. eig gyg. MAUTA LA naraLLaí gr nur :srnn ¿aenr :naomn POR EDWIN. ELMOR. num en. on. por Pettoruti Edwin Elmore debió ser una de las eolabo radares de Amauta. En este equipo. de. intelectuales libres tenía su puesta. Enterado de nuestro proyecto, nos había ofreci do su cooperación entusiasta. Combatientes de la misma batalla, la declaramas y senti rnos nuestro. Su nombre está inscrita en la bandera de la juventud revolucionaria del Perú. En el aniversario de su muerte, sa ludamos devota nente su merrioria querida. Y, como homenaje y recuerdo, publicamoslas fervornsas páginas de su ensayo EL Nuevo AYACUCHO. en que tan noble canviccío se dirige a las jóvenes, demanddndales que sean dignos de su época y de su.
deber histórico. EL mowmenro coni mr ínrar. DE LOS ¡NTELECTUÁLi Esta vez no nos llegan tardíos y desfigurados los men sales de la Inteligencia. La voz profética de los apóstoles nuevos nos alcanza con toda su sonoridad. La íntima y se vera elocuencia que hay en las palabras de fuego con que. los pensadores de hoy están apostroiando a los detentadores del poder en todo el mundo, es recibida en el alma de las juventudes de América como el eco de un latido más hondo de su propio corazón. existen ¡oh! si existen! reciamente formadas las falanjes de los nuevos luchadores. no es una generación sola; no está entregado el ideal. nuevo a las manos inexpertas de soñadores de veinte años.
El estandarte que flameará un día victorioso en el nuevo y utópico Ayacucho tiene su guardia de honor pujante y vale rosa. En ella forman, no sólo ilusos y jóvenes Quijotes.
enamorados de la más flamante Dulcinea; montan guardia la ¡uventud de antaño y la de ayer, al lado de la de hoy. Romain Rolland, que solo ponen atención en las cosas gran des, se interesan en nuestra nueva gesta. Son caballeros de la Nueva Oran Cruzada Americana los más recios y avezados paladines de. la época, desde Una muno, el infatigable sexagenario hispano, hasta Waldo Frank, joven pionnier de la verdadera civilización americana.
Ya no se trata de la esforzada. pugna de unos cuantos rebeldes apasionados y tenaces como en la época ro mántica y bravia contra la estolidez del peninsular oficia lismo. Ya no se trata de oponera la testadurez y la ínepcia de unos cuantos virreyes infelices, esa vaga fé romántica de los libertadores de que habla García Calderón en Les Demaeraties Latines. Ahora se trata de dar acogida y convertir en incon trastables tuerzas de renovación y de reforma a los clamores del mundo.
Por eso el grito americano de hoy no. tiene la en gañosa sencillez de la palabra que enarbolaron nuestros himnos. Cómo podriamos decir ahora somos libres. No es acaso muy va o aquello der oid mortales et grito sagrado: Libertad, Li ei tad, Libertad?. Nº. El grito ame ricano de hoy si alguno existe es muy distinto. Es más.
universal y humano. No discutimos aunque hay imbecilídad suficiente aim para pretenderlo el ideal que dió ori. gen a la formación de nuestras nacionalidades; tratamos de salvar sus corolarios en esta gran. catástrofe que amenaza al mundo: tratamos de concretar en nuevos principios de vida humana, en nuevos postulados, leyes ycostumbres, la realidad íntima de ese ideal victorioso cuya eficacia supre ma para producir paz y felicidad se empeña en desconocer y suplantar una nueva y extraña raza de tiranos que infes ta el planeta. Por eso hombres como Bertrand Russell yvcomo. Por eso en la gran pseudodemocracia del Noxte, a la voz farisaica de los Hughes, los Lodge. los Rowe, em pieza ya a oponerse en forma articulada y perentoria, la. voz de un La Follette. leader de ese tercer partido que el vigor y el ímpetu formidable de las nuevas ideas y tendencias ha formado en Yanquilandia. Y, adelantado oficial de. nuestros hermanos de doctrina en la patria de Lincoln, va a hacer oir a los monederos falsos de los partidos tradicio nales, que han traicionado los principios de sus fundadores, las palabras severas y veraces de esa pléyade de pu blicistas que desde las columnas de The Nation. The Freeman. The New Republic y otras revistas, vienen a zotando desde hace tiempo la dura piel de ese paquidermo insensible, de ese moderno Leviatán que se llama Imperialismo. Por su importancia intrínseca y por el sincero inte rés que por todo lo nuestro manifiesta, seriam1usto silen. ciar aquí la obra de Samuel Guy lnman y su Nueva De. mocracia. La ola de la protesta ha ido. creciendo de Sur a Nor jte. Con Pérez Triana y Sanin Cano en Colombia; con Saenz Peña. Ugarte e Ingenieros en la Argentina. Con me. nos vi orosos acentos repartidos en todo el Continente, el. com. e alarma ha adquirido en nuestros días el ímpetu marcial de un vigoroso andante. Puede el profeta de Ariel dormir tranquilo. La Ciudad Futura que él soñara vive en la mente de quienes han de ser sus fundadores. Esa uto pia que un» joven soñador montev1deano concibiera hace veinte años tendrá¡la realidad que dieron a El Dorado los hombres de su raza. Frente alas Babeles delas naciones bélicoindustriales alzarán en América los herederos de los ¿picos conquistadores la torre ideal de una nueva cultura y de una civilización salvadora de lo humano. Auspician esta empresa que ha de ser americana y preeminentemente hispánica por razones sin número los más grandes espiritud de nuestro tiempo, y ella agugantará sus fuerzas cuandº sea conocida delos que aun la 1gnoran. Es as¡ co