¿a. umrg. au. usvuwwu. a. a. pá. . a. u. No hay. se hacerse 1lusrones ni que caer en pesimrsrh05 destructores Ni debemosá egspe rar milagros de ningún gobierno de los paísesunperialistas, el de Roosevelt 1ncluswe, ni la falta de mercados exteriores para el petróleo mexicano desquiciaría la economía de nuestro pais, muclro menos en el breve plazo que la reacción lo asegura. México, sigue siendo dé bil y apenas empieza a dar lbs primeros pasos para dejar de ser unaigsemicoloni a. Aunque en forma relativamente distinta y no con tanta agudeza todavía estamºs en las redes del im.
pefialismo, particularmente del norteamiericano.
Sin embargo, el imperialismo necesita de nues tro petróleo. Si no forzamos la situación, el problema de la errportación aceitífera puede solucionarse. El secreto, ell gran secreto, consiste en esperar un poco. Para ello tenemos elemen tos suficientes. Pero es urgente, primero, que ia burguesía mexicana detenga la gran Qfensi va de allza de precios y reajustes y retracción de los negocios que ha iniciado. Se requiere, en segundo lugar, que el gobierno y la clase obrera organizada ahoguen por todos los me dios posibles la gran campaña desmoralizadora de los organps de publicidad al servicio de la reacción.
Pedir tales cosas no es pedir? ningún impo sible, no es, siquiera, exigir ningún sacrificio.
Los capitalistas del país pueden hacerlo. y deben comprender que al amainar en su ofensiva antipopular se beneficiarán. El hecho de que desval or de la exportación petrolera no haya constituído hasta hoy un verdadero ingreso pa ra la economía de MéXico significa que lo unico que hace falta es prudencia y comprensión verdadera y fría de la realidad. Además, du rante los últimos años el consumo interno de petróleo y sus derivados ha venido aumentan do en un veinte por ciento anual, cosa que demuestra que si no hay factores psicológicos desfavorables, la industria petrolífera puede sub sistir y aún desarrollarse en cierto grado. Por si algo faltara, en la actualidad tenemos el problema de la falta de energía eléctrica, a la producción de la cual pueden destinarse importantes cantidades de combustibles, median te la instalación de plantas termoeléctricas, que técnicamente son más convenientes, en mu cima casos, que las hidráulicas y que, por aña didura, requieren capitales modbo menores que iaa segunda Si en esta forma se constituye un frente que resista la acometida del imperialismo, hay grandes probabilidades de que se solucione favorablemente eliE problema de que aquí nos hemos ocupado. Entonces todos los países querrán comprar el petróleo mexicano, y hasta el tan traido y llevado gobierno de su majestad pedra ser nuestro cliente, Entonces se po dría vender partedel petróleo al Japón, a Ale mania, a Italia, a quien conviniera. Nada más que en semejante coyuntura ya no habría por qué lracerlo, pues se habrían dado las condi ciones básicas para que México reafirme (ca so UNICO en el mundº) su negativa a con.
tribuir con los productos de su suelo para las errípresas salvajes e inhumanas del fascismo.
Poder hacerlo así es naturalmente, uno de los más altos y nobles deseos del pueblo revolucionario de este petit pays chaud. como despreciativamente nos llaman ios agentes del imperialismo francés.
No obstante, el irnperialismo tiene recursos más poderosos que los nuestrºs; posee medios para esperar más largo tiempo que Mé xico. Es de creerse que no lo hará, porque la espera le sería muy costosa. Si contra toda lógica llevara su capricho hasta el extremo, en tonces seria necesario que nos jugáramos has tala carta que ahora rechazamos, pues, entiéndase bien, lo que hemos dicho es pºrque creemos que todavía tenemos bases firmes para ju. gar la carta a tiempo. Ahora es todavía conve niente que no se venda el petróleo a los fas cistas. Si fuera indispensable, a su hora, cuando se hubiera recurrido a todo lo que se pue de recurrir, habría que cambiar de opinión. El mundo entero debe saber que si los imperiallismos democráticos cierran a México todas las posibilidades y obligan al gobierno del Pre sidente Cárdenas a hacer lo que no quiere ha cer, esto es, a vender el petróleo a quien se lo compre, así sea a las potencias fascistas, en este caso, decimos, México prºcedería en con tra de su voluntad y sin que ello significára que abdicara de su programa. Semejante proceder ¿sigi seguiria única y exclusivamente por razones de conservación biológica. En tal caso el movimiento obrero, plenamente consciente de los pdligr03 que la situación implicaría, tendría la obligación de respaldar al gobierno con ener gía; pero también de decir a las masas la verdad, toda la verdad.
PÁonsa