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Los escollos con que el destino siembra esta mar que es nuestra vida determina a numerosos humanos a ve getar en pequeñas embarcaciones que began prudentemente cerca delas costas. ¡lea, Spilca, el plutache del Bis tritza. conocia los escol os y los burlaba. perder la nariz en una balsa, gustaba mejor hacerse despedazar por las olas. La manera como se muere no me es indiferente. Tengo mis ¡preferencias. Sin titubear demas¡ado, fui por la.
tarde del domingo siguiente, aafrontar el escollo que tan tos voinícs temieran. La pintoresca hora (1) moldava batia su cadencia al son de tres instrumentos zingaros. Una treintena de muchachas, entre ellas Sultana. Una veintena de mozos.
Se transpirába un poco porque el sol reberberaba, perº esto mi: hacía nada a los danzantes. Se tenían por el dedo meñique también a los pa res que vigilaban. interp oniendo entre si un pañuelo bordado. la hermosa ronda se lanzaba hacia su centro. Un voiníc gritaba. a su sitio. a su sitio!
Los, trenes pies y los grandes golpeaban el suelo en gra niza a, las manos ruda: arrastraban las manitas en alto ha cia la cabeza, abajo hacia las rodillas, después el círculo se desata en un impulso que aleja los cuerpos, estira los brazos y he aqui que la guirnalda humana corre algunos pasos a su derecha, se vuelve. más largamente a su izquier da. Todos los pies golpean ¡en su sitial ¡en su sitio! Se aspira una bocanada de aire y se recomienza. Esta es la hora rumana. Para gustaria es preciso ser rumano y aldeano. No es complicada pero si rica de sangre generosa.
En colores también más que el arco iris. Pañoletas de Jo rangic, amarillo o blanco según la clase de gusano de seda que se cria con cuidados maternales, Corpiños y taldas de tela de lino, blanco como la nieve. Delantales de terciopelo o de lana negra. bordado y encajes, que han visto lágrimas. que han escuchado suspiros. Las risas y las canciones no han faltado nunca, porque se gusta bien pasar de las lágrimas a las risas. Hermosa, no hermosa o fea, la muchacha de la ho ra es siempre a adable a los ojos de los mozos. Saben que ellas están a para buscar un marido, mientras que ellos vienen alli mas bien para buscar la mujer, raramen. te la esposa. De aqui la gran atención llevada a los gestos y a los cucbicheos por la madre de la pequeña. Los mozos tienen consciencia de esta sobrevigilancia, y esta es. la explicación del pañuelo que separa las manos, satisface a los padres y no sirve para nada, si no es para hacer los deseos más violentos. Vestido del zabane bordado, y calzón de tzari blanco ajustado al muslo, calzado con iminei bien lustrados, y cubierto con un sombrero de fieltro de anchas alas y cinta tricolor, el, mozo es, desde luego, el orgullo de su sexo; es burbat y se cree voiníc. Esto agrada a la muchacha que no se cree sino hermosa. la sinceridad prudente, un po co astuta, de aquella, contesta con una promesa imprudente, categórica, ero que no le cuesta nada. Si eso prende tanto mejor. no, se doblega a la ley, se une al yugo, funda un hogar se Convierte en el guardian intransigente de las costum res, sobre todo cuando es padre de muchachas que se van a la hora a buscar un marido.
Es siempre a la proximidad de una ¿arciuma que las hora tienen lugar. es natural; esto abochoma, y es preciso beber un vaso. Se bebe parala sede para tanfarronear, pero se bebe siempre. mientras que se bebe se habla. para decir alguna cosa o para fantarronear toda via. Solo los muy viejos, los de testas nevadas, sentados a la sombra de un nogal secular, beben para recordar, ha poin PAN AIT ISTRAT antes que (para mayor decencia y para satisfacer; AMAUTA MÍO J. blan por afición y contemplan con ojo lejano, las agitacio nes de una vida que no les apasiona ya. mi llegada, habia todo eso. Al instante, las mira das investigadoras me hicieron comprender que en la al dea se habia divulgado la noticia de mi noviazgo con Sultana. Para confirmar este rumor, fuía saludar a mi futu ra ya su tía, después de lo cual, solo, me senté a una me. sa aislada bajo los peros, bebí una aka de vino y asistí tranquilamente a la danza y a las conversaciones de los bebedores ante la taberna. Me encontraba bastante lejos de estos últimos para que, favorecido por el alboroto de la hora. ellos pudiesen ocuparse de mi, no obstante bastante cerca para que. una parte de sus palabras me llegasen a los oidos. Estas palabras no eran demasiado malévolas a mi parecer. Al. gunos afirmaban: e. vendrá seguramente. él lo sabe.
Este ¿I, era el lognfat Costaki, mi escollo, el terror de la región. Yo pensaba. Que el venga. El vino. Un galope levantó una nube de polvo en el camino hizo pasar un, estremecimiento por entre todos los asistentes. Las cabezas tanto de los bebedores como de los danzantes y de los zingaros, se volvieron vivamente, con miradas de ansiedad hacia el caballero que, abordando la hora. puso su caballo al paso del buistru (2. Todo el mundó admiró el animal. Yo lo admiré sinceramente. Era un corcel digno de mejor jinete.
Pequeño, moreno, de movimientos vivos como el mercurio, este jinete echó las bridas al tronco de una aca cía cortada y se lanzó entre la juventud ante la carciuna.
Todos los sombreros le saludaron. Un grupo de prefeé ridos le rodeó inmediatamente y le puso, sin tardar, al. Orriente de mi presencia. Entonces me volvi para mirarlo de frente, sin cobardía. Yo queria el juego franco, El logofat, encabritado sobre sus piernas flacas, es. cuchaba el despacho de los habladores con oido distraído y sin decir palabra. De rato en rato, echaba miradas furtivas en. mi dirección, después, súbito. escuchéesta provocación que se dirigió ami, con un timbre ronco. Es necesario desjarrelar a los extranjeros intrusos!
Por toda respuesta a este desafío directo, me dirigl hacia la hora. que acababa de entablar una nueva danza, separé a Sultana de la amiga que la tenía de la mano y me puse a danzar entre las dos muchachas.
Esto era correcto; lo que hizo el lagafat, lo fue me nos. Se sabe que un muchacho entrando en la hora. no debe separar jamás a un danzante de la mano de la pareja que le agrada. falta de un sitio entre dos muchachas. no puede entrar sino entre dos hombres. Es una regla ab soluta, respetada por todos los que no buscan disputa. El logofat Costaki. creyó bien contravenir esto ante la estupefacción general. En el momento en que menos lo es peraba, una mano se aferró de mi puño, por detrás, del la. do de Sultana. Yo volví la cara. La ronda se detuvo.
Los íagaras se callaron. Palido, ante mi, el reptil me miró de arriba abajo con una mirada de odio y dijo con voz ahogada. Permites que entre aqui. Entra en otra parte. Yo quiero aqui. Si tu quieres aqui, toma! Un golpe de rodilla en el vientre lo tiró al suelo.
Un gemido de bestia estrangulada, y el villano se desvane ció. Nadie vino en su socorro. La taberna se vació. Las mujeres huyeron. Un viejo exclamó. Esto es una historia gorda. Yo grité a los músicos. Para el próximo domingo! Os contrató para tocar car en mis esponsales con Sultana.