Redacción y Administración Tacuba No. 12. Despacho o. G. Junio de 1944. ºehsado en Aragón y en spaña, ha games. nuestro el pensamiento de; Fernán González: Un dia que parda. mas, nunca lo podremos eobrar. a. más en aquel dia, nos podremos tor. nar. I Pendiente de Regratr 3MINUTOS. HISTOQIÁ. º lieéolate de ¿abaíiero Herria el Maestrazgo. caballo sobre Valencia y Aragón. sin entregadse, todavia, ni a uno ni a otro, corrían por sus sierras, ciudades en Aragón, como en toda España, los pueblosy hasta las aldeas tienen aire de ciudades masiasy aldeas, hombres con armas, luchando unos por don Carlos y otros pór doña Isabel. Cabrera marcaba, en aquella lucha tremenda, el más alto grado de rudezay ferocidad. Se había retrocedido en la técnica militar y la guerra carlista se ha bía convertido en una complicada madeja de marchas y contramarchas, en Que los soldados morían de disenteria. En aquella marca las ciudades permane cian como islotes auténticamente politicos. porque les tuviera sin cuidado lo que pasara. L rma señerawde laxeasa se dedieé a ba rle. sido muy Teruel, Huesca, Barbastro, Jaca se sentían. liberales. En Zarag ozá el ambiente era francamente liberal. Se giniciaban ya los movimientos que habían de producir, más adelante, la Zaragoza alborotadamente progresista que, a pesar de los despistes políticos de los dos últimos decenios, estallará nuevamente.
Desde las sierras se veia a Zaragoza como un magnifico regalo para la Corte de Estella, para sus frailes,. princesas línfomrmíacas, aristócratas casanovescos y devotos, quehacian y se hacían el amor para entretener el tiempo en que los campesinos, navarros y aragoneses derramaban su sangre para con quistarles, a ellos, la gloria de la corte real.
La espera era ya excesiva. Necesitaban alguna ciudad im portante en que poder a li gerar5e de la pesadumbre de la pequeña ciu edad Navarra. Cabrera decidió ofrecérsela Del Maestrazgo salieron las tropas del general Cabañero, pasaron Alcañiz y se dirigieron a Zaragoza. Las autoridades consideraban imposible la marchay por lo tanto dormían tranquilamente. Es posible que du rmieran Muchos eran los que peleaban por doña Isa bel sin saber bien por quéy muchas auto ridades liberales llevaban el morrión liberal tan chiquito que casi parecía una boina. Traición? Puede que ni eso.
Los rumores corrían por la ciudad. La au toridad no corria. Dormia, Como dormia el 18 de julio de 1936, el de marzo de 1838 roncaba. El pueblo no dormía tanto. Por sus calles veia entrar unas iuerzas escasamente unifonnadaseunas boinas y unºs escapularios, que más tarde se convirtierºn en ieces con los mismos escapularios de aire bronoo. Cómodamente se apoderaron de la ciudad. Los soldados liberales se encerraron en los cuarteles y los jefes isabelinos cºmenzaron a pensar en los términos de la rendiC10n. Cabañero, el general que con su brigada. cuatro batallones y cuatrocientos caballos. habia llegado, se preparaba para asistir al Te Down en el Pilar. Pero la noche había ag itaday en casa de cualquiera de los apostólicos, los Cavero, los Comín o los Elí ois, entró a descansar. Entre bromas y gracias le ofrecieron el chocolate. La mismás sabroso chocºlate que hubiera podido tomar jamás aquel campesino Pero ni unos ºlas autoridades, los jefes militares de la ciudad ni los otros los sol dados carlistas, su general Cabañero, los pequeños aristócratas contaban con algo Cuya. importancia se demostraría inmediatamente: el pueblo.
Una noche en vela no le debilitó sino que le dió ánimos. Vió las boinas por las calles y él se puso el morrión, pero el morrión desve onzado, sin achatamientos, duro, inflexible y sin contar con las autoridades, sacó, sus armas, las que las autoridades tenian en la Aljaferia. inició una dura lucha callejera contra, los huéspedes entr años. El pueblo en armas se. posesionó de, losuyo. Lac1udad. Corrreron los carhstals que pudieron y llegaron. hasta Cabañero en el momento en que el humeante chocolate aparecia en jicaras de plata ante la: mesa del general. Una sonrisa del general y una ira se muy propia del militar con mando: Setrata. no se preocupe ahora regreso No. Reiii ajla12áeine.
