Repertorio Americano 141 se refiere a una empresa, Quien en su género, singular en habla de la Costa Rica.
Su larga experiencia la coloca al nivel de las fábricas análogas más adelantadas del mundo.
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extremar mi fe hasta la exaltación, pude apreciar el gusto. inquietante del sacrificio y contarme entre el reducido número de hombres que son capaces qe olvidarse de sí. Isabel, tu apaciguas wis obscuras tristezas, y haces agradable a mis ojos fatigados por la lectura el panorama siempre igual del pueblito. Isabel, eres la flor descono.
cida de mi huerto, y desde tu escondite derramas el perfume sobre mí y.
consigues, con la sola evocación de tu silueta desvanecida, infundir fortaleza a mis años y tornar anable el invierno que me va encorvaodo. Isabel, yo te bendigo desde el retiro de mi iglesia campesina, húmeda, chica y malhumorada y cuando pronuncio el nombre de las mujeres piadosas que estrellan el infinito, tu imagen aparece, velada por uua leve melancolía. Bendita tú eres entre todas, consuelo de mis penas, refugio de mi memoria; Isabel.
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SAN JOSE COSTA RICA Hacía un año que yo era cura de huerta, de tal o cual vecino. La hija, cuela primaria. Micompañero de banco San Silvestre. Serio, escrupuloso y una muchacha de veinte años, bor. tengo presente su carita mofletuda tímido, observaba las prescripciones daba una tohalla. Era de una belle y bobarsolía hablarme de su novia.
de la religión con una exactitud me za casi delicada sin dejar de ser ro. Ese detalle avivó la orfandad de mi surada, y los pacíficos habitantes de busta, y sus dos ojos, grandes y som corazón en aquel niomento y. me sentí Las Colinas se habían ya acostumbrado bríos, permanecían iomóviles bajo el desdichado casi por no haber tenido, conmigo. Distante de las reyertas lo arco fino de las pestañas. Șus movi como ese chiquillo de colegio, una cales, atribula poca importancia a los mientos eran ágiles, y de su persona vaga novia en los juegos de la plaza, actos de los incredulos, con quienes fluía una gracia melancólica que, cier. cuando cae el sol, las piñeras discreme relacionaba una amistad vecipal, tamente, jamás me había preocupado. tean con los guardianes, y los niños y tampoco fuodaba la gloria de los Las demás muchachas de la villa no unidos en rueda, cantan. tumultuosa. cielos sobre la devoción exclusiva de la estimaban con exceso y la conside mente: mis feligreses. Dominábame una in raban con menosprecio. cierta tristeza y prefería a las tertulias Este oficio no me agrada Aquella tarde apenas si me contesto Diatan tira liru liru la. de la botica y las controversias políti. a la pregunta indispensable sobre el cas del jefe de la estación, el aisla. estado por otra parte excelente de El auxilio del brevario fué escaso.
miento de mi cuarto lúgubre. Por la su salud. De pronto interrumpió el No dormí en toda la noche y me leíndole de mi paturaleza, me inclino a relato de su padre con estas palabras: vanté con la madrugada. Los edificios, la sociedad de los humildes y hallo Me parece que usted aburre al en panorama caricaturesco, iban ilu.
grata la compañía de los seres rústicos, señor cura con sus cosas.
minándose eu la incierta claridad del de las almas grotescas y simples. Pero. Se equivoca, Isabel. respondí. amanecer. El cielo estaba limpio conio. no puedo, entre ellos, participar de sus No. Yo no me equivoco. Las cosas una lámina de cristal y el aire transalegrías y terciar de sus detalles coti de la cosecha y de la labranza, de las parente. En las líneas lejanas del hodianos. Sólo, me son accesibles sus gallinas y del boticario, tienen que rizonte pintábanse manchas rojizas y amarguras vulgares y la bondad ino fastidiarle. Si no fuera así, usted no en seguida aparecio el sol, vistiendo ceute que los hace sagrados.
estaría siempre tan triste.
casas y árboles en una túnica de rayos Así fué que todos notaron mi me Esa inesperada observación me per violentos. Era una mañana dulce y lancolía y poco a poco, conio renun. turbó. Aumentó en mi alma la melan. toda la poesía del otoño se concentraba ciara a convites, y distracciones ajenas colía, y cuando me hallé solo en mi en su desperezamiento lápguido y pen.
a mis costumbres, se intentó explicar cuarto, junto a la indigente iglesiuca, sativo, glorificado por el canto de los mi carácter fundando mimodo de ser en examiné con minuciosa crueldad mi pájaros y el paso tardo de los agriculantecedentes absurdos. En torno mío, vida sin objeto. Qué hacía yo en Las tores. Salía de la iglesia y me encase formó una leyenda curiosa. Resulté Colinas. Qué iba a ser de mí en otra miné hacia el arroyo próximo, sin un héroe de amores secretos con una parte? Aquella noche no pude conciliar móvil seguro ni un deseo determinado.
gran dama de Buenos Aires y fui des. el sueño. Las palabras de la muchacha Hacíalo por caminar, y, sobre todo, terrado por la rivalidad envidiosa del labriega sonaban en mis oídos como por distraerme de angustias tan du.
señor obispo. Mas la novela se borró, golpes menudos en el vidrio de la ven. dosas como el objeto de mi paseo.
y nadie que yo sepa al menos en. tana. No me acostumbraba a la exis Un vecino, guiando una yunta de sayó nuevas interpretaciones.
tencia mopótona y grave del pueblo y bueyes negros, me saludó: Una tarde encontrábame en casa de tampoco me decidía a abandonarlo. Mi. tomar aire tan temprano, se.
una familia de agricultores, gente muy habitación, vacía de todo adorno, fosca ñor Cura?
buena. Tomábamos té. En el patio como una celda, contribuyó muy poco Es cierto.
estaba dispuesta la mesa y los chicos para sacarme de tales pensamientos. Parece usted enfermo.
jugaban a pocos pasos de nosotros. os No sé por qué, dé horas de in. Estoy algo mal.
dueños de casa me hablaban de la fancia y evoqué mis estudios en la es. El pueblito quedó a mi espalda. Este documento es propiedad de la Biblioteca electronica Scriptorium de la Universidad Nacional, Costa Rica