AMAUTA ¡Av. DEA ffn L 35 A 51 rego PoR DOñA MAV:R DE: zu. u Hace tiempo que he querido escribir sobre el tema del castigo, y este trabajo seria largo. No cabría sino en una serie de articulos. Ahora pide el momento que ponga mano a la obra re4 f¡riéndome al proceso por. la muerte del comisario Dittmann en la Oroya, visto recientemente en el Primer Tribunal C0 rreccional y elevado actualmente en última instancia a la »lltma. Corte Suprema de instancia. Vendrá pronto una generación que condenará el princi. pio del castigo. como ya se está condenando el principio de la esclavitu. Demás se sabe que la esclavitud positiva o relativa subsiste aún en el mundo a pesar de la sentencia que se ha pronunciado sobre ella, y lo mismo sucederá por. mucho tiempo con el método del castigo. Pero, el primer soplo que rompe las barreras que entristecen a la humanidad es el reconocimiento de la verdad de que no hay derecho a es ºº av¡zar, ni a castigar. al prójimo: En adelante, la esclavi tud y el castigo seguirán siendo prácticas, despejadas del. Pfegtlgio de ser un derecho, y as se habrá dado un paso de importancia inmensa en cambiar la mentalidad soc¡al en ¿su apreciación del delito y del crimen. Los conceptos esclarecidos en materia penal, precom zados por multitud de juristas modernos, entre ellos Jime¡nez de Asúa, son ya familiares a nuestra juventud, umversttana, y a nuestros forenses viejos, que tratan laudablemente de imprimir rumbos nuevos al sistema de sanción que del colonial Palacio de Justicia de Lima emana. Desde el primer día de la República las diver5as Car tas Fundamentales formuladas para el Estado han repetido que: las cárceles no son lugares de castigo, sino de seguri dad Estos jóvenes estados de América han nacido con la. u de un dia nuevo de la civilización; solo les falta abrir bien sus ojos a la hermosa aurora que ha presidido su destrno. Durante la audiencia del Proceso Dittmann flotaba en el a rnb1ente elsentido real de la justicia, se divulgaba en la orato na de los abogados, y asomaba en las palabras del Fiscal y tronaba en los gritos del público, y a pesar de todo esto. 10 pudo condensarse dicha justicia en el fallo, a causa de la mterposición de prejuicios ¡egalistas rutinarios o de reglas muertas del Código, a los cuales se sujetan los espíritus en una sala de audiencia como en el campo las partículas de humedad atmosférica Se someten al poder de la electricidad ncgativa, Largas y brillantes disertaciones sobre psicología crími nalógica fueron insuficientes para hacer llegar a las mentes val concepto rápido y simple de la justicia natural. Que todas estas cosas que digo pueden considerarse Para algunos como desagradables e inamistosas? Puede 5917 no lo niego; pero sólo a ese titulo irreverente y liberta. lº se crea la personalidad y la dignidad del indivrduo o de las naciones. Para ser alguien hay que dejar de hacer la servrdumbre material o inmaterial; económica o intelectual. Quiera fuese.
Esta carta que es de americano para americanos, encontrará seguramente muchas incomprensiones voluntarias involuntarias; pero en tierra en corazón verdaderamente americanos será aceptada. ada lastima tanto como la verdad dicha por vez primera, y más aún en medio de un cºnsistorio de mentiras seculares que reinan y gobier. 1) sobre el mundo gregario, como un Olimpº. de los res. Sºy de Ud. señor Mañ ach. atentísimo y devotí simo sel vrdor. FRANZ TAMAYO Parto de la declaración de principios hecha en una excelente frase del Dr. Fernando León, representante del Mi nisterio Público, al roducirse su acusación contra los auto res de la muerte de Comisario Díttmann. El deber de este Ministerio reclama pedir no sanciones ¿de vengadorsino remedios de sociedad. En rigor de exactitud debe reconocerse que el afán de castigar que dominatódavfa en todas las esferas sociales sig nifica casi. nunca otra cosa que sanción de vengador. Muy pocos preguntan, y aún los que preguntan no averiguan, si los castigos sirven efectivamente de remedios de sociedad.
El homicidio cometido en la persona del Comisario Dittmann por el populacho de la, 0roya, fué un acto de castigo hacia un funciºnario que había desempeñado perversa mcnte su puesto. Cómo se quería que el populacho no.
tuviese la idea del castigo, cuando la tiene y sostiene el Po der Supremo Judicial de la Nación. Pues, la sentencia contra Lorenzo Delgado y Valdivia, tiene el carácter de un castigo impuesto a una victima ex piatoria del deliio colectivo yno de un remedio de sociedad.
No sería creíble que por la condenación de este hombre a nueve años de prisión, vayan a corregir su mentalidad las masas de la Oroya y otras parecidas; antes bien, esas masas populares encontrarían en la mencionada condena un motivo para volverse a exaltar en otra ocasión propicia. Lorenzo Delgado Valdivia y la mújerVirginia Peña han. sido sindicados de perpetrar actos de extraordinaria ferocidad en la persona de Dittmann. Delgado Valdivia, díjose que se había echado sobre, el cadáver para beber la sangre de susheridas. En cuanto a esta última acusación. el Fiscal. se ha resistido a sostenerla estimándola demasiado horrenda para poder prestarle crédito. La defensa deshizo además la a. cusación sobre bases, cientificas de medicina legal. Sin embargo, los que saben algo de la psicología actual de la población indigena no ignoran que en los retirados recintos de nuestra serranía subsisten viejas costumbres paganas que el cristianismo todavia no ha podido borrar, y que en medio de un barbarismo social que no encuentra oportunidades para evolucionar hacia condiciones superiores, se evoluciona en sentido inverso hacia paroxismos de pasiones salvajes. En tales regiones se usa comer el corazón de un enemigo y beber la sangre de un vencido odiado, se ritos que. han tenido y tienen su consagración respetab eu en los conceptos de tastribus primitivas. La aparición de tales sintomas de salvajismo, ono per tenece al dominio delos delitos, no siendo más que un re zago de una moral anterior a la nuestra, o acusa delito en la sociedad civilizada que ha descuidado la cultura de la po blación incivilizada. permitiendoºque en regiones arrimadas ya ala administración de un estado moderno se destaque un lunar de negro anacronismo. Aunque Virginia Peña haya podido beber y haya bebido, la sangre de Dittmann, no seria ella, sino la deficiente propaganda pública, culpable de su salvajismo.
Lorenzo Delgado, Valdivia y sus compañeros, los su puestos meneurs o cabecillas del atentado mortal contra Ditt mann. se ensañaron con vindicta feroz en el cuerpo de su adversario. Pero ¿no es saña feroz también, saña de vindic4. ta terrible, condenar a un hombre al suplicio de nueve años de presidio. La ira es ciega la crueldad cometida por Delgado Val divia puede considerarse como hecha en un estado casi inconsciente. inconsciente también puede decirse que e la crueldad de un juez cuya imaginación no puede ahons dar absolutamente los pormenores dela horrible suerte que impone, con un par de palabras, con un rasgo de pluma, un semejante.