CUATRO ¡Cóino e el alto llano tu figura se me aparece. Mi palabra evoca el prado verde y la árida llanura, la zarza en flor. la cenicienta roca. al recuerdo obediente, negra encina brota en el cerro, baja el chopo al río; el pastor va subiendo a la colina; brilla un balcón en la ciudad: el mio.
El nuestro. Ves? Hacia Aragón, lejana, la sierra del loucayo, blanca y rosa Mira el incendio de esa nube grana. y aquella estrella en el azul, esposa.
Tras el Duero la loma de Santana se amorata en la tarde sileuciosa.
II ¿Por qué, decísme, hacia los altos llanos huye mi corazón de esta ribera, y en tierra labradora y marinera Sti5pi1 por los yer, mos castellanos?
Nadie elige su amor. levóme un día mi destino a los grises caivijares donde ahuyenta al caerla nieve iria las sombras de los muertos encinares. De aquel trozo de España, alto y roquero hoy traigo. a ti, Guadalquivir flor ido, una mata del áspero romero. Mi corazón está donde ha nacido. no ala vida, al amor, cerca del Duero.
amo. y e crpres éi Etiid0 ¡le EDTÍá cºmº.
Illilllll ¡Illllllllkrlllllllil lllilllitllilIIII IIIIIIIIIIlilllllllllilIlllllllIlllilllllllllilIllllllllllilllIllllllllilIllilllllilIllllllllillllilllllillllilllllllillllilllilllllilllklllllllllIllllllllilIlllllilllllllllllllllllllll sonaros edema. M G. A D. Otra vez el ayer. Tras la persiana, música y sol; en. el iardin cercano, la fruta de oro, al levantar la mano, el puro azul, dormido en. la fontana. Mi Sevilla iniantil ¡tan sevillana. cual muerde el tiempo tu memoria en vano. Tan nuestra! Aviva tu recuerdo, hermano.
No sabemos de quién va a ser mañana. lguien vendió la piedra de. los la res al pesado teutón, al hambre mp. a y al italo la puerta de los mares.
Odio y miedo a la estirpe redentora que muele el fruto de los olivares, y ayuna y labra, y siembra y canta y llora! escritora, hoy IV Tu carta oh noble corazón en vela, español indºmable, puño fuerte. tu carta, heroica Lister, me consuela de ésta, que pasa en mi, carne de muerte.
Fragores en tu carta me han llegado. de lucha santa sobre el campo ibero; también mi corazón ha despertado entre olores de pólvora y romero.
Donde anuncia marina caracola que llega el Ebro, y en la peña iria. donde brota esa rúbrica española. de monte a mar, esta palabra mía. Si mi pluma valiera tu pistola. El Poeta y el Pueblo lragmenió. nocidos, y. cuyo lettm0t1f el a 5no pequeno, artes fué lorec1ente ºjos y Cuando alguien me preguntó, hace ya muchos años. piensa usted que el poeta debe escribir para el pueblo, o permanecer encerrado en su orre de mariii era. el tópico al uso de aquellos ollas consagrado cr una actividad aristocrática. en esleros de la cultura sólo accesi bles a una minoría selecta? yo contesté con estas palabras, que a muchos parecieron un tanto evaslvas e inqe uos; Escribir para el pueblo decio mi maestro ¡qué más quisierd yo. Desooso de escribr para el pueblo, aprendí de él cuanto pude. mucho menos clar o está de lo qua él sabe. Escribir para el púebio. es, por de pronto, escribir para el hombre de nuesiri:r raza. de nuestra tierra, de nuestra hablo, tres Cosas de inagotable cónienido que no acabaremos nunca de conocer. es mucho más, porque escribir para el pueblo nos obliga a rebasar las fronteras de nuestra patria. escribir también para los hombres de otras razas. de otras tierras y de otras lenguas. Escribir para el pueblo es liamcrrsa Cervantes, en España, Shakespeare, en nq iaterra Tolstoii. en Rusia. Es el mlldg ro de los genios de la palabra. Tal vez alguna de ellos lo realizó sin saberlo. sin haberlo deseado siquiera. Dia llegará en que sea la más consciente y suprema aspiración del poeta. Ariioiilo MACHADO. a.
