REPERTORIO AMERICANO «Repertorio» no se le podia achacar pecados contra la libertad ni la decencia. Estuvo firme contra toda dictadura. Si a veces mostró debilidad por Stalin, ello se debió a que, al comienzo, el georgiano fue el anti Iilter nominal, pero cómo se le oscureció el alma a don joaquin cuando el Pacto Stalin Hitler. Buen ciudadano de Centroamérica odiaba a la United Fruit sobre todas las cosas, y de ahi su. fobia antiyanqui, que no lo llevó, empero, nunca a negar a Vtfhitman ni a Thoreu, a FDR ni a fallace, a Emerson ni a Melville. a Poe ni a Pearl Buck, a Emily Dickinson ni a Archibald McLeísh. Tenia pasion antimperialista. De ahi le cogieron a veces los prosoviéticos para arrancarle adhesiones que siempre estuvieron limitadas por un decidido fervor democrático.
jamás don joaquin fue desleal con nada. pero, además, nunca dejó de estar listo a acoger las palabras y ejercitar la defensa de Haya de la Torre, Betancourt, Eduardo Santos.
En las páginas de su revista hubo siempre un rincón para el desterrado de cualquier pais de América. hiahtenia celosa guardia a las puertas de la Democracia. Fue atalaya de la Reforma Universitaria y del Aprismo. Creyó en laposibilidad redentora de Acción Democrática y de la Revolución llaïexicana. Cultivó el arielísmo en forma a la jineta: combatiiíamente.
No tuvo Sandino mejor tribuna que.
el «Repertorio. ni Guiteras, ni Baltasar Iirum, ni Carlos Victiña Fuentes, ni Lázaro Cárdenas. Don joaquin escribia poco, pero mantenía abierto el ojo y lista la mano para escoger siempre lo mejor, adobándolo de vez en cuando con uno que otro comentario salado y breve de su generosa pluma. Comentario definitivo. Lápida memorable. Piedra miliar, En diciembre de 194i, al estallar la guerra entre japón y Estados Unidos, hablé con él, por primera vez, tras largos años de correspondencia interrumpida. El acababa de regresar de España, si no me equivoco; o si: me estoy equivocando: habia ido a España años atrás a visitar a su hijo que profesaba Medicina allá. Este y su larga estada en Chile, siendo joven estudiante, fueron las dos únicas salidas de don joaquin de su Costa Rica natal. No quiso salir nunca. En vano le invitamos entonces a un Seminario indispensable en Nueva York. y luego, a Lima, a Santiago, a Buenos Aires, a Caracas. Estaba pegado a su tierra donde, penoso es decirlo, se le.
conocia menos que afuera.
Don joaquin habia sido director de la Biblioteca Nacional, pero azares de la politica lo redujeron a su querido cargo de maestro secundario. El faro de Centroamérica vivia en pobreza acrisolada y en modestia insuperable.
Cuando nos abrazamos, la primera vez, en 1946, senti cierta angustia, americana de verle sin el atuendo oficial que le correspondía por derecho propio. Era presidente entonces Teodoro Picado, un intelectual de veras, mas las patrias chicas tienen eso de malo: les queda demasiado grande lo grande y les resulta incómoda la glo ria de algunos de sus hijos. Sin embargo, don joaquin me pidió que tratara al Presidente Picado con quien cené aquella noche. Don joaquin, en compañia de varios intelectuales y amigos de Costa Rica, entre ellos un semiperuano, Carlos Fernández Mora, estuvo al dia siguiente a preguntarme mis impresiones. Ii Iontaba guardia, repito, a la puerta de la dignidad de.
su pequeño gran pais.
Una mañana, ya en nuevamente malos trances, pasé por el aeropuerto de San josé. Don joaquin que lo sabia, me esperaba, muy metido en su cuello corto y duro, su chaleco alto. su americana redonda, suaire abacial y penetrante. Me entregó números de su revista. La policia, entonces muy del ojo vivo causa del recientisimo triunfo revolucionario de lás huestes de Figueres, quiso revisarme el paquete. Don joaquin ardió de ira. y vergüenza. Todo se soluciono en un segundo. Pero. el tal Garcia Monge»
no absorbia la pericia. Me acompañó hasta la escalerilla del avión repitiendo paternales excusas a la policia de su tierra. Bondadoso maestro!
Tengo viva en la retina nuestro último encuentro, hace dos años y medio, naturalmente en San josé, Acudió a una conferencia que yo dictaba en una Escuela, pero no quisoasistir a la de la noche anterior, que se realizó en la sede del partido liberación nacional, con asistencia e intervención del presidente Figueres. En realidad, lo digo con pena, como se lo he dicho a muchos costarricenses, algunos jóvenes, demasiado saturados de estadisticas eimpacíencia, habian dado en la flor de disimular el rectom 87 rado espiritual de don joaquin en su pais y en América, y a base de un trivial «nadie es profeta en su tierra»
excusabanla insanable incomprensión a quién no cesó de dar honra y prestigio a su patria y a las nuestras.
Un dia, allá por x95 Cuadernos Americanos» decidió rendir homenaje a don joaquin en los setenta años de su edad. Quise escribir sobre sus cuen tos y novelas y logré que me enviara las primeras ediciones, de que dí cuenta en el articulo respectivo. No sé qué me agradeció más don joaquin, si el artículo o la devolución de sus queridas ediciones princepts. Tenia don joaquin un estilo conciso, apretado y elegante.
No desperdiciaba un vocablo; los ahorraba conceptistamente. Axrizor detodo libro, de toda revista. de todo articulo aparecido en América, guardaba ficheros monstruosos por su riqueza, cuyo paradero deberia vigilar ahorala familia o la patria del «tal García Iliiongem. He leido que el gobierno del Perú, ahora, le iba a condecorar con la Orden deI Sol. Debiera hacerlo aunque fuese póstumamente, como se. hace con los vencedores, que lo fue don joaquin, a su manera, muy con la nuestra. Además era necesario lavar la estupidez aquella de «el tal Garcia Mongem Darle las gracias por sudesprendido otorgamiento de toda su persona a la defensa de nuestra libertad y nuestra dignidad democráticas. Reconocerle sus servicios a la causa de la inteligencia continental.
Nos hemos quedado ¿sin tribuna todos los sedientos dejusticia y libertad en América. Repertorio Americano»
fue palestra de las mayores polémicas, pero sin permitir nunca insultos ni sombra de agravios. La finura de don joaquin imponía respeto a los malquerientes. Para hacerlo se requerían tanto talento como bondad. Los tuvo a manos llenas don joaquin. De él puede decirse rahora que emprendió el vuelo final, la frase de Marti sobre Cecilio Acosta. cuando partió tenia limpias las alas. De El Tiempo. Bogotá Este documento es propiedad de la Biblioteca electronica Scriptorium de laUníversidad NacionaLCosta Rica