socialista, o sea, cºn indemnización. Esta pe queñez significa, lºgicamente que México 31a cºntraído un fuerte compromiso con el sector más poderoso del imperialismo mundial. El petróleo, a pesan de que en justicia pertenece y debió haber pertenecido siempre a MéxiCo, hay que pagarlº. Para ellº es indispensable que nuestrº pais cuente con nuevas fuentes de in gresos. estos ingresos, que toman naturalmente forma monetaria, de l1e dho no pueden provenir sinº de productos nacionales exporta ºbles a lºs paises que por virtud de la exprº piación han adquirido un nuevo créditº contra Méxicº. En las actuales condiciones de crisis mundial que se inicia con caracteres de extre ma gravedad y que, pºr lº tantº, empieza a afectar ya a nuestrº pais, la única fuente po sibl e para el pago del lpetróleo es la prºpia in dustria petrolífera.
Vistº el pr lema del lado del los grandes países imperialistas afectados cºn la expropia ción, y especialmente por lº que a Inglaterra se refiere, nº se puede prescindir, además, del petróleº de México, en razón de que a la cºrta o a la larga les es indispensable para su pro pia producción industrial, empeñada ahora en una desenfrenada carrera de armamentos. Pºr eso las revistas especialistas en petróleo más importantes del mundº están incurriendo en una cºntradicción aparentemente inexplicable.
En largºs e insistentes artículos desahogan su cólera cºntra Méxicº, llamándole ladrón y dedicándole otrºs epítetos semejantes, para después proclamar plañideramente la cºnveniencia de que unº se deje sold y abandºnado a nuestro país. pues de lo contrariº la necesidad lo obligaría a caer en manos de las potencias fascistas. En lenguaje imperialista esto consti tuye una seria y grave advertencia que es preciso tener en cuenta, y que viene de perilla a lºs que proclaman la conveniencia de que se venda inmediatamente el petróleº a quien sea, es decir, a los Estados fascistas.
Nºsºtros no creemºs en la irreductible ºpo sición entre las democracia; nnpermlgstas. el fascismo, pues sabemos que todas las potencias imperialistas, sin distinción de matices, constituven, o constituirán asu hora, el gran frente antiprºletariº y cmtrarrevºlucionariº del mun do. Nº obstante, las rivalidades que existen en tre estas potencias son muy reales y verdade ras. El actual gobiernº de los Estadºs Unidos, pese a todo lo que ¡ha hechº el Presidente PÁGINA 6 Roosevelt es el gob1erno de un gran paradigma: lº sentimos, la. presión econom1ca. fmancrera nºrteamericana pesa sobre Mexico. El acompa ºñaniientó de jtiramento de respetº a nuestrod derechºs de nación soberana tiene, por cierto, una gran importancia política; perº. no dei. ja de ser un acornpañamiento. La meiodía esf; tá constituida por la ofensiva imperialista tiene notas muy desagradables, tales por ejem pl º, como la cºndición de no comprar petrºleo mexicano que provenga de pºzos que l1ayan si do de las empresas expropiados, impuesta por una firma de Nueva Yorlc, al concertar una operación de cºmpra venta de aceite tales cmt mº la intensa campaña de cal umnias que se hace para matar el turismo norteamericano zi Méxicº; tales, en fin, como la pretensión de que se baje exageradamente el tipo de cambió del pesº cºntra el dólar, cºn el objeto de que los imperialistas norteamericanºs se puedan ll var a vil precio nuestra producción de mate»
rias primas.
Si tales la situación; si de esta manera obra el imperialismo que tiene el gºbierno más dei mocráticº entre todºs los de su índºle; si seme?
jantes cosas suceden a guisa de simples recur sos para sacar ventaja de una medida cºmo te expropiación, que a primera vista sólo puede beneficiar al mºvimiento anti imperialista dia Méxicº y, por ende, a nuestra ecºnomía; si existe semejante situación, decimos. qué sucef:. dería si Méxicº vendiera su petróleo a las poi tencias imperialistas que tienen hondas rivali dades cºn los Estados Unidos? La respuesta no se hace esperar. El gºbierno de la Casa Blan; ca reafirmaria una vez más su posición juri dica irreprºdhable; declararia que México, pais soberano, es dueño de vender lº suyº a quien le venga en gana; pero los Estados Unidos, país también sºberanº, tienen, asimismo dere chº de comprar, plata por ejemplo, a quien se les antoje; y haciendº ell usº de la misma sº berania, pueden también hacer otras muchas cosas que equivaldrian a una ofensiva económi ca y financiera de gran envergadura contra nuestrº país. si el Presidente Roosevelt, en lo personal, nº quisiera proceder asi, la demº cracia imperialista yanqui encºntraría medios adecuadºs para fºrmar la situación por medio de la reaccionaria Suprema Corte norteamerica na, del Senadº, o simplemente con la acción financiera de la banca de 1Wall Street.