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AMAUTA La manera más baja de amar a la patria es odiar las patrias de otros hombres, como si todas no merecieran en gendrar en sus hijos iguales sentimientos. El nacionalismo debe ser emulación colectiva para que el propio pueblo as cienda a las virtudes de que dan ejemplo otros mejores; nun ca envidia colectiva que haga sufrir de la ajena superiori dad y mueva a desear el abajamiento de los demás, hasta el propio nivel. Cada pueblo es un elemento de la Huma nidad; el anhelo de la dignificación nacional puede ser un aspecto de la fe en la dignificación humana. Ascienda cada Nación a su más alto nivel y por el esfuerzo de todas se remontará el nivel de la Humanidad. DO. El patriatisma. hwnana abarca el horizonte cul tural. La solidaridad entre los pueblos se extiende a medida que ellos amplían su experiencia y elevan sus ideales. La capacidad de simpatía va creciendo con la civilización; todos los hombres que en el mundo comparten las mismas creencias y se animan por los mismos intereses, se sienten amigos o hermanos. Las comuniones y los partidos, que an tes pasaron del terruño. la nación, comienzan a pasar de la nación a la humanidad. I Dos gremios poderosos iniciaron el acercamiento de los pueblos, extendiéndose por sobre fronteras de las nacio nes: los comerciantes y los sacerdotes. El capital no tiene patria. ni tiene patria la religión; salen del terruño y del Es tado. para internacionalizarse y conquistar el mundo. Siguiendo sus huellas se expandieron las ideas lyla civilidad.
La circulación del pensamiento y de los bom res ha extendido la solidaridad humana. El camino, el vapor, el riel, el teléfono, el cable, la turbina, el inalámbrico, la volación, han dilatado el horizonte de los pueblos modernos. Poco a po co, en firme enaltecimiento, las ciencias y las artes, las doctrinas y las costumbres, han comenzado a extenderse del horizonte civil al horizonte cultural.
Todas las fuerzas vitales de los pueblos empiezan a solidarizarse en la humanidad. La producción y el consumo están regulados en escala internacional; los medios de cir culación se han centuplicado en la tierra, en el mar, en el aire. Los pueblos ajenos a esa vida común no se consideran civilizados; y no lo son. Cada invento técnico. descubrimiento científico, creación artística, llega a todos los pueblos. En todos se definen análogas normas y principios jurídicos. Asi como en la nación se ha expandido la primitiva solrdaridad del terruño, empieza ya a expandirse en la hu manrdad la solidaridad de la nación. Esta forma superior del solidarismo anida, por ahora, en grandes espíritus que, desbordan de la patria política, como ésta desbordó otrora de la primitiva patria lugareña. Sólo se sienten solidarios con la humanidad los que conciben y aman ideales humanos, anticipándose a sentimientos que llegarán a primar en el porvenir.
Apóstoles fueron. otrora, los hombres que en su tiempo supieron elaborar un sentimiento nacional, creando los estados actuales. Apóstoles son. hoy los que empiezan a ela borar un sentimiento humano, extendido a horizontes cultu. rales cada vez más dilatados. 100. La úrmanta de los pueblos es la entzlequia de la humanidad. Armonia no es semejanza ni fusión universal, sino solidaridad organizada de culturas heterogéneas. La de. srgualdad delos pueblos, es conveniente para la humanidad. como la individual es útil para la nación. La justicia no consiste en borrar las desigualdades, sino en utilizarlas pa ra amenizar el conjunto. todos conviene que cada uno intensifique sus propios rasgos, de acuerdo con las caracte risticas del medio en que se desenvuelve; si ellas se per dieran sería perjudicial. La solidaridad debe concebirse co mo un equilibrio de partes cada vez más diferenciadas, ca paces de cumplir mejor sus funciones en beneficio propio y de las demás. Cuando un pueblo pierde la noción de la lnterdependencia, tiende a romper el equilibrio en su prove. cho. desencadenando la guerra en perjuicio de todos.
El progreso de la solidaridad se caracterizará en el porvenir por el desarrollo de organismos juridicos, econó micos y morales que regulen las relaciones de los pueblos.
Un equilibrio instable y perfect¡ble permitirá la coordina 19 ción de las partes, armonizando el bienestar de la familia, del terruño, de las regiones, de los Estados.
Algunos soñadores, olvidando que la humanidad no. es un mito homogéneo sino una realidad heterogénea, alien tan el anhelo ilusorio de una sola nacionalidad universal.
Más justo es presumir que sobre los actuales Estados poli ticos, carentes a veces de unidad moral, tiendan a constituir se grandes nacionalidades capaces de producir nuevos tipos de civilización, confederando pueblos similares. La solidaridad será natural, fundada en semejanzas de origen, de inte, reses, de idiomas, de sentimientos, de costumbres, de aspiraciones. El ideal presente de perfeccionamiento politico es una coordinación federativa de grupos sociológicos afines, que respete sus caracteristicas propias y las armonice enuna po derosa nacionalidad común. Ninguna convergencia histórica parece más natural que una Federación de los pueblos de la América Latina. Disgregados hace un siglo por la inco municación y el feudalismo, pueden ya plantear de nuevo el problema de su futura unidad nacional, extendida desde el Río Bravo hasta el Magallanes. Esa posibilidad histórica me rece convertirse en ideal común, pues son comunes a todos sus pueblos las esperanzas de progreso y los peligros de vasallaje. Hora es de repetir que, si no llegara a cumplirse tal destino, seria inevitable su colonización porel impen alrsmo que desde. ha cien años los acecha. La oblicua doctrma de Monroe, firme voluntad de Estados Unidos, expresa hoy su decisión de tutelar y explotar a nuestra América Latma, cautivándola sin violencia, por la diplomacia del dólar, Son sus cómplices la tiranía politica, el parasitismo economico y la superstición religiosa, que necesitan mantener drv1didos a nuestros pueblos, explotando sus odios recíprocos en favor de intereses creados en cien años de feudalismo tradicio nal.
Frente a esas fuerzas inmorales del pasado, la espe ranza de acercarnos a una firme solidaridad sólo puede ser puesta en la Nueva Generacion, si logra ser tan nueva por su espiritu como por sus años. sea ella capaz de resistir a las pequeñas tentaciones del presente, mientras adquiera las fuerzas morales que la capaciten para emprender nuestra. gran obra del porvenir: desenvolver la justicia social enla nacionalidad continental. 1) Ultimo capitulo de Las Fuerzas Morales. obra póstuma que en breve aparecerá.