mas. Es un Uuiyerso doliente sin esperanzas. Dónde, entonces, el refugio, del pensamiento atormentado?
Sin embargo, hay algo que nos hace, no sólo tolerable, sino amable la propia existencia. No pesa el haber vivido, cuando existe la facultad de pensar, la facultad de amar, de crear, y cuando hay un sentimiento del deber. Qué importa habitar la más pequeña y atormeutada de, las partículas de polvo sideral, si llevamos encendidos el cerebro y el corazón?
Lo único que anhelamos es que el desarrollo de el talento y de la inteligencia del hombre no sirvan para la destrucción de la especie humana, ni de las bellezas que contiene ntrestro mundo, por el contrario, si el ángel y no la bestia hubiéranse ense.
ñoreado de la tierra, la energía atómica serviría para dar fuerza a industrias, mientras el hobre podría cultivarse intelectualmente, y la producción, satisfacer las necesidades de grandes núcleos humanos, en vez de ser acaparada la producción por unas cuantas manos, dueñas de todos los recursos que el hombre a acumulado en el proceso de los siglos. esta vida, libre de tribulaciones y absurdos, la humanidad merece viI o REPERTORIO AMERICANO virla. En el cuento de Voltaire. Micromegas» el hombre habla al gigantesco habitante de Marte, que lo tie ne con todo y su barco en la palma de su mano, mirándolo como a un insecto ruín y despreciable. Este grano de polvo me ha medido. Es verdad. El terrícola mide ya los espacios interplanetarios y este poder, esta fuerza, si se emplea para la paz humana, y no para el engrandecimiento y el avasallamlento de otras naciones y pueblos, puede quitar el. pesimismo expresado en las lúgubres teorías de Nietzche, Schopenhauer, Hartmann y otros, mirar la existencia como un don inapreciable y solazarnos con los optimismos rientes de Ruslcin, que nos puede alumbrar con el iulgor de sus siete lámparas.
Preocupación por los frijoles, si, pero también por las más altas Icreaciones y descubrimientos del ingenio humano como los ltsputniksn, signos de nuestro tiempo. Que en nuestro Universo interior, debe haber, por razón de la vida misma, un gran amor y un gran interés por todo lo creado y por las angustias y los esfuerzos humanos. Análisis de una Emoción 0 Por Ranzóu ROzl EÉO (En Rep. Aznar. Se me hizo corto un dia en presencia de una tela de juanp Vermeer, la Vista de Delft, un puerto maravilloso, de aguas marinas puras, muelles solitarios, dos mujeres en una punta de playa, barcas desmanteladas, penumbra abajo a ras de tierra. y por efecto de la luz se ven las altas torres con sus ojivas y sus lineas, todo dentro de un aire estático, opalino, y diáfano, a veces, en la altura; del paisaje.
Tela antigua, una visión de Vermeer, con toda la belleza de los colores propios de la naturaleza de las cosas. Bien que alli en el paisaje se admira lo que el. artista vió en un día cualquiera, el abandono de las barcas, los mástiles firmes, los velámenes cerrados, la bruma sobre la tierra, y el agua marina azul, todo eso muerto, pero por el efecto del color, con la. misma vida que contempló el pintor.
Me agradaba admirar ese paisaje, estar ahi dominado por un deleite que me llegaba con más o menos intensidad desde la tela en su conjunI ïí to y detalles de la escena. Ese deleite impreciso muy semejante a una emoción suave, de grata presencia, rondando en mis ojos, porque ellos recibían del exterior la manifestación real de las cosas trasladadas al lienzo por el genio del artista. medida que mi curiosidad se detenía en la barca solitaria pensaba en losmares profundos donde ella. habia pasado, ebria de espanto, sorteando las fuerzas del viento y las malignas sombras escondidas en el vientre de las aguas y en el seno de las tempestades. Las torres altas recuerdan la mús ica melancólica de los campanarios y los muelles solitarios algo muerto abatido por el mar. u f Ese embrujo de la emocion lo producía la belleza serena y magnifica del paisaje, como cuando se mira un crepúsculo con sus minaretes de fuego y sus contornos de ópalo. Se produce, entonces, una embriaguez propia del espiritu con prescindencia total de los sentidos.
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Santiago, Casilla N? 2298. En el Salvador. con el Prof. ML. VIGENTE GAVIDIA En el liceo Santaneco o o o o c o o o o o o o o 0 o o o o o e. Santa Ana fl ooooooooooooo ooooo Una tela muy antigua con esa opacidad que dan los años a las cosas, pero firmes el color y los contornos de los edificios, de las luces y las sombras. En la presencia de ese conjunto animado y ese más allá denominado perspectiva, surge en el espectador, movido por la emoción que produce la belleza, el poderdel análisis, esa agitación del. espiritu que preten de retrotraer la vida actual a las épocas muy lejanas que vivió el autor del paisaje, de cómo eran las ciudades y las cosas de su tiempo. El poder de la mente, como funcicfli del alma, sirve para entrar en el pasado y en los castillos interiores de los artistas desaparecidos.
Esa dualidad puramente mental ha de ser lo que forma la vocación hacia la historia, la posibilidad de ver la tradición, la escuela, el genio del pintor o escultor en la obra maestra, porque viénclola, observando la escena, la delicada poesía que las anima, las fachadas antiguas, todo eso envuelto en una gasa de niebla abajo y la luz arriba, ese desdoblamiento permite comparar lo pasado y el presente para comparar la obra que se hizo hace varios siglos. Era el ideal de la vida lmque ese artista detenía en el tiempo, un tipo de belleza nacional y ver, náculo que aún hoy con la distancia podemos comprender.
Es posible resucitar ese gusto por el vino añejo de aquella época en presencia de una tela inmensamente rica en colores donde aprisiona el pintor el vuelo de esas criaturas del aire, las gaviotas, la palpitación de la ola, y la serenidad de la tierra. En tal momento la mente se va vaciando en el presente y en el pasado para rodearse luego de esa idealidad maravillosa que resuelve la ecuación de muchas vidas en uno mismo.
Con toda la plenitud del paisaje entra la belleza convertida en gozo en Este documento es propiedad de Ia Biblioteca electronica Scriptorium de Ia Universidad Nacional, Costa Rica