TREPERTO RIO AMERICAÑO Una luz que se Apaga. Joaquín Garcia Monge Por. vara BONILLA LARA. La muerte de don joaquin García eihïionge, acaecida en su ciudad natalSanjosé de Costa Rica una semana atrás, es una pérdida de incompa rabl e magnitud para su patria; pero es, además, un duelo para la América ración, ha de trncarse en asombro si se sabe a ciencia cierta que su creador fué un hombre que jamás tuvo fortuna, ni pensó en formarla, costeando de su magro bolsillo los primeros gastos y respondiendo por aquellos que española. Porque, sin lugar a dudas, jamás alcanzaron a cubrirse. aquel su «Repeflozrrïa Americano» ha sido, durante treinta años, el más bello pabellón de nuestra cultura, avanzada intelectual de un mundo que piensa, aún en medio de la execráción de muchas dictaduras.
García Monge fué el más alto exponente intelectual de Costa Rica en lo que va corrido de este siglo. Alum.
no distinguido en humanidades, fué becado para estudiar en el Instituto Pedagógico de Chile, donde se graduó en los últimos años del siglo paï sado. Volvió a la patria a ejercer su magisterio y allá compartió las inquie tudes del educador con los afanes del escritor Costumbrista. Entre 190o y 1902 publicó tres novelas cortas que abrieron el surco de un género que tuvo, en aquellos años, muchos cultores, algunos de gran mérito. Pasó por todos los cargos docentes de importáncia del pais, dejando en todos un recuerdo que sus alumnos jamás olvidaron. Una vez, sóio una, las circunsf tancias lo llevaron a la política y prestó su cooperación como Ministro de Instrucción Pública en un gobierno de saneamiento nacional, que el país requirió en i919. Su última actuación en la Administración Pública fué la dirección de la Biblioteca Nacional, a la que se consagró porvarios años.
Pero, si sus compatriotas vemos en él, fundamentalmente, al educador cercano a la perfección, losihispanoamericanos sólo piensan en el infatigable animador que fué y que llenó de luz, por años y hasta el instante en que la muerte cerró sus ojos cansa dos, el cielo intelectual deAmérica.
Por más demedio siglo, sus publicaciones de divulgación fueron inagotable fuente de placer para cuantos, en español, aman la belleza; surgiendo, al final, ese magnífico. Paper atrio Aurerícarza. que, aparte dela devoción espiritual que le tralió a su autor, ha constituido el más alto galardón de la historia intelectual de Costa Rica.
Y, si se admira el hecho inusitado de que una revista de esta especie hombre bueno y humilde entre todos, le bastaba su inmenso escritorio siempre en desorden y colmado de libros y papeles; y se sentía feliz estrechamdo los lazos de amistad entre todos los hombres de América que se ponian al alcance de su corazón.
Poco antes de morir contra los deseos de su modestia, alcanzó a recibir el máximo honor queCosta Rica otorga a sus hijas: el Congreso, sin distinción de partidos políticos, declaró que habia merecido bien de la patria, otorgándole el título de Benemérito, que no han alcanzado, en un siglo, más de veinte de sus compa triotas. Los años vividos y la educación recibida en Chile se grabaron profundamente en su corazón. Queria apasionadamente a este país y lo admiraba sin resereas, porque lo conocia a fondo, pues nunca perdió contacto con él.
Era la luz que habia iluminado su es tudiosa juventud y por eso la respetaba con pasión y con fervor.
Y, sin embargo, aunque alguna vez deseó discurrir por la Alameda santiaguina que guardaba en su memoria, Recordando.
Por. nací ra de 001. 312. (Envio de la autora)
Cuando se habla de don Joaquín García Monge, cada uno de sus amigos cree que es algo suyo, muy particular, que su amistad era algo muy especial. mas en realidad, don Joaquin fué de todo aquel que lo buscó.
Cierro los ojos y me pongo a recordar. Cuál es la primera imagen que tengo de don Joaquín? Desde mi más tierna infancia lo oía nombrar en mi casa. Habia sido compañero de estudios en Chile de uno de mis tios; habia sido profesor de mamá y fué siempre amigo de papá. asi que no puedo precisar desde qué momento entró a formar parte de ¡nisi recuerdos de niña.
Ya de adolescente empecé a irisiï tarlo muy de tarde en tarde en busca de algún libro o de algún dato para mis tareas de colegiala. Siempre me recibió con su sonrisa benévola y su paciencia infinita. Comencé realmente a valorizarlo cuando ingresó a la Escuela Normal. Cuántos consejos de.
Metodología, cuántos datos interesantes de Pedagogia o de Historia de la Educcaciótl bebí de sus labios!
Durante las vacaciones, después de haber terminado ¡T115 estudios ¡en Heredia ¡Qué hermoso curso de «Literatura Infantil» recibí con don Joaquin!
Se abrió la Universidad. entré a Letras y Filosofia y entonces cuán a menudo huhe ¡nenester de su ayuda.
Con que espontaneidad abrió las páginas de «Repertorio Americano» para haya xtivido por tantos años, ln arlmi qtue ¡aushlicarn nllí luis PFÏIWETÜS V975. sigo recordando. en la trayectoria de mi vida siempre encuentro al maestro dispuesto a escucharme, a alentarme, a guiarme.
Hasta la coincidencia de haber sido el primer costarricense a quien conociera mi esposo, al ingresar a este país. Digo coincidencia y realmente no lo fue, porque esta nuestra patria se ha dado a conocer en el resto del mundo tanto por su café y sus mujeres, cuanto por la figura egregia del ilustre desaparecido. y Pasan los años. cuando mi hijo Eduardo Augusto cumplió cinco años, le anunció que lo llevaria a conocer a un gran hombre. y desde entonces ¡qué amistad más encantadora prendió en el alma del anciano y del niño!
Tardes pasadas en la finca del doctor García Carrillo en que todos disfrutóbamos de la paz del campo y del calor de la conversación en el senodel hogan Cuando pasaba. algún tiempo sin acercarnos por la casa del gran publicista, era mi hijo quién me lo recordaba. Mamá, hace días que no vamos a donde don joaquin ¿por qué no pasarnos esta tarde un ratito?
El día en que murió esta gloria de América, quisimos mi esposo y yo, que nuestro hijo Eduardo Augusto asistiera a sus funerales, para que pueda guardar en su mente de niño, las proyecciones de esta alma grande, generosa y pura. irlorrlv dr IJÜIt. 1U San hlignrl dr Santo ÜDIHWB. Nm. gi iii Este documento es propiedad de la Biblioteca electronica Scriptoriurn de la Universidad Nacional, Costa Rica mu.