Archivo rebelde es
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mismo condiciones bastantes para líbertarse de la opresión de las dolencias que devorau sus fuerzas morales.
Porque en este vasto problema na a cional no hay otra cosaque un vasto. problema moral, y no hay como dejar de considerarlo así si se quiere que la ezéperienciasufridá sea fecunda en sa ludable lección. Tal vez no lo estiman, de este modo los que andan en el ruido de la tormenta con interés no bien.
descubiertoypero hay quienes no de a T0116. ACE un siglo. cualquier miembro de la Academia Francesa de las Ciencias podía entender, grosso rizado, la mayor parte de las comunicaciones hechas por sus colegas. Hoy, es raro que el astrónomo o el físico puedan comprender I11UCÏ10 de un trabajo presentado, por un botánico, un geólogo o un químico. Tal es la extensión abarcada por la ciencia moderna,. tal es el prodígioso número de hechos nuevos acumulados durante un siglo por millares de investigadores que, aun dentró de su mismaciencia especial, el c, sabioise sientecada día más ajeno a todo lo que no es El capítulo a que, ha dedicado sus esfuerzos. Él no ha olvidado quizá nada de, 1o que aprendió en su juventud, pero lo que aprendió y en su juventud no es nada comparado con lo que se sabe hoy. Quien se queda satisfecho. con los conocimíentos adquiridos en las escuelas se queda atrás. Quien quiere progresar tiene que estudiar durante toda la vida. Se ha dicho frecuentemente que la escuela debe prepara; para la vída práctica; sí, pero bajo una condición: es que la vida práctica enterano sea más que una preparación para la escuela. En mi concepto el estudio debe ser ante todo, no un medio sino una fin. Adelantar, desarrollarse, irse para arriba, en eso yace el objeto supremo de la vida humana. Me ha parecido algunas veces que la escuela moderna, tanto la primaria como la secundaria, en Europa como en América, pierde de vista este objeto, la necesidad imperiosa del es, tudío después de las aulas, y se considera como suficiente en si, en lugar de considerarse como unsímple, prólogo al. Libro de los conocimientos. Los alumnos que de ella salen no me parecen tener siempre por ideal. saber, y saber más hoy que ayer. En los Estados Unidos se proclaman algunas veces felices de haber «concluido sus estudios. En Europason generalmente instruidos perono siempre estudiosos. Han aprendido bastantes cosas útiles pero no siempre han aprendido a aprender. Less? i. Repertorio Áméricafiio e bennpor imperiosa obligación engañarse respecto a la naturaleza verdadera de, este grande interés público: ni el maestro que hace, ideas y forma espíritus, ni el padre que desea hijos buenos; nijel hombre que por juicio excelente y resolución noble, quiere contribuir en hacer patria prestigiada, hogar de justiciapara albergue de hombres libres. r.
RÓMÜLO TOVAR No han aprendido a aprender. ies decir, a leer; El trabajo del laboratorio, la investigación de la naturaleza constituyen la contribución original del sabio hacia el progreso de la cien. cia; pero, para saber lo que otros han hecho, en todos los paises y en todos los tiempos, no hay más que el Libro.
De ahí viene que los hombres pueden dividirse en dos clases separadas por un abismo intelectualz los. que leen y los que no leen opio que es peor, toda!
lvía, que leen cosas inútiles Los hombres estudiosos, en el. tiempo de Sócrates, eran hombres que escuchaban; hoy son hombres que leen. no creo de ningúnmodo que la obligación de leer para progresar sea justificada únicamente en el caso de aquellos hombres que se proponen ser Isabios» y pueda ser rechazada sin inconveniente por aquellos hombres cuyo objeto es ante todo hacerse ricos.
No hay hoy profesión que no exija cada día mayor; suma de conocimientosfi Los agricultores, los industriales que más contribuyen al desarrollo económico de un país no son losque hacen lasrcosas exactamente como siempre han sido hechas, sino los que leen, los quereciben periódicos o libros técnig cos publicados en el interésde la pro fesión que ejercen. Son aquellos que se mantienen al corriente de los últiÍïnos progresos realizados y que no temen» aplicarlos. Hace pocas semanas un ingeniero que posee una finca cerca de Orotina me dirigió preguntas acerca de la posibilidad de hidroígenar el aceite de palma para transformarlo en grasa comestible, preguntas alas, cuales no pude contestar satisfactoriamente por no haber leído yo todo lo que se habia publicado sobre la materia. Pocos días antes. un joven me preguntó si seria posible y prcïvechoso fabricar en Costa Rica, por electrolisis, con la sal marina de Puntarenas, la soda cáustica, que se importa en cantidades considerables para la fabricación del jabón. Qué sehará de estosiproyectos? No.
lo sé, pero siñsé que. si. no üe ellos se realiza, habrá sido realizado por uno de aquellos hombres que nunca dejaron de leerdespués de su salida de las. escuelas.
Desarrollar «eníla juventud la añ ción a la lecturayctiltivar en ella el discernimiento de lo que debe leerse y de lo que no debe leerse si se quiere aprovechar el tiempo, debiera ser el objeto principal de. las escuelas secundarías y aun primarias. No hay dificul tades insuperables en lograr tal objeto.
El joven adquiere costumbres. buenas. o malas, con unaifacilidad maravillosa Es aun más fácil darle la costumbre de leerl que la de fumar o de beber; él tiene, por naturaleza, mayor inclinación hacia las hermosas ilustraciones de un libro de viaje saque hacia las, nauseas que siguen al primer cigarroï Lo único necesario para hacer de cada.
alumno un aficionado a lalectura son libros buenos, interesantes y y numerosos, cuidadosamente escogidos para que la mayor parte de ellos tengan relación con una u otra de las asignaturas ensefiadas en la escuela, y, sobre»
todo, de parte del profesor, una alta idea dela misión del Libro durante la vida entera y esfuerzos constantes para que cada alumno lea. tales esfuerzos, hechos por los profesores en vista del porvenir, des.
pués de la escuela, no son hechos al costo del presente, en la escuela. Quiero decir que, lejos de sufrir de las lecturas asiduas de los «alumnos, la escuela las puede y las debe aprovechar. Bien a escogidos los libroslogran conciliarestas dos cosas, en apariencia. opues¿tasí el recreo y la adquisición de conocimientos. Los pedagogos no me parecen Tcomprender un hecho cuya exactitudreconocerán seguramente un día, y que creo llamado a modificar hondamente nuestra enseñanza primaria, a saber que la selecciónqnatural practicada por nuestra civilización moderna no ha obrado durante bastante tiempo para desarrollar en elniño aptitud para la educación que le damos hoy. Hace sólo algunos siglos que se le enseña a leer. escribir y contar; Durante millares de siglos sele ha enseñado únicamente a cazar, es decir, a arrojar proyectilesrcorreiqluchar ytrepar árboles.
En todos las cavernas del período palenlítíco, los únicos instrumentos que se encuentran son de cacería; no hay ni un solo instrumento de agricultura. Un resultado inevitable de la diferencia enorme de tiempo en que han sido puestos en practicados métodos tan diferentes de educación. es que en el niño la selección se ha hecho para lo segundo, todavía no para lo primero.
Durante los períodos paleolíticos y neolíticos, aquellos niños que noÏtenian afición para la caza y los ejercicios fisicos que hacen un buen cazador, al llegar a la edad de casarse, no eran i stedopumento es propiedad de la Biblioteca electronica Scriptorium de la Universidad Nacional, Costa Rica