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El Artesano (San José: Salomón V. Escalante, Alejo Marín J., Menardo Reyes., Septiembre 1889), pág. 2.

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de eslorzados operarios, por unos pocos arÍESHHUE, en GIJEU pecho late el fuego del entusiasmo ¿r la fe por una cansa noble. punto g; seguido se nos sirvió un es celeste refresco como para dar también contento al cuerpo, ya que el alma tanto gozaba en aquellos momentos Brindamn por la prosperidad de la Asociación ¿r de la Biblioteca, por: la ventura de los Socios, por el inquebrantable entusiasmo del señor Marin al realizar sus nobles propósitos, no obstados nunca ni aiin por las decepciones más horribles que le ha hecho padecer la maledicem cia de miserables habladores, y por el pueblo costarricense que da artesanos tan tirmes, laboriosos y constantes como los de la Sociedad, los señores don Ramón Loría, don Isi dro Marín, don Tacio Castro, don Licimaco Hoyos, don RicardoaNanne, don Luis Castro fr otros. muchos que no recordamos.
Brindó también el Presidente de la Corporación, personas que lo han alentado en su tarea y obsequiado con Iibros. Se brindó tambien por el triunfo de la candidaturaliberal, de la que son partidarios decididos ia mayor parte de los Socios; por el liberal progresista Geb ierno del probo ciudadano don Bernardo Soto, y por la Libertad de que hey, como nunca, disfrutamos los costarricenses; Fué un rato de indeeible, arrebatador entusiasmo. Allí mismo solicitaron su admisionesino Socios activos incorporados los señores don Ramón Loría, don Ricardo Nanne, don sucedido siempre, todo lo contrario del fin naciendo gratísimos recuerdos de las pasado. Patria, familia, amigos, los recuerdos de mi vida, todo me viene a sorprender se apodera de mi mente. si hago un esfuerzo para remontarme a otras edades jr a otras generaciones, veo e los hombres de carla pais cruaar como sombras silenciosas en nn 1maginac1on, me afectan 111116110 más aquellos que, comp ire, lia sido victimas de la barbarie de la ley o de la fuerza. de las circunstancias.
Mañana sere sacrificado. La sociedad se propone dar en mi un ejemplo y amedrenta a los demás que como 3to pueden entrenarse en la senda del deber. Pero sucederá, como ha que la sociedad lia tenido en mira. De la multitud de espectadores que rodearan el patibulo, la mayor parte irá por curio sldad, jr mpg pocos se poseeran de un sentimiento de lastima. pero tan pasajero que momentos después esta ran en el teatro o en euro espectaculo en que procurarain matar el tiempo, como dicen las gentes de mundo.
Mientras tantd, el hombre se puede arrepentir de todas veras; pero ¿que importa ai la sociedad que el culpable conozca en esos momentos la gravedad de su falta. nod soripszï corporal, el arrepentimiento nada pesa en la balanza de los destinos sociales, y el hombre que por el arrepentimiento ba merecido el perdón de Dios, no podra alcanzar el perdon de sociedad, Los momentos son preciososgpara mi. El reloj es mi priiner verdugo. Cuando yo estaba entretenido en los cuidados del mundo, el sonia do de un reloj siempre me fue indiferente. Hoy que cuento por segundos el tiempo que me queda de vida, cada campanada de esa máquina produce en mi un terrible efecto. liïe parece ver detrás a la misma muerte que acelera su investigar ya la injusticia con que ser procede; vo morirá irremediablemente con razon o 11 ella; pero si los legisladores 1nuberan por un momento hacerse cargo de lo horrorosos sutri mientos de un condenado, en el acto escucharian la voz de la razón y bor ar1an de los cúdigos esa pena terrible.
Por fortuna lia llegado para nosotros una época mejor. Ya no existe el suplicio de la cruz, ya no el desgarrannento de carnes, in el aceite hirviendo, ni la llOl Cfl ni otros muelles. suplicios en que se hacia padecer e los pobres condenados atroces tormentos. Oli! ya parece que oigo los clamores de los condenados de otros tiempos. Ya parece que veo arder ante inmensa muchedumbre la camisa azufrada del condenado a la hoguera y perderse su fisonomía en medio del humo, y sus lamentos con el estallido de la llama. Ya creo oir la horripilante sentencia de Ravaillac en que se mandaba efeizcoocr oa c3 pecho, brazos, sinaloa 3; peatorrillcs; toner ¿e cacao derecho gacoeed coa ¿trafic que sc lo oclecsc plomo derretida. coito hirviendo, por, ocre origin tciiebiéa derretida sobre los portes etoacooados. recto esto sc lo tirar ¡c por ozrctro ocbellos, sas miembros se arrojeríen el fireoo ¿2; sus contras el aire. No puede concluir; este recuerdo me produce un efecto espantoso. Quiero recordar mejor los suplicios sin tormento, y de pronto me asalta a la ¡imaginacion la lúgubre escena de Wittehall en que al golpe de hacha de un desconocido cae anegada en su sangre 1a cabeza de un Estuardo su ademan era tranquilo, su actitud resuelta y murio con la serenidad de un filósofo. Apareció la guillotina, como redactor del dolor a destruir de un solo golpe la vida del hombre. Es, dice Guillotín, cuestión de un minuto, y no se siente mas, que cayuco de frío en el cuello. des pués. todo lia acabado. Yo no me conformo con esto. El rostro de Carlota Corday dió muestra de cólera algunos minutos despues de haber si. do guillot inada; y al querer pinchar con un alLuis Sáenz, don Gregorio Soto, don Na mÜVÍMÏento Üns ¿empanada 35 Para mí 1111 poleo Carballo, don Esteban Aguilar, don Licímaco Hoyos y don Tacio Castro, cuya mano fría al corazon que late con entraodinasolicitud será satisfecha en la primera opera ria violencia.
trinidad, engrosando así las filas compactas de los incansables trabajadores del progreso popular. las siete de la noche la concurrencia se retiro gratamente impresionada y satisfeé. toque de agonía, involuntariamente llevo mi Sólo se habla del bien cuando se lia perdido desta para perderse. Ho que me encuentro en este trance terrible siente que me renace, que se me acrecienta el amor a la vida.
