do haber cometido el Sr. Cabrera para que en su contra se dictuse esa orden. No porque es el propietario del periódico, es coautor de los delitos que puedan cometer los redactores. Esto conduoiria ¡í la aberración, de que por el hecho de ser una persona el propietario del cuchillo con que se cometió un homicidio, se le considere coautor de ese homicidio.
En los delitos de imprenta, se ha deseado por nuestros Jueces llegar a un rigorismo exagerado, que no puede tener más fundamento que el deseo de concluir con una publicación, salvando el respeto que merece la prensa. Para concluir, nos permitiremos recordar las frases de un distinguido Constituyente al discutirse el proyecto de Constitución, en el Congreso de 57, del Sr. Lic. Félix Romero. Hagamos aqui lo contrario de lo que los papas hicieron en los primeros tiempos de la imprenta: si ellos la maniataron, la esclavizaron, la escarnecieron, démosle nosotros vuelo sus alas, ensanche su imperio, haciendo de ella no solo una garantía. individual, sino una institución pública. No olvidéis que la prosperidad de los primeros paises del mundo se debe a la libertad de imprenta, que la América es poderosa por la libertad de imprenta, y que México está llamado ser grande por la libertad de imprenta. UN ARTÍCULO DEL Dr.
MANUEL FLORES.
Creemos de importancia copiar el siguiente fragmento de un articulo del Dr.
Flores, que nos revela la manera de proceder de algunos de nuestros Jtieces. El Dr.
Flores dice al final de su articulo que nuestros Jueces Mexicanos no proceden en la forma que lo hacen los franceses. Esa afirmación es errónea y procede del carácter oficial del articulista, pero nuestros, lectores sabran aplicar a algunos de nuestros Jueces las apreciaciones que hace el Dr.
Flores de los uecee franceses.
encarnación. e a. En presencia de un crimen, lo primero que un Juez anglo sajón supone es la inocencia del acusado. No vincula vanidad ni en encontrar ni en hacer castigar al culpablmespera pacientemente las luces de la evidencia y parece confiar, impasible y austero, en que el criminal venga ofrecer sus manos las esposas, sus pies a los grillos, su cuello al dogal, sin creer que ha fracasado, si el criminal no ha sido habido ni creerse deshonrado si el delincuente no ha sido descubierto. En este sentido, el Juez anglo sajón es unartesano; hace su tarea.
cuando puede y como puede.
En presencia de un crimen, lo primero que un Juez fiancés supone, es la culpabilidad del acusado. Todo su ir y venir, todo su afán, todo su empeño se concentra en acumular indicios, sospechas, presunciones; en amontonar testimonios vagos, antecedentes engañosos, precedentes falaces y construir con aquella charla y aquel humo un edificio de prueba juridica, sólido como el granito, inconmovible como la montaña. El Juez y el policia buscan «su crimen. como el poeta su poema, como el artista su obra. maestra. Es cuestión de re.
putación, de carrera, de porvenir, de vanidad casi de gloria, al llevar alguien al banquillo, el acumular sobre su cabeza las «pruebas. el arrancar al jurado un veredicto condenatorio. Otra cosa seria incapacidad, deshonra, mediocridad, porvenir dcsvanccido, carrera interrumpida. Como cl fiancés es esencialmente dialéctico. discutidor. polemista; como los silogismos le hacen mayor impresión que los hechos, y como el enlace lógico le preocupa más que la ley cientifica, nada más natural que ensartar hechos dispersos como quien ensarta chaquira, que apoyarse en el argumento favorable y despreciar deprecíar el ad verso, que forjar cuando pretende averiguar, cuando aspira esclarecer. Gracias este mecanismo y este Vicio de caractelyá.
vuelta de correo. el más honrado de los hombres aparece como el más odioso de los criminales y Lucrecia. puede resultar más ímpúdíca que esalina.
Cuando un Juez inicia su interrogatorio