. l. l AMAUTA EMILIO Hace un año, casi día por día; se inauguraba en un asilo de los muchos que les ha dedicado a las artes la ciudad de Buenos Aires la primera exposición de Emilio Pette ruti. Llegaba entonces el artista de Europa y traía en su alma el acervo de impresiones vitales y de arte con que una mente juvenil se enriquece al contacto con otras civiliza ciones. Su obra de aquellos días era el exponente de una agitación de los espíritus que buscaban nuevas corrientes, nuevas formas de expresión en un anhelo de poner en la tela no solamente el mundo exterior sino también parte de la magia sutil que se realizaba en sus cerebros. Otros pintores antes que ellos habían realizado la maravilla de repre sentar enla tela o en el mármol las figuras apasionadas, o serenas, combatidas por el mal o exaltadas por la virtud; bellas, apenas hermosas, nobles o pecheras, pero llenas de calor vital sin cuyo auxilio la obra de arte no existe.
Solamente como hecho histórico por su repercusión en la atmósfera del arte nativo importa recordar el estrépito formado al rededor de aquella exposición. Hubo admiradores, hubo analistas fríos, hubo contradictores frenéticos. Aquello, decían los últimos no era arte. Cualquiera puede hacerlo y algunas paletas de buena fe tentaron la em presa. Ya saben que. no es fácil. Los conceptos nuevos de arte; las nuevas corrientes literarias no son siempre el resultado de un hecho fortuito. de un capricho pasajero. El impresionismo no procede de que un pintor avanzado hubiese titulado impresión una de sus telas; ni el cubismo es el resultado de que un pintor fumista hubiera querido jugarle ala capital del mundo artístico una broma pesada. En la base del impresionismo y del divisionismo estaban las nuevas teorías sobre la luz; para que el cubismo lograse detener la pupila del público era necesario que existiese un Vieia puerta. acuarela. 21 Petlorull estado general de conciencia artística. dentro del cual era posible buscar la dilución de las nociones aceptadas en un ácido nuevo. En ambos casos se requería además tener talento.
Sin esta ligera cualidad todos los esfuerzos en arte resultan baldíos que en otras provincias del entendimiento pue den llevar a triunfos duraderos o a logros de carácter pa.
sajero.
En esta exposición Emilio Pettoruti se muestra en otro aspecto de su sensibilidad. Algunos de los paisajes. italianos aquí expuestos revelan con la suavidad de sus tonos, con la placidez del ambiente en ellos vertido con un firme dominio de los valores pictóricos hasta donde es elás.
tica y generosa la voluntad creadora del pintor. La tibia luz de estos paisajes contrasta vivamente con los vivos colores de aquellas telas; pero en unos y en otros se hace pre sente el mismo sentido artística. El pintor quiere hoy rea lizar con los medios tonos el mismo poema que combinan en su espíritu los aspectos de la naturaleza. Antes parecía como si la retina de Pettoruti sólo percibi era los rojos violentos, los verdes inauditos, los morados avasalladores que reemplazan a los otros colores con maravillosa eficacia en la sabia paleta (le los umderuistas. Esas no eran las únicas notas de su gama pictórica: en los tonos vacilantes, en las