Archivo rebelde es
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AMAUTA 13 R¿E o o A A 0 FOR ºARI OS Rº: Aún cuando la semblanza del Dr. Marañón ha sido he. cha ya por hombres de mérito y contemporáneos suyos, caben nuevos atisbos sobre la silueta de este intelectual espa ñol, por lo mismo que su juventud y sus triunfos ofrecen ancho campo a divagaciones especulativas. Lo primero que nos interesa de Marañón es su contextura de médico. España ha ocupado en esta primera parte del siglo XX un lugar privilegiado en el campo de la civi lización de occidente. No todos están de acuerdo en este concepto; y los españoles en particular niegan el punto de vista de esta paradoja. Pero ello es asi: España, sin una gran base científica que ofrecer al mundo moderno como contribución de pueblo civilizado; con su aspecto desco nectado, de humanidad que trasiega algunas civilizaciones, supo sinembargo atalayar en el horizonte europeo. Ahita de retórica francesa, buscó la máxima ciencia en los laborato rios alemanes cuando ya comenzaba a llegarle, en cuenta gotas, traducido del italiano, parte del caudal que lanzaba la centrífuga teutona. De tal modo se operó este proceso y con tal rapidez, que España ha pasado en un despertar de su posición critica a su incorporación en el dinamismo productivo. Marañón pertenece a la vanguardia de estos productores cientificos.
Con el bagaje científico de Marañón corre pareja también su consolidación clinica. Este es otro de los aspectos del médico que lo hace resaltar del ambiente empírico y vegetante, que restó a España de todos los conciertos y forneos de alguna seriedad e importancia relegándola al estrato de la civilización balkánica. La medicina dentro de sus múltiples variantes se ha singularizado fundamentalmente en su aspecto profesional.
Este aspecto profesional de la medicina, es el más pródigo en beneficios y maleficios: como que de él recibe la huma nidad el beneficio más inmediato; y también los artesanos de la ciencia los profesionales puros pueden darse el. luio de especular con una ciencia que no conocen. Constituirse en hombre de ciencia sin vivir al margen del beneficio profesional, es seguramente un progrania de esfuerzo; pero de conciencia y honestidad.
Marañón tiene otra faz dentro de su arquitectura de médico: la de ser un pedagogo sin cátedra oficial. Lo cual demuestra la amplitud de espíritu, el sustantivo hele nica de este forjador de escuela. Marañón enseña en su clínica del Hospital General de Madrid, desde las modificaciones im presas a sus salas para el tratamiento de infecciosos, hasta la ultima reacción analítica de productos experimentales: lo enseña todo. Es el mérito de lo libre y de lo espontáneo: la enseñanza por la enseñanza; la ciencia por el saber.
Dentro de esta modalidad personal del sujeto, confesemos también que Marañón lo ha conseguido todo. No tiene la cátedra porque no le hace falta el oficialismo; pero tiene discípulos, los mejores discípulos. La Academia le abrió sus puertas, creo que más por la necesidad de robus tecer su roído prestigio que por el deseo de comulgar a la vera de un valor moderno. Las demás sociedades cientificas españolas tienen en su haber la modalidad democráti ca de su constitución; de suerte que no requieren grande esfuerzo para amparar a un profesional, si bien son las más exigentes para robustecerlo.
Siete obras de medicina pura ha producido este hombre que apenas pasa de los cuarenta años. Cinco de estos trabajos se dedican al estudio de las secreciones internas, la mejor contribución de Marañón a la ciencia.
Pero el médico que sólo sabe medicina ni medicina sabe, según afirmaba ese lírico magnifico que se llamó el Dr.
Letamendi, médico y poeta, autor de una filosofía de la higiene y de otras cosas más que han tenido embrollado el sentido a muchos intelectuales.
Sin ser pues Ietamendistas, aceptemos algunas de sus frases como conceptos útiles. Este concepto sobre el médico que solo sabe medicina y que, naturalmente, resulta un anal fabeto, viene como anillo al dedo y ha servido bastante en España para renacer en las gentes universitarias ese espíritu conquistador de la cultura general que los alemanes entrena ban todos los dias con la enseñanza del latín y con un ideario contemplativa hacia todo lo bello.
La curiosidad hacia esta cultura, claro que no solo parte nece en España a Marañón; pero indudablemente que ha en. camada con más intensidad en la generación que él preside. esta cultura se deben sus últimas producciones: El mito de Don Juan y Tres ensayos sobre la vida sexua. que aparte de constituir temas científicos, sin volatmes literarios ofrecen, sinembargo un aspecto sugerente de orienta ción, imposible de conseguir solo con dosis de especulacio nes especificas. De este breve recorrido sobre la personalidad de un hombre de ciencia, nos queda aún la contemplacrón de una trayectoria simpática: Marañón es un espiritu revolucionario; es más todavía, es un prestigio revolucionario en la ciencia y en la ética. Cuando un hombre como Marañón, ha recibido de la vi da un torrente de homenajes, sin grandes inmutaciones, sin crecerse. como se dice en la jerga moderna, y su ideología como su actividad siguen aferradas a un plan de la vida que es todo lucha y quebranto, bien puede afirmarse qne anida en el sujeto una sentida raigambre de credo revolucionario. sus actos no lo desmienten. Años ha, sin aspiraciones mercenarias, sin odios terribles redactaba Marañón el programa faccioso que derrumbara de las cátedras de Madrid a unos pretendientes vertebrados. En estos últimos meses, nos llegó la noticia de su captura por encarnar en el Ateneo de Madrid el espíritu liberal, sólo el espiritu liberal, escarnecido por las botas militares.
Marañón como toda la intelectualidad moderna de España, que no viva del ibero americanismo ni de tantos falsos valores como los que se dan en estos tiempos de nuevos va sallajes, tiene su espíritu nutrido de una savia rebelde a todos. los entronizamientos; ysi en esas tierras no reviven hoy las audacias aventureras de las guerras civiles es porque el mundo politico moderno sabe de las nuevas tácticas y de los principios que empujan a las masas a reconquistar ciertos fueros.
La suerte que les cabe a los intelectuales como Marañón y sus compañeros de Atenco en la lucha con tra el jocoso caciquismo de los entere zados es un proceso biogenético que modificará la nueva cultura en un sentido menos retórico, pero más intransigente: en el sentido de las verdades y de los valores.