Democracy

REGENERACION.
ñado, porque el referido periódico cuenta entre el grupo de sus redactores, empleados y funcionarios públicos de la Administración sinaloense. Esto nos hace suponer que el descontento que produce la política de nuestros gobernantes, ya comienza traducirse en censura por parte de los funcionarios públicos.
Nos vencemos la tentación de dar conocer íntegro el artículo mencionado Dice así. Así como es necesario ir hasta Cristo para encontrar la democracia del catolicismo, es necesario ir hasta Juárez para hallar la democracia de la política que gobierna la República. Los dos reformadores pretendieron, aunque por distintos caminos, llevar esas masas de pasividades que constituyen los pueblos hacia la realización de los principios, utópicos tal vez, que han sido el ideal de la bumanidad desde que tuvo fuerza, suficiente para pensar en sí misma. Ahora bien, ese escándalo que el clero de México ha dado a la faz del mundo, y por medio del cual se ban descubierto no sólo las llagas pestilentes que llevan en la conciencia los hombres de sotana, sino la asquerosa conculcación del dogma, de la fé, del derecho canónico, de la moral cristiana, en una palabra, es el mismo que daría, poco que se quisiera, la política maqueavélica que impera del uno al otro confín del país. Si los evangélicos han sido hollados por esa falange de simoniacos que serían capaces de vender hasta su alma para la consecución de sus miras personalistas, y no las de la religión colocada en último término, también los principios que lorie ron sagradas promesas sobre el pueblo y las leyes que condensaron las ambicio nes del patricio, bản sido holladas, mancilladas y pospuestas a las miras personales de los otros que también son capaces de vender su alma al primer con cesionario que enseñe sus millones Es preciso ser boprados para atacar los vicios en donde quiera que se hallen.
Ahora hace falta que de las filas del bando político surja el Planchet que arro je al rostro del mandón todo el fango con que se han cubierto todos los derechos, y haga brotar la verdad de entre ese légamo en que se agitan como los gérmenes de la putrefacción, el servilis mo y la bajeza. Hace falta un escándalo político que haga pendant ese escándalo clerical, que ya spesta fuerza de manosearlo.
Los políticos de México, hasta el insignificante de Distrito de pueblo, han ojeado y aprendido de moinoria el Tratado del Principe para saber que, de la propia suerte que la actitud beatifica de be ser la fisonomía de los hombres ne gros, las palabras buena fé, justicia, clemencia y humanidad, como decía el político florentino, deben estar en la lengua, pero nunca en el corazón de los go bernantes. Porque así como la religión es el velo que cubre la porquería que destila el clero, la república debe ser el biombo que tape las desnudeces de la política militante, y si la sotana levanta un templo recamado de amarillo establece un asilo para huérfanas de quince veinte años, de manera de simular piadosa realización de las máximas cristianas, los políticos construyen ferrocarriles y con vocan a elecciones populares para simular progreso y democracia ¡Qué importa que nadie de acuerde de investigar cuánta miseria y cuánto perjurio han precedido y acompañado ese simulacro, si tampoco nadie se acordaba de penetrar al templo y al asito para investigar lo que se hacía en nombre de ana religión tan grande, tan pura y tan santa como los principios del otro reformador. Nos hemos alarmbado ante ese espectáculo que ha mostrado el maquiavel mo del clero, y ni siquiera nos conmoremos ante el otro maquiavelismo que suelda la espada la mano de los despo