EPERÏTÜRÏÜ AMERICANO, e La Condolenciu de Cristián Rodríguez Nueva York, i4 de noviembre de i958. Iis queridos amigos, doña Celia y Eugenioa Me lia maltratado tanto la infausta noticia de la pérdida que Uds. y todo. el pais han tenido con ladesaparición. deÏ Don joaquin, qne he tenido mate rialmente paralizada la voluntad. Una amiga muyïdilectianque me escribió hace algunas semanas y que lo era también de nuestro Don joaquin, en. contestación a una manifestación de pésame me decia que tenía Ia impresión de «que todas las personas del drama habian hecho. su último mutis. y que los, que sobrevivimos lo hacernos por tolerancia de destino. Eso me dió mucho que pensar, porque en. efecto gran parte e las personas que hemos querido más y respetado más se han ausentado para siempre. Sin «embargo, no sé porqué quizás por «considerarlo parte integrante de lo más intimo del país, sin quien casi es inconcebiblela patria no pensé en Don joaquin. ahora se ha ido también, cuando todavia podia habernos acompañado unos dos o tres lustros más.
En la impresión de los que hemos sido. sus amigos, Don joaquin tenia dos edades naturales. Como comenzó a figurar desde edad muy temprana teniamos al principio la impresión de que era un hombre de edad muy madura cuando lo conocimos. En mi caso, sabía mucho de él desde que cursaba en Liberia, en i909, el Quinto Grado.
Tendría Don joaquin entonces esca. sos 28 años; y sin embargo era un nombre familiar en todos los ámbitos diaron en San José y lo habian conocido personalmente y disfrutado de sus consejos y del aliento de su comunicativo entusiasmo, sino que habia trascendido al gran público, que acaso sabia poco de sus méritos intrinsecos, pero para el que la armoniosa y sin guiar combinación de esos dos apellidos. Garcia Monge tenia un. nágico atractivo. Precisamente en algunos de los escritos periodísticos mios que andan por ahi regados, que apareció por ahí de 195o, recordaba cómo mi cariño por las letras, en la infancia, fué inspirado indirectamente por Don joaquin.
Mi maestro de Quinto Grado, gardo Baltodano Briceño, era un fiel devoto (le Don joaquin, porgue como estudiante de la Sección Normal del Liceo de Costa Rica abia aprendido Pedagogia y estudiado Literatura bajo su dirección. Pues bien, ese maestro, Baltodano, tuvo la buena ocurrencia de prescindir de la rigidez de los programas oficiales, según los cuales el Castellano, más que aprenderse debia inventarse mediante los escasos recursos del propio alumno, escribien o do composiciones sinsentido. Tan arbitrarias eran esas tareas que llegamos hasta ver con temor los «paseos escolares al campo. porque sabíamos que después del placer de que pudiéramos disfrutar de ¿esa manera venía el ineludible castigo, que lo era en verdad, de tener que escribir una composición sobre el paseo. sin que nadie haya podido determinar que beneficio puede sacar un muchacho con esa clase, de ejercicios. Edgardo limitó esos suplicios a lo indispensable para decir que acataba los programas. y lo que hacia en cambio era leernos de los libros que le habia recomendado Don joaquin, y uno de ellos, que muchonos deleitaba, era «El Libro de las Tierras Virgenes. traducción de «The junglesgde Kipling. Recuerdo habia creado su práctica de leernos envoz alta, sacó de lav gaveta un tomito encuadernado y nos leyó la Historia del Principe Feliz, de Oscar cido en un tomito de la Colección Ariel, una de las labores más fecundas. de Don Joaquín, y fué asi como aprendel país, y su fama la habian esparAcido no sólo los maestros que estu e dimos que habia en San josé un señor que hacia revistas y se llamaba. Garcia Monge. Ojeando el tomitofixif y lo recuerdo como si lo estuviera viendo, el retrato de un viejo de aniplia frente y largas barbas, con ojos de hipnotizador, vestido con un traje muy extraño. Era el Conde León Tolstoi, uno de los genios literarios que admiraba mucho Donjriaquín y que, en ciertoimodo, fué quien lo dió a conocer en el pais. Nunca he podido ivolver a leer el cuento del PrincipeFeliz en español, y a pesar de que de eso hace 4g años, tan hondo efecto aprodujo ese cuento en mi irriaginación. que todavía recuerdo frases enteras de la traducción, con sólo una vez que: escuchamos leer esta joya literarias Por supuesto, después he leido el cuento muchas veces en inglés y lie podido asi gustar de la belleza de esa prosa rítmica. Hace dos años, como regalo de cumpleaños, me compré yo. mismo un disco de ese cuento, recitado por el notable actor inglés Basil. Ratlibone. cada vez que leo o es. cucho ese cuento de Oscar Wilde pien¿so en mi gran amigo. que también me. hizo conocer a Ruslcin y a tantos otros. de los autores que más me satisfacen.
que un dia, ante la expectaciónque.
No puedo resignarme ni puedo es. cribir más por ahora, porque a esar del esfuerzo que hago por sobreponer. me los ojos se me empreñan de láWilde; admirablemente traducido al. v!
español. Algunos curiosos nos acercamos a la mesá del maestro y supimos.
P07 Primera 33 qué e ¿Vlsta soladoamigo en este recuerdo cari. r. lite raria. I:Ll cuento se habiareprodu. i050 me acompañan Bilarta. Ianuelhy grimas.
Los abraza entre tanto este desconnii suegra. CRISTIAN La Razón, de una Encuesta. Al mismo tiempo, el Consejo (Universitario) comentó la importancia que para el buen nombre del pais y, en.
general, para la cultura de América.
tendria elque no se interrumpiera la publicación de «El Repertorio Americano. y acordó proponerles a su señora madre y a usted la siguiente idea: La Universidad estaría dispuesta, mediante los arreglos que ustedesjuzgasen convenientesfia hacerse cargo de la publicación y la direccion de «El Repertorio Americano. manteniendo para el mismo la linea de absoluta libertad para todas las ideasque le impriniieia el recordailoklon joaquin. De convenir ustedes en un arreglo de ese tipo; la Universidad organiza ria en la forma más adecuada posible la dirección y publicación de «El Repertorio. confiándolas a catedráticos yescritores de alto renombre: y pro duraría ponerse en contacto con todos los suscritoresy colaboradores de la u Ir. publicacion. explicandoles su nuevo status, y el deseo de la Universidad de Costa Rica de hacer del nuevo «Repertorio Americano» una fiel continuación del fundado y con tanto cariño mantenido por largos años por el Profesor Garcia Monge. De una carta del Sr. Rector de la Universidad ¿le Cnstn Rica, Lic. Rmlritgfl Fnfífll. Este documenio es propiedad de la Biblioteca electronica Scriptorium dela Universidad, Nacional, Costa Rica