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84 REPERTORIO AMERICANO Recordando al Dr. Rodríguez Envío del autor. San José, Dr. MI. Rodríguez en Estimado amigo García Monge: Hace días estaba por pedirle un ligero hospedaje en nuestro Repertorio, y digo así, porque, los que desde hace años, lo leemos y lo seguimos, a fuerza de quererlo y estimarlo, nos sentimos tan dueños, como usted. Ningún otro órgano de publicidad podía yo escoger con más acierto para rendirle un homenaje de cariño, de recuerdo, de gratitud a un hombre público centroamericano, que en otrora, prestara servicios desinteresados a Costa Rica. Quizás muchos costarricenses lo ignoran, pero el grupo de la Revolución del Sapoa. por lo menos los que vivimos en la ciudad de Rivas, ahí muy cerca del asiento de Nicarao, sí lo sabemos. nal haríamos, aunque tal vez un tanto tarde, en no echar a los vientos el nombre de ese esclarecido ciudadano, que, sólo por ser cabailero de altos ideales, los más altos en Centroamérica, los ideales morazánicos, estuvo en todo momento con los costarricenses que luchábamos por la libertad y constitucionalidad tica no interrumpida durante muchos lustros.
Para él Costa Rica también es su patria.
El orgallo nuestro, la vida pacífica y libre, quizás una libertad muy excepcional en el mundo, se había empañado en 1917, casi oscurecido con el insólito golpe de estado de un grupo militar encabezado por el Secretario de Guerra del entonces presidente González Flores, el espíritu más reformador de los que han dirigido la nave gubernamental en nuestra patria en estos últimos tiempos.
Hubo crisis de hombres e instituciones; pero no faltaron espíritus rebeldes que se lanzaran a la reconquista del alto nombre alcanzado por nuestra patria como país de orden y de democracia efectiva. Al principio todo esfuerzo parecía perdido, pero, al producirse el never wilsoniano cuando se solicitó el reconocimiento del flamante gobierno, la liama revolucionaria recibió un soplo decisivo.
Allá en Nicaragua una falange de resueltos compatriotas hacían sacrificios por organizar la revo lución armada Aun resuenan en mis cídos las preclamas patrióticas de una pluma viril que siempre estuvo al servicio de la noble causa, la del compañero Mario Sancho, escritor sincero y valeroso, que desde las columnas de la prensa nicaragüense sostenía un fuego graneado contra el orden establecido en la Suiza centroamericana.
Pero volvamos al ilustre amigo, Doctor Rodríguez, hijo de Honduras, como Morazán, como Cabañas, como Contreras, como Molina, como Valle el sabio, o como Valle (Heliodoro. y como tantos otros varones que han dado gloria y lustre a las armas y a las letras centroamericanas, se educó en Guatemala, y ha vivido en Nicaragua y ha convivido con nosotros, aunque cortísimo tiempo, en tierra de Mora y Juan Santamaría. No sé si también en la tierra de Gerardo Barrios y de Alberto Masferrer.
Aquí nos conocimos; vino representando a Guatemala cuando el Congreso de Estudiantes Centroamericanos reunido en esta capital, allá por el año 1903 1904, en la Administración del Licenciado Ascención Esquivel. pasó el tiempo. Mas en 1909 1910, siendo Encargado de Negocios de Costa Rica en Nicaragua, cuando el gobierno del melogrado Doctor Madriz, nos encontramos de nuevo en la tierra de Jerez; desempeñaba él un importante cargo judicial en la Sultana del Gran Lago. volvió a pasar el tiempo. y otra vez nos encontramos en la patria de Darío y del augusto General Sandino.
Ahora yo andaba en andanzas revolucionarias e iba a juntarme al grupo que patrocinaba el malogrado costarricense Licenciado Alfredo Volio.
El Doctor Rodríguez vivía en la ciudad de Rivas, abogado y agricultor, con la mejor clientela del entonces rico departamento fronterizo. Aquí voy a dedicarle unos párrafos a un tema de actualidad: la hospitalidad centroamericana. No creo que podamos vanagloriarnos en Costa Rica de ser los más hospitalarios del itsmo, antes está Nicaragua No he estado en Guatemala, ni he visitado El Salvador, ni conozco Honduras, pero Nicaragua sí. En este Estado si es realidad la consabida frase usa da frecuentenente por los diplomáticos de sentirse uno en su propia casa, cuando se presentan credenciales de un Gobierno a otro. Ei turbión de la política centrcamericana arroja un fuerte contingente de ciudadanos de un Estado a ctro Estado. En unos, el emigrado se siente garantizado, pero en algunos, vive con la zozobra de ser entregado o molestado por los gobiernos que suelen despezuñarse por servir los intereses de sus compinches a trueque de un servicio mutuo. Mas es lo cierto que cuando se llega a una republiquita de las nuestras, y no está de por medio esa vil correspondencia, el emigrado es bien recibido y hasta atendido con fraternidad.
En Nicaragua procuran hacerle pasar lo mejor posible el tiempo. En 1918 la emigración tica encontró simpatías por todo Nicaragua, pero no se crea que su demostración es de simple palabrería cortesana, nada de eso, se le proporciona al emigrado los medios de su existencia, aunque sea en forma modesta.
Tampoco vaya a creerse que es la acción del Gobierno únicamente la que se pone en juego para ayudar al emigrado. son todos los sectores de la sociedad, el comerciante, como el agricultor, con el industrial, etc. se les busca, se le proporciona trabajo. Así nosotros 1918, casi todos encontramos manera de trabajar. Director de una escuela en la isla de Ometepe fué nombrado el inmortal Garcia Flamenco; director de una escuela en Belén (del Departamento de Rivas. el ex diputado Climaco Pérez y un hermano del ex presidente de la República don Julio Acosta, fué nombrado al día siguiente de su llegada al país, Inspector General de Enseñanza, o algo parecido, cargo que cream ron expresamente para el compañero Raúl Acosta. Muchos otros fueron empleados en el Gobierno de aquel tiempo, el del General Emiliano Chamorro, Jefe del partido Conservador, que generosamente acogió a los emigrados costarricenses. Aun sobre los errores que el General Chamorro cometiera en su gestión de gobernante de Nicaragua, o de representante de aquel país, Costa Rica no podrà olvidar las simpatías de aquel Gobierno por el restablecimiento del orden y la libertad proverbial de nuestro país. muchos de nuestros compatriotas les faltó tiempo para atender diversas ocupaciones que se les ofrecía, como a mis cuñados Adriano y Rigoberto Urbina, en las casas comerciales de don David Morice, don Elías Torres, don Francisco Guerra y otros más que ya no recuerdo, en la ciudad de Rivas. Cómo se va a olvidar la gentileza del Gobierno y de los particulares cuando la gravedad y muerte del Jefe de la Revolución Licenciado Alfredo Volio! Largo sería enumerar las atenciones que recibiera la colonia costa(Pasa a la página 96) ALBERTAZZI AVENDANO ABOGADO SAN JOSE, COSTA RICA OFICINA: 75 vs. Oeste Botica Francesa TELEFONOS: OPICINA No. 3726. HABITACION No. 3133 Este documento es propiedad de la Biblioteca electronica Scriptorium de la Universidad Nacional, Costa Rica