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es anpnnronio aiinnican i uUn Apóstol ide la Cultura: García Monge eo. ifax. sexenio UEZ UREÑA. Al morir Joaquín García Monge pierde la América española un apóstol de la cultura. Contaba ya setenta y siete años: había nacido en Costa Rica en 188 Se inició a los dieciocho en las letras, glosando en forma narrativa temas follióricos de su tierra; y en 1900 dió a la estampa su primer libro, E! zzroto. Otros vinieron después, pero no era la de escritor su principal actividad: se había impuesto a sí mismo, desde temprano, la obligación de difundir la cultura en nuestra América mediante la pubïcación de libros que fueran de fácil adquisición y manejo, por su formato y por su costo, y si en algo podía importarle el producto de su venta era para tener los medios de Asi nació y prosperó la» Cra enzo. Ariel, iniciada en 1909. Poco después vino otra: Convíoío, a la cual se agregaron las Ediciones Sentimiento y las Ediciones de avatares coslorrïeezesesl (que incluyeron obras de Roberto Brenes Mesén, Caewzen Lyra, Rómulo Tovar, Octavio Jiménez. Manuel González Zeledón y. el propio García Monge. En esas colecciones, que debían incluir, según declaraciones de su editor, obras «de los buenos escritores de todas las naciones y épocas. abundaban los nombres de egregios representantes del pensamiento americano: José Martí. Manuel Gutiérrez Nájera, julio Herrera y Reissig, Aimafzzeríe, Leopoldo Lugones, Carlos Guido y Spauo, Santiago Pérez, Enrique osé Varona, Antonio Zambra na, Manuel Díaz Rodríguez, josé Enrique Rodó, Alfonso Reyes, Pedro e Henríquez Ureña, Rafael Arévalo Martínez, Carlos Vaz Ferreira, José rIaría Chacón y Calvo, José Vasconcelos. Paralelamente a esa abundante labor editorial que tuvo resonancia y circulación en iïda América, García Monge dió comienzo en 1919 al empeño que mayor relieve dió a su personalidad: la publicación del Repertorio Americano. Al amparo de esc título, que un siglo antes había ideado Andrés Bello para un intento semejante, García Monge se propuso recoger, día a día, las manifestaciones más relevantes de los hombres de pensamiento de nuestro tiempo en la América española. Con tino de maestro avezrdo a las buenas lecturas, García Monge tomaba, de los periódicos y revistas del Continente, todo lo que: atesoraba superior interés para el Este documento es propiedad de la Biblioteca electronica Scriptorium de la Universidad Nacional, Costa Rica pensar y el sentir de nuestra América. El Repertorio, que él hacía llegar a los escritores representativos de la cultura continental, era un guión o índice necesario para que los pueblos de América se couocieran mejor unos a otros. Quién, de otro modo, podía estar al día en cuanto a las manifestaciones del pensamiento americano. Podían llegar acaso a todas las manos las publicaciones periódicas de veinte países, para que cada lector, después de revisarlas, desentrañara de ellas lo más importante?
Esa labor era la que realizaba García Monge para que los demás se beneficiaran con ella: clasificaba, valoraba, escogía; y desde las páginas del R8pertorzo echaba a volar el fruto de su rebusca. Qué el sabio humanista ecatoriano Remigio Crespo Toral disertaba en la Universidad de Cuenca sobre temas de su predilección? Pues el Repertorio recogía su magnífico discurso, escrito (la la antigua y sabrosa manera. según comentabaiGarcía Ionge a1 ponerle sn aval, dándolo así a conocer a quienes, por no recibir periódicos del Ecuador, no habrían podido saborear lo. Que un diario de provincia publicaba en Cuba un editorial sobre la destrucción imprudente de las reservas forestales? También lo reproducía en sus páginas el Reporta.
rio, aunque. por su misma índole de artículo editorial, no lo respaldara firma alguna que hubiera podido influir en el ánimo del seleccionador.
Eluóïeperíomo vocero y acervo de la cultura continental, era un medio de comunicación y de información que se había hecho indispensable para cuantos quisieran conocer y aprecir el movimiento de las ideas en la América española: era algo así como un (fea.
ring Ízozese de la producción íntelec tual hispanoamericana. No supone todo esto un trabajo capaz de abrumar a quien no tuviera la pericia excepcional de Garcia Monge para desentrañar de la ganga inútil el oro puro? su mesa llegaban perióiicos y libros de todas partes, en copiosa profusión. García Monge, trjera en mano, SEIECCÏOUHbJ, día tras día, lo que pudiera ser digno del Repertorio montana. e Alguien dijo una vez no creo que con torcida intención, sino admirativamente qne a García Monge deberia erigírsele una estatua esgrimrendo una tijera en la diestra. puesto que la suya era «la primera tijera de América. Labor de tijera podia ser o era en efecto la de García Monge. pero qué tijera pensante, que sabía depurar y valorar!
García Monge, según me dicen, sonrió al conocer la frase, que, cualquiera que fuese su intención o alcance, envolvía un cumplido elogio, pero no sin melancolía recordó que había publicado varios libros de su exclusiva y personal cosecha. Ahí estaba E; 732010 (1900. su primer ensayo narrativo de la ¿Época juvenil; abí estaba otra narración suya de los veinte años, Hzjas de! campo (1901. ahi estaba Áónegaczisïu (1902. ahí estaba tam bién, obra de madurezgjla colección de cuentos La ¡noia sozrzora y otros Sort eso. 1917. Había pasado el tiempo y, consagrado al Reperíorfo, sólo rara vez producía algún artículo suelto. Habían caído ¿en el olvido, a causa de no haber perseverado en sus empeños deficreación propia, aquellos libros suyos, que tuvieron su inspiración y su origen en el folklore yen las costumbres del pueblojcostarriceuse. Quizás, y por ello, Luis Alberto Sánchez escribió para Cuadernos Anzerzï, conos, en mayo de 1950, un ensayo.
con este título: Jozzyzezüz García Mozzge, novelista zjgizorarío. No era, sin embargo, un ignorado; si en todo caso, un olvidado.
No merecía ese olvido. García Monge se cuenta cutreilos escritores costarricenses que mejor explotaron la rica veta del folklorisn1o nacional. En ese campo fué uno de los primeros en el tiempo y en la calidad. primacía, en el orden del tiempo, parece corresponder a Manuel González Zeledón (1864 1936. el popular Aída till, a quien se deben tan valiosas páginas de auténtico sabor local, aunque las ordenó y recogió tardíamente, y fue el propio García ivionge quien se encargó de editar en 1911 un volumen encabezado por La flv im» Cüadïü lleno de admirable verismo. Tam bién merece recordarse Claudio González Rucavado (1878 1929. autor de las animadas Escenas eosízzrrzrezzres (1906. Después vino María Isabel Carvajal (1888 1949. más conocida por su seudónimo de Carte WW Lira. con sus encantadores Cuentos de ¡wz tía Pana afín (1920. editados también por García Monge.
Esos cuatro nombres son los que pueden ctiarse en primer término cuando se hable de literatura follclor 1ca costarricense; pues el insigne R1cardo Fernández Guardia (1867 1950)
lo que hizo en sus afamados. 611103 licor (1901) fué reproducir, ajustandose a un patrón muy siglo ¡XIX a