Por noonroo oancra Trenvrno raíz de la expropiación de los bienes de las empresas petroleras imperialistas. los sec tores nacionales y extranjeros más reaccionarios esperaban que la industria petrolera se desor ganizaria tan pronto como quedara a cargo de los trabajadores. No obstante, no solo no su cedió eso, sino que incluso acaeció lo contra rio. Entonces el júbilo se apoderó de los gru pos de izquierda, algunós de los cuales pensa rºn, con ligereza, que el triunfo completo se habia consumado y que ya habia nada o casi nada de qué preocuparse. Para reforzar este criterio surgieron, a raíz de la expropiación, repetidas declaraciones ddl Presidente de los Estados Unidos, óuien reiteradamente proclamó que México tiene el deredho de aplicar sus propias leyes a todos los individuos o sºcie dades mercantiles que operen en su territorio.
La posición del gºbierno norteamericano hizo pensar que el problema de la expropiación del petróleo era cºsa resuelta y que, pese a la torpe oposición de Inglaterra, Sobraria quien comprara inmediatamente el vºlumen de la prodgpción aceitifera nacional que las compa ñías imperialistas habían venido vendiendo en el extranjero. Los hechos, sin embargo, han ve nido demostrando lo contrario. Pese a la po sición jurídicamente irreprocbable de la Casa Blanca, el petróleo no se puede exportar toda vía. Con la anuencia del Presidente Roosevelt o sin ella, el imperialismo yanqui está saboteando a la economía de México; se está ven gando del crimen que a sua ºjos constituye la expropiación. Por eso, salvo reducidas opera ciones, el petróleo de México no se ha podido vender todavía en el exterior. Late acción empieza, en consecuencia, a lanzar versiones alarmantes. No faltan, por cierto, elementos que consideran ya que la apropiación es un fracaso, Las exageraciones llegan al grado de que hay imbéciles que creen a pie juntillas que los bienes de las compañías imperialistas van a ser devueltos a éstas; llegó hasta decirse que el Presidente Cárdenas iba a renunciar a su alto puesto. Otros. sectores, que en un principio aplaudieron la determinación dei gobierno mexicano de no vender petróleo a los países fascistas, abandonaron precipitadamente este pun to de vista y ahora están abogando porque se celebren desde luego operaciones con cualquie ra que desee comprar el petróleo mexicano.
El paso brusco de una posición a la otra es indicio claro: primero, de que se exageraban las esperanzas en la democracia imperialista del gobierno que preside Roosevelt; y, segundº, de que sin mediar seriamente sobre la actitud que.
la Casa Blanca asumiría si se vendiera el petróleo a los países fascistas, se ha caido en una nerviosidad que se basa en una exageración de la importancia actual de la falta de mercado exterior para nuestro petróleo. l pesar de todo, la situaciórf, siendo seria, dista mucho de ser desesperada. Para juzgarla correctamente precisa tener en cuenta que la exportación petrolera que hacían las empresas iniperialistas en nada beneficiaba a la econo mia de Méxicº. Los gastos que las empresas extranjeras tenian que hacer para beneficiar el petróleo de nuestro subsuelo, se habían veni do cubriendo, durante los últimºs años, con l8¿
ventas interiores. De tal manera. el valor de la exportación no tenía nada qué ver con nuestra balanza comercial y en realidad no representaba otra cosa que las enormes utilidades que el imperialismo sacaba de las entrañas de las tierras mexicanas y del esfuerzo de los trabajadores del país. La clausura de los mercados exteriores al petróleo nacionalizado constituye, pues, de hedho, una utilidad: significa que Méxigp,, está cºnservando las riquezas de su subsuelf para su propia y futura utilización. Por qué, entonces se preguntará el lec tor. admitimos líneas arriba que la falta de mercados extranjeros constituye de todos mo dos un problema? La respuesta es obvia. La exprºpiación se ha realizado en una forma no PÁonsa