Hop que toda esperanza ha acabado para mi, ber, que ya parezco tocar los límites de un muncha y con el recuerdo die tres horas empleadas en hermosa ocupación. Oonclu ímos esta ligera crónica deseando que el fin que persiguela Sociedad de Artesanos sea coronado con un éxito brillante. en justo premio del esforzado proposito de los asociados, y como una recompensa a la dedicación j: al trabajo.
MICHEL.
NO MATEÉS MAS. Ïengo aún tiempo de. pensar; Dios ha perm1t1do que la víspera de mi último día conserve toda mi energía para hacerme cargo de mi sltnación. Puedo aun respirar ese aire que pronto mafaltara, recibir ese rayo de luz que pasa atrevido por la ventanilla de la carcel como unmensajero de Dios que viene a recordarpor perspectiva; de. ese santuario de la muerte se levantara mi aspirina: Si, gnc SOMEÜEEÜ, 10¡SlEÏ1Í en lo mas íntim. bapfalgo en el nombre que se parece al infinito e 1ra a confundirse con la Divina esencia.
nana lo vere, por más maiíana palparé ese infinito. De momento se me viene a 1a memoria el Ma? hay.
que nie. aflija ¡esta idea.
ala muerte. Que hare en mi úlfimo trance. la tranquilidad de un mártir gar la vida para obtener.¿Llegemos ese terrible de alguna calma.
loj da las doce.
un llamamiento divino.
name lo acaba de anunciar. Ire, pero deio en el mundo un pedazo de mi alma; dejo pobre y desventurada temida, pino hay desgracia mas grande para un padps«que dejar a los. suyos smíun porvepgrsque les sonríe, sin un pan con que poder. jántar para el día siguiente. La sociedad por lormenos debia. encargarse de los buerfanos del pobre ajusticiado, que no deja por herencia mas que lagrimas y el espantoso recuerdo del cadalso.
La SOGledad me priva de la vida cuando acera. apdanclüael tiempo, hubiera podido ser ti: til e 1111 patas, porque el hombre al fin, con poco. de reflemón, tiene que obedecer aus boa nos instintos. ¿Pero por corregi rme me hace cadáver, por casugarme degajsin pan a una numerosa familia que no contaba mas que con mi spero, por hacer escarmcntar proporciona al publico un rato de distracción con el patíb u lo.
Yo compare mi muerte, que me causa una prpfmda sensacion, con la de aquellos que pos. saldos de un senijinígpto muy fuerte caen e mi llares en el combate. ein «que ese espectáculo in:Éunda cobardiaál los demas. En el campo de batalla se femzlíatiza el hombre con la muerte tiene tiempo parapen sar en ella. Que culpa tiene el desgraciado que muere en el patíbulo porqueno ha liabido un. lugar gust darle? Pero no es tiempo de de desconocido, es cuando le tengo mas horror ¿Lucharé con mis verdugos o me dejaré sacrificar con que anhela por decuanto antes la palma?
pensamiento; necesito ya Pero ¿que oigoi. El re Si, es la suprema llora del re cogimiento; la naturaleza parece dormida y las estrellas atraviesan silenciosas el espacio, enviando de paso a los mortales su luz triste y melancolica. Ellas también me envían un rayo de luz por la ventanilla y lo interpreto como Si, ya ire; la campafiler los ojos de otro a usticiadohe ste los cerraba en el acto. Pero e hecho es que se quita la vida del hombre en mas o menos tiempof con la multiplicación de las ejecuciones el poder publico no ha hecho mas que acostumbrar a los pueblos a espectáculos de muerte, cerrando su corazón a todo instinto generoso. Mas estas son disertaciones por demas inútiles; entro de poco mi cerebro no sera mas que una masa informe de materia por la virtud de varias esferas de plomo que una preocupación o un error de la sociedad lia liecbo infiamar para destruir mi pobre organizacion. Un mal no se cura con otro mal; y si el hombre puede mata al hombre en el momento de ser injustamente atacado, la sociedad pierde ese derecho porque encuentra bajo su poder a un infeliz inerme.
Me ocurre ahora una idea. Podrá anticiparme a la obra de mis verdugos tomando un veneno, que conservo? Feliz idea: con la muerte me emancipare de xau poder y no les dare el placer del espectaculo. Pero ¿que digo. Quiet ro hacerme cómplice en el pecado ue comete la sociedad al matar e; un hombre? Jo, no; que consumen su obra; una muerte mas es mi nuevo argumento ue aduce la razon en contra de esa pena ante dl tribunal de la conciencia priblica.
Yo he observado que los suplicios dismia nujren, que el tormento desaparece y que la vi da humana tiene en estes tiempos mas gar an.
tía; las legislaciones suavizan su escala penal, y este resultado es debido e la razón que por por fín hablara decididamente a los hombres y es dira. No mateis mas, basta; la. vida del hombre debe ser inviolab le ante el poder social, y el castigo del crimen coneiste en provocar el arrede esta manera al pentimíento, convirtiendo culpable en un hombre regenerado, útil a sí mismo, a su familia y a su patria. II ad FFSan Salvador.
Banana Raras. De ÏEl Municipio Salvadoreño.
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