10 ¿Sobre la En Mercurio Peruano último acabo de leer un ar tículo de su director y fundador, don Víctor Andrés Belaunde, sobre Corrientes Principales en la Literatura de Hispa noamérica. el cual contiene afirmaciones dignas de ser comentadas. Tienden a formar de las literaturas nacionales o locales un solo haz, y ahuyentar del eontinentalismo las divisiones nacionales; es decir a formar un concierto en el cual, las voces discrepantes sean nostalgias indigenas, sensualismos negros, rigidez castellana, molieie árabe, practicismo sajón, ardor hélice constituyan los encontrados a centos indispensables para que la armonia no se vuelva mo. nótona y la polifonía linde con lo arbitrario. Claro está que ese fervor continental, eso que la ge neración devota de Rodó llamó, por boca de uno de sus gerifaltes, La Creación de un Continente. claro está que ese fervor es unánime y que trasunta un anhelo justo. Pero. el anhelo no es la constatacrón. quien describe comen. tes actuales, debe aplicar más el oído;al momento que pasa y no confundirlo con las palpitaciones de su corazón en espera. Yo no creo advertir en la literatura americana esa unidad espiritual íntima y perfecta que avizora Belaunde.
Antes por el contrario, cuanto más estudio la literatura del Continente, más creo advertir que, apesar de su fondo idén tico, de esa uniformidad ancestral, las nuevas naciones de jan oir sus voces distintas, y ocurre el simil tan precisamente evocado por el autor de Eurindia. cuando, analizando diversas literaturas hispanoamericanas, escucha en ellas eo mo una entonación familiar, pero modificada profundamente por el tono personal de cada pueblo. Crée Belaunde que uno de los medios más directos de llegar a la unidad esla formación de una alta cultura y el estudio de cumbres. Mas, para llegara formar esa alta cultura hispanoamericana, hay que meditar detenidamente. Primero, en que toda alta cultura es peligrosa, porque trae consigo la inevitable secuela de la educación de élite, la formación. de grupos escogidos, de minorías selectas y tendientes ala oligarquía. Segundo, en que para formar esa alta cultura. en Hispanoamérica, no es recto sendero el prescindir de la mera erudición. puesto que tal actitud entraña una lamentable confusión entre la realidad de pueblos viejos, y la nuestra, aún no conscientes de nosotros mismos, igno rantes de los repliegues de nuestra alma, sin la base del conocimiento detallado y menudo de nuestra realidad y nuestro pensamiento, condiciones esenciales para formular las. duraderas sintesis del futuro. Por eso mismo, nuestras o bras presentes, quizás sean excesivas en la extensión, en el análisis; pero así han sido siempre los fundamentos de to do bello sistema. Si el mundo hubiera estado al tanto de la terminología y las premisas de Spengler, habrfale bastado aéste unos cuantos capítulos para. condensar el pensa miento central de su doctrina. Si Europa produce admirables sintesis, ello es resultado de largas búsquedas seculares.
Antes de un resumen de Faguet fué menester la existencia de muchos Petit de Julevilles. Cien aedas confluyeron para producir la unidad de las dos epopeyas homéricas. Por eso insisto en que la mera erudición recién comienza en América. Porque, antes del novecientos, solo se llevaron a cabo esfuerzos de fantasia, yla labor, no fué de hormiga hacendosa, sino de cotorra vocinglera y multicolor. No existe, pues, el peligro de que del detalle exce srvo nazcan confusiones. El crítico sintético, el buceador de bellezas y verdades, no se pierde fácilmente entre un hato de nombres. Más fácil habria sido perderse entre la multitud de teólogos medioevales, y, embargo, no sobresa len sino el Doctor Angelico. el Sutil Escoto, el Eximio Suarez y algunos. otros. Para llegar a esta sintesis, lo que menos se tuyo en cuenta fué las preferencias y la actitud del público. Este suele equivocarse más de lo que acierta en materia de arte. Porque el público tenido por tal, no está formado por el pueblo, que sabe siempre escoger pon LUIS ALBERTO sANoe l:2 AMAUTA.