por Medea Paulita Brook. CARTAS PLATERO 5Editorial Proa México, Ilustrado po Alma Tapia, Paulita Brook, ha publicado un nuevo libro que titula Cartas a Platero. manera de prólogo, encontramos una maravillosa pagina pinédita de la edición comf pleta de PLATERO YO. Juan Ramón liménez ha. puesto en ella el mismo alientb poético e idénticas sutilezas líricas Porqufe tú, como tú, un niño, un perro también, como Almirante, me das la compañia y no me quitas la. soledad (esto que también te digo tanto) y al revés, me consientes la soledad ;y.
no me dejas sin compañia de los ya cdpelúdo, suave. tan blando por fuera, qué se diría todo de al godón. el hermanb a medias. ha ¡servidog a Paulita Brook como sujeto de las Cartas a que nos referimos. Aun que en el desarrollo y concepción general de Cartas a Platero se perciben las huellas del ilustre poeta e5pañol. y hay en ellas igual profusión de temas poéticos aceitadamen te escogidos, en el libro de Paulii;a Brook, lejos de confundirse sueño y realidad, más bien los destaca y precisa, al propio tienfrpo que nos revela intensa plenitud de exp oración en sus imaginaciones, no exenta de cierta coqueteria de la sencillez, en palabras y conceptos, sencillez que nos conquista pur (Iciar más desnuda y Clara su desbordahle ternura, expresada con sabiá. y graciosa shit plicidad. Pero la característica esencial de Cartas a Blatero. y su principal mérito,:a nuestro juicio, estriba, tanto en la riqueza de la sensibilidad de Su autora, cºmo en el aquéllatamiento y justeza de la expresión, que en u conjunto es limpia, cuidada y primerosa, culminando en la carta final De Rucio a. Platero. para nuestro gusto, la mejor de todas, que poco o nada tiene que envidiar, en Íel buen decir, a las mejores páginas de la lei1gua castellana.
Wanda Wasili6vslia. ARCO IRIS. Editbrial Nuevo Mundo. Difícilmente podrá darse nada más impresionante que el relato que, de los crímenes y horrores cometidos por los alemanes durante la ocupación de una pequeña ldea ucraniana, nos hace la eminente coronel del Ejército Rojo, Wanda Wasilievska en ARCO IRIS. Se trata de un libro viv, o intenso, arreb atado de aliento humano, porque la autora re cerre siempre al testimonio de su propia cic periencia, y donde. la barbarie y la ferocidad de las bestias nazis, se estrellan ante el hisroísmo incomparable de sencillas campesinas, niños o viejos para descubrimos una vez más la grandeza del pueblo soviético en lucha ininterrumpida contra la violencia de los que profanan su tierra, esa tierra que aman con tanto apasionamiento. así van desfilando la figura magnifica de Olena, la guerrillera que vuelve sigilosamente ºa su aldea porque va a nacer el hijo esperado con afán, durante veinte años y es desob. bierta las de Fedosia, Maria Cbechcir, Mishká, Malasha, en fin la aldea entera, que no gime su des esperacióu o, el dolor de sus huesos y de su carne, sino que gime su. la libertad.
ue lle dos sus libertadores, lo que ymais te e, rrible cementerio, vuelve a la vida inmediatamente, con frenesí, con ese arder y esa ad mirable capacidad para la. acción, tan peculiar en los ciudadanos de las jóvenes Repúblicas Soviéticas.
Hay también algo muy interesante, que rio querenios pasar por alto, en cuanto a la foima de expresión literaria de esta novela, algo que impresiona al lectºr hondamente, y es lo que pudiéramºs llamar el desarrollo plástiéo o más bien cínematógraio de la obra, porq1i e las escenas parecen fotografías en movimiento. para terminar, diremos que la. traducción muy estimable del prpfesorq Roces y Rei ano, es un nuevo mérito que añadir a la edición castellana de este excelente libro.
Constancia de la Mora. DOBLE ESPLEN DOR. Editorial Atlante. México 1944. Mdcl. os intentos ha habido para hacer una ve rdadeia historia de la guerra de España, sin embargo, ninguna tan acertada;y como la que Constancia de la Mora, ha con, Pasa laPágina ¡57 completa