no muestra en nuestra historia rai ces verdaderamente profundas.
gico, el único contraste doctrinario de la primera media centuria de la república es el de conservadores y liberales, en el cual no se percibe la oposición entre la capital y las re giones sino el antagonismo entre los encomenderos o latifundistas, descendientes de la feudalidad y la aristocracia coloniales, yel demos mestizo de las ciudades, heredero de la retórica liberal de la independencia. Esta lucha trascrende, naturalmente, al sistema administrativo. La constitu ción conservadora de Huancayo, suprimiendo los mumcr pios, expresa la posición del conservantismo ante la ideadel self government. Pero, así para los conservadores como para los liberales de entonces, la centrahzacrón o la des centralización administrativa no ocupa el primºr plano dº, la pºlémica. Posteriormente, cuando los antiguos º ºº menderos y aristócratas, unidos a alglgnºs ºl º¡ ºlantes enriquecidos por los contratos y negocros con el Estadº, se convierten en clase capitalista, y reconocen que el lºa rio liberal se conforma más con los intereses y las necesrda. des del capitalismo que el ideario aristocrática, la descen Pero las aspiraciones regionalistas. son mprecrsas, mdefrnidas; no se concretan en categórrcas y. derrepente, como por ensalmo, un partido federal.
El único conflicto ideoló tralización encuentra propugnadores más o menos ptatóni. cos lo mismo en uno que en otro de los dos bandos politi cos. Conservadores o liberales, indistintamente, se decla ran relativamente favorables o contrarios a la descentraliza ción. Es cierto que, en este nuevo periodo, el conservantismo y el liberalismo, que ya no se designan siquiera con estos nombres, no corresponden tampoco a los mismos intereses ni a los mismos impulsos de clase. Los ricos en ese curioso periodo, devienen un poco liberales; las masas se. vuelven, por el contrario, un poco conservadoras. Mas, de toda suerte, el caso es que el caudillo civi lista Manuel Pardo, bosqueja una politica descentralizadora con la creación en 1873 de los concejos departamentales que, años más tarde, el caudillo demócrata, Nicolás de Pi rola, politico y estadista de mentalidad y espíritu conser vadores aunque, en apariencia insinúen lo contrario sus con diciones de agitador y demagogo inscribe o acepta en la declaración de principios de su partido la siguiente tesis. Nuestra diversidad de razas, lenguas, clima y. territorio, no menos que el alejamiento entre nuestros centros de población, reclaman desde luego, como medio de satisfacer nuestras necesidades de hoy y de mañana, el restablecimiento de la forma federativa; pero en las condiciones aconsejadas por la experiencia de ese régimen en pueblos semejantes al. nuestro y por las peculiares del Perú.
Después del 95 las declaraciones anti centralistas se multiplican. El partido liberal de Augusto Durand se pro nuncia a favor de la forma federal. El partido radical no ahorra ataques ni críticas al centralismo. hasta aparece, La tesis centralista resulta entonces exclusivamente sostenida por los civilistas queen 1873 se mostraron inclinados a actuar una politica descentralizadora. Pero toda ésta era una especulación teórica. En realidad, los partidos no sentían urgencia de liquidar el centra. lismo. Los federalistas sinceros, además de ser muy pocos, distribuidos en diversos partidos, no ejercían influencia e. fectiva sobre la opinión. No representaban un anhelo popu lar. Piérola y el partido demócrata, habian gobernado va.
rios años. Durand y sus amigos habian compartido con los demócratas, durante algún tiempo, los honores y las responsabilidades del poder. Ni los unos ni los otros se habian ocupado, en esa oportunidad, del problema del régimen ni de reformar la Constitución. El partido liberal, después del deceso del precario par tido federal y de la disolución espontánea del radicalismo gonzáles pradista, sigue agitando la bandera del federalis mo. Durand se dá cuenta de que la idea federalista, que en el partido demócrata se habia agotado en una platón1ca y mesurada declaración escrita, puede servirle al partido liberal para robustecer su fuerza en rovincias, atrayéndo le a los elementos enemistados con e poder central. Bajo, mejor dicho, contra el gobierno de osé Pardo, publica un manifiesto federalista. Pero su pol tica ulterior demues.
tra, demasiado claramente, que el partido liberal no obs tante su profesión de fé federalista, solo esgrime la idea de la federación con fines de propaganda. Los liberales forman parte del ministerio y de la mayoria parlamentaria du rante el segundo gobierno de Pardo. no muestran, ni co mo ministros ni como parlamentarios, ninguna intención de reanudar la batalla federalista.
También Billinghurst, acaso con mas apasionada. convicción que otros politicos que usaban esta plataforma. queria la descentralización. No se le puede reprochar, co. mo a los demócratas y a los liberales, su olvido de este rincipio en el poder: su experimento gubernamental tu de masiado breve. Pero, objetiva e imparcialmente, no se puede tampoco dejar de constatar que con Billinghurst llegó.