catedra, desde el periodico hasta elf. gl derechos mas elementales fueron cercenados envrlec1dos o negados Entre una doble fila de trincheras enenu gas ya no era posible mantener la neutra lidad pudibunda o el aislamiento desdenoso No actuar empezaba aº ser una de las formas de al complicidad. fué. entonces, cua3 ndo a me diados de 1935, un puñado de escritores or ganizados en Buenos Aires, la AIAPE, la Agrupación de Intelectuales,. Airtistas, Periodistas y Escritores, que alcanzaría en poco tiempo una vasta resonancia. Yo hacía escasamente un mes que había regresado de París, y venía im presionado con la fuerza, la organización, la agilidad del Comité de Vigilancia de los intelectuales Antifascistas de Francia, que Lon. gevin, Rivet y, Alain habían fundado en circunstancias memorables. Bajo su influencia e inspirados por su ejemplo, unimos estrechando nuestras filas para repeler los ataques del fascisino sobre el frente cultural que defendemos.
Entre la amenaza, la delación y la cárcel, dura.
fué la vida de AIAPE; y más dura lo sigue siendo ahora.
Pero no obstante las dificultades de la lucha, lo cierto es que por primera vez entre nosotros un grupo de trabajadóres intelectuales, acostumbrados hasta entonces al individua lismo díscolo, no sólo se preocuparon por pro blemas que hasta entonces ignoraban sino que descubrieron con asombro hasta donde las luchas de clases rigen la mardha de la literatu.
ra y del derecho, de la filosofía y dé la estética Cºmo una prueba del aislamiento en que vivimos los pueblos de América, nos enteramos entonces que con propósitos idénticos, hacía un año que esta agrupación ya había sido or ganizada en México, abril de 1934. pero apenas si nos llegaron de su vida ecos imprecisos y rumores vagos. Las cosas empezaron a cambiar cuando el empuíe de un gobierno progresista trans formó de pronto a México en la capital espiritual de nuestra América. Mientras nosotros llevábamos una vida difícil, an gustiosa casi, bajo el doble control del fraile y del gendarme, México aseguraba una liber tad sin límites a cualobiera que quisiera dis.
frutarla. Gm cuánta envidia contmnplábamos de lejos a sus escritores y a sus artistas, a sus poetas y a sus sabios, libertades ya de la amenaza constante del prºceso oolicial. aíeº nos por completo a la humillación moral y a.
la tortura fisica. Qué maravilla seria traba PÁcana tbto 1051ar ¿e un para fi fºº ºíºgfºfººgilada por el lero en¿due catedra no esta vr. as librerias pueden ºº:ººlas obras de la ¡th2íer ípronto 1rrumpan en ell los gendarmes sinies. tros y le arranquen dé las manos los1libros más valiosos, con ¿las notas, las fichas. la labon de múdhoé añosl Si enlas condiciones nada en vidiables en que nosotros trabajábamos habia mos conseguido, sin embargo, desparramar por América algunas ediciones de valor inaprecia ble, alguna revista de alto vuelo doctrinario, algunos estudios sobre la realidad americana y extranjera, algunos cursos osados desde las cá tedras libres. Qué no sería en las circunstancias extraordinarias que México disfruta, bajo el amparo de un gobierno liberal, hasta con el estímulo, inverosímil para nosotros, de las subvenciones del Estado? No olvidaré jamás aquella mañana de abril en que entré por primera vez ala Escuela de Maestros: en las paredes, leyendas de Lenin; en las aulas, los nombres de Engels y de Marx. Los recuerdos de mis días felices en Moscú me pasaron por el alma; pero la congoja de mi América del Sur esclavizada me quitó en un instante la alegría. Mientras en México un articulo de la constitución exige que la enseñanza debe ser socia lista, a allá en el otro extremo del Con tinente, en la Argentina de mi cariño entra ñable, tres jóvenes estudiantes de derecho han sido expulsados de las aulas por haber cometido el delito tremendo de referirse a lesúsen términos irreverentes. en este mismo año de 1937, en que se cumple el centenario del D0gma Sºcialista de Esteban Echevarria, la Iglesia católica obtuvo del Decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Bue nos Aires que se celebrara en la más majestuo sa de sus aulas, con toda la pompa necesaria, un oficio de desagravio a Cristo Rey. bien, amigos míos; yo quiero decir ahora, con la lealtadmás cumplida lo que consi,)dero un homenaje cabal a nuestra honradez de revolucionarios; esta organización no ha cum plido hasta hoy la misión a que su ambiente histórico la obliga; no aprovedia como debe las condiciones excepcionales de la libertad en que respira. Como hace muchos años, durante los tiempos febriles de su mvolucién, América ha vuelto de nuevo los o ios hacia México, La guerra española, que ya ha dividido al mun do, ha mostrado de un golpe esta verdad evi