perfili Los ojos, del fondo, de una laguna morada,, le incitaban. Los la bios, indios, encarnadinos, le Ofrecían trémnlos, la carne viva denna mujer palpable. Enmarañados así, se que. daron largo trecho.
Frente. la Basílica de Guadalupe.
se detuvo el coche. Bajaron los tres a hacer votos. Ya había desaparecido el humor negro del momentoranterior.
y Gil semostraba toda atención, toda cortesia. Se le notaba como más impaciente en los gestos, más determinado en las pisadas encaminadasia la Virgen. medidaque se acercaban al volcán, el paisaje iba cambiándose. En lugar de los sembrados de maiz y de papas de la tierra fertil y cultivada, se veían los potreros esparcidos de formas extraordinarias, robles y encii nas, torcidos y marchitados, figuras de espantapájaros infernales, ánimas de suplicantes destroncados. Ya la tierra misma. se había cambiado. Un color rojizo invadía todo. Cubierta de cenizas vivas en la última erup ción del volcán, la tierra quemada se había adaptado a su nuevo estado de ser, y se mostraba tranquila y risueña bajo la capa volcánica que la. cubría.
Más allá. del Hotel Robert, de repente, se paró el coche. Gil sacó de su bolsillo un pequeño bulto envuelto en papel blanco y lo puso en manos de, Maristela con una leve sonrisa de payaso triste. Su mamá me mandó esto, le dijo en voz baja. Abierto el paquete, quedó descubierto un objeto diminutivo, brillando bajo su capa de oroLEra un anillo de compromiso. tú, no lo aceptarías de tu propia Evoluntad, sin el permiso de tu madre? preguntó. y Marlstela, negándole con la cabeza, con sus ojos le indicaba que allá, al fondo de la laguna de su amor, guardaba todavia reservas secretas.
En el silencio, Rosamarí empezó a silbar. Era la marcha matrimonial, que terminó con un abrupto desafío. No ve Ud. que eso ya no puede ser? Llegados al volcán, bajaron del coche en la planicie del crater madre.
En la lontania pacían unas vacas, apaciblemente. Les pareció que el viejo volcán habia perdido todas sus antiguas fuerzas. Allá, al horizonte, se alzaba el filo de la montaña, como la columna vertebral de un monstruo glacial, cortando el gris oscuro del cielo con un gesto gsgrimidor. Abajo, en uno de los cráteres hijos, se veía el chorro del humo sulfúrico saliendo REPERTORIO ANÍERICANO de una. fumarola. En ese momento, cambió de dirección el viento, envolviéndolos en una nube de niebla nivolesca, nacida de la unión del humo y dela neblina. La cara sofocada, Rosamari corrió en sentido contrario, tratando de escaparla. Un frío le invadió, penetrándola hasta los tuétanos.
Estaban al borde de iaalaguna, del Reventado, aguas verduzcas que lle naban uno de los antiguos cráteres.
Detrás se alzaban las vertientes del volcán, deposiciones ceniciéntas deja das por el mismo gigante que estaba gargarizándose allí con. un líquido verde, caliente. Se hizo sentir el silencio, interrumpido sólo por los regoldeos del volcán: Maristela se agachó a recoger una piedra que tiró luego al cráter. Rosamari, imitándola, se agachó también.
Una roca negrale llamó la atención, una roca negra acribillada de agujeros. Estaba al, borde mismo del cráter, cerca de unos lapilli volcánicas de basalto porfiritico. En medio del desierto de arena gris esparcido ppr helechos cublertosdeïflores blancas se destacaba como marca distintiva del. volcán, y la niña quería examinarla.
Unas grietas en forma del eje de una rueda rompian la superficie. Entre las piedras delïrlpiofiuna, más brillante, le llamó la atención. Le pareció una joya, digna de engastar.
Literatura 77 Acaso sirva esa para mi anillo de.
compromiso gritó Rosamari, animada.
Con una mano agarró los pantalones de Gil que se encontraba cerca, mientras que con la otra se estrechaba. Ya caía la neblina, más espesa que nunca. Gil se retiró del borde del crater con un movimiento repentino. Enseguida en el claroscurp ¡sonó un chillido desgarrador. Maristela, fijándose fascinada en las aguas verdosas de la laguna, moradas en la penumbra, vió aparecer. como una rosa al cuerpo de su hermana, todavía en su vestido colorado. No se dió cuenta de que Gil había sacado de su. bolsillo un bultohasta que, con un grito resonante, lo tiró pal agua en un paroxismo de rabia. A1lí va; ahora a acabar la historia. e Luego en las tinieblas do tiros ahuyentaron las vacas. y apareció al. lado de su hermana, flotando en las aguas abandonadas de la laguna, la estrella del mar. Por las altas montañas no se, oian más que el to, to. to de un boyero ca de bestias. Mientras tanto, abajo, nnayunta de bueyes por las calles de Cartago estrenaban pegada al yugo una pequeña rueda azulque llevaba una sola palabra: Dodge.
Juan Viñas, Costa Rica. Pero ¡sin Por Alejandra ¡m4 03, 4551. Para el Rep A722677. El «tirano errante» Juan Domingo Perón, al ser permitida la propaganda totalitaria en nuestro país por la tolerancia del actual gobierno, ha hecho inundar las librerías y puestos de dia.
rios con sus libros «La Fuerza es el a derecho de las bestias» y «Los Vendepatrias» que no constituyeron un suceso porque vendidos a treinta pesos tuvieron que rebajarse a diez y ni aún por menos se venden pues enel pri mero acusa a la masonería del desastre clel pais y en el otro a los comunistas, todos ellos sus aliados.
Pero no es esto lo que constituye una literatura inferior de propaganda sino los cientos de libros de autores que florecieron en la época peronista y que hoy tienen su asilo en el nuevo diario «El Nacional. Qué. Linea Dura» y «Palabra Argentina. Estos literatos de nuevo cuño como josé Gobello por ejemplo, teñidus de «porO ooooooo ooooooo teñismo» se caracterizan por su desprecio a la cultura prefiriendo entre un cuadro de Picasso y el tango. ialevaje. el último. Los peronistas que gritan en sus manifestaciones. libros no, alpargatas.
si» y los que decían con el suicida por desesperación, Discépolo. lo mismo es un burro que un gran profesor» se caracterizan por la burla inferior y grosera a estilo de «la. patota. que no va solamente contra lo solemne y ridículo, sino que se extiende a lo serio y honrado. ÓOOOOOOOOOOOOOÓO0000000000000 Lic. Aníbal Arias Abogado y Ñotarío San José, Costa Rica Apartado 2352 Este documento es propiedad de Ia Biblioteca electronica Scriptorium de Ia Universidad Nacional, Costa Rica que se echaba potrero adentro enbusï