Cúltúra Hispano ameriéana su arte rudimentario, pero fresco y espontáneo, dentro de su primitivismo:m por los espíritus cultivados que no. yerran mucho en sus ídolos poco comunes. El otro público, el así llamado por antonomasia, es el peor juez en materia de literatura. Ese es el que lee de preferencia a Braemés, lnvernizios, Fevales, Trigos, Mardens, Pezas, Sués. Ese es el que encuentra tosco y cursi al Cancionero de Lima.
yoscuro a José Maria Eguren; el que mirará con despre cio al Chanoy a Contreras, y con extrañeza a Herrera y Reissig; el que encontrará burdo a Aniceto el Gallo y extravagante a Lugones. Para él hay una comparación cer tera que le aprendía Pascal. La unidad espiritual de Hispanoamérica no es, pues, un hecho, ni basta para probarla la simultaneidad delas corrientes modernistas y neobumanistas enel ensayo, que han dominado en los últimos años. En todo el mundo ha ocurrido fenómeno análogo, y algo más aún: el sentido deportivo, humorístico en el arte de vanguardia, el sintetismo, la metáfºra viva, la ruptura de la armonia verbal para buscar la or uestación interna, son sintonas que convienen lo mismo a arte americano que al europeo. Si ello fuera causa de que desaparecieran las divisiones nacionales para formar solo un arte americano. yo iria más allá todavía: yo iría a suprimir la literatura continental y pediría que solo se escribiera y se estudiara la literatura universal.
El romanticismo, lº mismo que el realismo, constituyeron fenómenos mundiales. El realismo muchas veces como de cia Queiroz, se limitó a ser una etiqueta que los artistas románticos colocaban asustados en la carátula de sus libros, para que el público no fuese a pensar que estaban quedando retrasados. Sucede lo propio, ahora, con el vanguardismo. muchos escritores de alma vieja, de estilo arcaico, in. tentan pininos vanguardistas por no parecer anticuados. Hay moda de tener doctrina. En el fondo, es pro hable que muchos de los orifeos conservadores. demo ledores, lo sean porque se han hecho la resoluci nde ex perimentar la emoción social. a la voz de mardo de su sensibilidad disciplinada vale decir mentirosa y mediocre el corazón se ha sentido apostólico rel cerebro guía.
a Por eso no creo en que universalidad de las escuelas nuevas sea un argumento para negar la existencia de literaturas nacionales en América. Además, tiene peligros tratar de encauzar este movimiento ubérrimo de Hispanoamérica, si nó se le ausculta con detención. No es posible sostener todavía que la literatura peruana se distin gue por la tradición o su sentido picaresca y la chilena por lo erudito. Ni es justo involucrar dentro de la litera tura académica colombiana a la de Venezuela. Una vez más, el fenómeno político no tiene ninguna consonancia con el literario. Aquel congregó en una sola Nación la Gran Colombia, a Venezuela, Colombia Ecuador. Pero, literariamente, Venezuela no es la académica Colombia. El humanismo de ésta se diferencia mucho del fervor polémico. de aquella. El penacho romántico de Bolívar es el primer paso en una senda de la cual iban a surgir como admira bles hitos, desde la prosa robusta de Juan Vicente González, hasta el furor polémico de Blanco Fombona, la osadía de Vallenilla, la sutileza de Diaz Rodriguez, el vigor de Pocaterra. En el Perú, la tradición y la picardía, signitican una etapa, un capitulo, pero nada definitivo. Seguir rcpitiendo esto, seria ignorar el acervo de la tradición serrana, lo que hay de airada en Prada, de nostálgico en Garcilazo, de lujuria verbal en el Lunarejo, de dolido en Marquez y Salaverry, de disimulado latigazo cn Pardo ue angustia en Vallejo, de frondoso en Chocano, de inge nuidad. celeste en Eguren, de humorismo nuevo en Chabes, de agitación en Mariátegui, de evocador apasionado en Valcárcel, seria olvidar a toda la nueva generación de Chile, alos Neruda, Mistral, Vega, Barrios, Molina, creer que la tendencia erudita de los Medin, Barrós Arana, Lastarria, Vicuña Mackenna, Montt, continuaara floreciendo en el sur.