A1. mp. Er 1o REGENERACIONÏW rio algunos números de El Iízjo tlelzihui. el Juez entonces Digg, hablar con. zote, el Juez Primero Correccional inte alfa mm rinoLimDEmüioPerez de León, dictó un orden de aprehensión contra Daniel Cabrera, pesar de saber perfectamente que está éste ya retirado del periodismo. al efecto, el miércoles 11 del actual (J u1ic. como las doce del día y estando el Sr. Cabrera en su cama, casi moribundo porque su enfermedad es verdaderamente grave, se presentó el mismo Juez en persona y le intimo la orden de prisión. El Sr. Cabrera manitestó, que no solamente no tenía. que ver nada con la redac?
ción de El Hija del Ahwízute desde el pasado Noviembre, sino que aun ignoraba lo que se había publicado, y que le parecia una injusticia aquella orden de aprehensión, siendo completamente extraño a la redacciómy sobre todo, estando en aquella situación en que no podía ni aun levantarse. El Juez permaneció inexorable, como corresponde a un funcionario, que por su profesiómtiene que despojarse de todo sentimiento de humanidad, y contestó que nada tenía que Ver con aquellas disculpas, y que el Señor Cabrera, por el solo hecho dc ser el propietario, debía ser aprehcndido irremisiblemente. El Sr. Cabrera se limitó decir que bicïesen de él lo que quisieran. Hay que advertir que ha sufrido ya tres ataques de congestión cerebral, el último delos cuales le produjo una hemiplegia, y que su médico de cabecera el Sr. Doctor Secundido Sosa habia advertido a su familia que el estado del enfermo era tan peligroso, que cualquiera impresión ruda, cualquiera preocupación, cualquier choque moral podria acarrenrle el cuarto ataque que necesariamente tendrá que. ser de consecuencias funestas. En aquella orden de prisión iba pues, implícita, una amenaza de muerte, y no es extraño que tratándose de la vida de un hombre, su familia suplicara al Juez no cjecutase su orden, cxponiéndole la verdadera gravedad del caso. la familia suplicó. aceituna uacaeuannu nsnnelctoa¡»Il. ocn. a.:s. a. ru4. Lo que se habló en aquella pieza, lo que pasó entre aquel Juez inexorable y aquel moribnndo, esperamos que no se nos obligará revelar lo. uu. aa. a. u. on. Solo diremos que, media hora después, sión, y el Sr. Cabrera determinaba que «era su voluntad» que «El Hijo del Ahuizote» dejara de existir»
La lectura de los anteriores renglones provoca indignación. Si es cierto lo que de ellos se entrevé, se trata sencillamente de un ataque al art. Constitucional, conforme al que es inviolable la libertad de escribir y publicar escritos sobre cual quiera materia, y ninguna autoridad está autorizada para. impedir una publicación periodística, para prevenir los delitos que en lo sucesivo pudieran cometerse. Si el escritor público desobedece la restricción de la ley fundamental, si ataca la vida pri veda salvando el respeto de que la misma ley la rodea, si ofende la moral y subvierte el orden público, que responda ante un tribunal del delito que hubiese cometido; pero no se tomen providencias generales que traen consigo el desquiciamento de nuestras instituciones.
Por otra parte, la orden de prisión dictada contra el Sr. Cabrera, fué infundada, porque dicho Señor, como se ha visto en los números anteriores del «Hij a del Ahuízate. se ha separado por completo de la Dirección de dicho periódico, la. que tiene encomendada al Sr. Remigio Mateos.
Si pues c1 Sr. Cabrera no es más que el propietario de ese periódico, si ninguna ingerencia tiene en él y le son desconocidos los articulos que publica, tanto porque esa separación lo aleja de todo asunto relativo él como por la grave enfermedad que adolece dicho Señor, ningún delito pnel Juez respaldaba. la orden de aprehen